Imágenes de los efectos y enseres de unos okupas en una casa de Valencia.
«Mi casa de vacaciones está okupada por un grupo de magrebíes a los que no puedo tirar»
Domingo, 22 de junio. Unos vecinos alertan a la Policía al apreciar que un grupo de personas está intentando forzar una puerta para okupar la vivienda. La rápida actuación policial evita el allanamiento en Bétera. Principios de julio, situación muy similar en un adosado de Tavernes de la Valldigna, diferente resultado. Pilar y su familia está viviendo un calvario que prácticamente ha sido la de una okupación anunciada: «Mi casa de vacaciones está okupada por un grupo de magrebíes a los que no puedo tirar». Hasta la Policía le reconoce ahora que «por mucho que llame ya no hay nada que hacer». La frase final que deja la conversación de Pilar con El Debate es la dura realidad de las okupaciones en España: «No sabía que esto era así. Se debería poder hacer algo. Los propietario también tenemos derechos».
Los hechos se remontan a hace poco más de una semana, cuando Pilar acudió a denunciar el robo en su vivienda. «Entraron en varias casas de la zona de la playa de La Goleta», señala. Mientras que en el resto de vecinos el susto se acabó ahí, aquello fue sólo el inicio de un calvario al que el final ni se le ve ni se le intuye con prontitud. «Ampliamos la denuncia inicial al ver que habían entrado a la vivienda otra vez y alguien había pasado la noche allí», señala la propietaria del adosado okupado en la localidad valenciana de Tavernes de la Valldigna.
La Guardia Civil me dijo que los okupas 'tienen sus derechos'. ¿Y los míos?
«Un día la vecina me llama y me dice que hay un grupo de siete u ocho magrebíes, aparentemente menores de edad, y hay un adulto que va en coche que están en mi jardín merodeando y que hace caso omiso a sus advertencias», comenta Pilar. El siguiente paso de esta maestra valenciana fue la de llamar a la Guardia Civil, con la que se personó en la vivienda y pudieron comprobar que había «una ventana rota» y que la imagen del interior ya era ciertamente aterradora. «Había colillas de porros y botellas de alcohol», recuerda Pilar a El Debate.
Tras poder acceder con su juego de llaves original a la vivienda, un operario pudo arreglar los desperfectos en la ventana rota, no sin antes advertir que de las dos puertas que tiene la vivienda «ya habían cambiado el bombín de una de ellas». Pilar fotografió en el interior de su vivienda como las personas que habían accedido a su vivienda, y que en ese momento no estaban en ella, tenían varias cerraduras nuevas para darles el cambiazo.
Al día siguiente la pesadilla de confirmó. «Los vecinos volvieron a pillar al grupo de extranjeros en mi casa y llamaron a la Policía. Los agentes llegaron e incluso hablaron con ellos, pero conforme se montaban en el coche patrulla, me comentan, que ya estaban dando una patada a la ventana para volver a entrar a mi casa», explica Pilar. La explicación policial que relata esta propietaria a la que le han okupado la casa de vacaciones en la que tendría que estar este verano, como desde hace 20 años, con su familia es ciertamente llamativa: «Resulta que la Policía les preguntó y ellos contestaron que llevan tres meses allí viviendo. Eso es imposible porque nosotros, sin ir más lejos, habíamos estado en San Juan y mi hija había estado recientemente pasando una noche. Mis vecinos saben que esa gente no lleva ese tiempo que dicen en mi casa. Nosotros vamos de forma asidua a nuestro adosado y la Policía sabía de la denuncia por robo y por haber entrado de forma ilegal el fin de semana previo».
La Policía me dice que no les llame más, que ellos ya no pueden hacer nada más, pero mi casa sigue okupada
«Tienen sus derechos»
El argumentario policial prosigue con un punto que visualiza bien las artimañas de los okupas para aprovecharse de la debilidad del Estado y de la Justicia. «Como los okupas dijeron que llevaban tres meses pues la Policía ya no puede hacer nada. Es más, al haber menores también tienen especial protección. 'Tienen sus derechos' me llegaron a decir. ¿Y los míos?», relata la propietaria que aún se muestra incrédula con la situación que está viviendo.
Así que en el bonito adosado que Pilar y su familia tienen frente a la playa en la Goleta de Tavernes de la Valldigna, ahora están residienco un grupo de jóvenes de origen magrebí que ya provoca molestias en los vecinos. «Es curioso porque al prinicipio tenían las persianas bajadas, pero conforme se fue ese día la Policía, ya no se esconden. Ahora me cuentan que se ponen la música a todo volumen y que el otro día estos okupas tenían una fiesta montada con un grupo de niñas jóvenes en mi propia casa. Serían unos quince en total, pero es que yo no puedo ni acercarme», explica Pilar. Resulta que si la propietaria, tras formalizar la denuncia por okupación, intentara acceder a su propia vivienda, los okupas podrían denunciar por «coacciones».
«Deberíamos estar allí de vacaciones»
Pilar y su familia deberían estar estos días ya en su adosado de Tavernes de la Valldigna. «A ver, esta casa estuvo en subasta, pero es nuestra desde hace 20 años. Deberíamos estar ahora allí de vacaciones y resulta que nos quedamos en Valencia sin poder ir a nuestro adosado frente a la playa», expone Pilar.
La Guardia Civil, por su parte, mantiene una «investigación abierta», tal y como la propietaria pudo enterarse al acudir con su abogado al juzgado de Sueca para ampliar la denuncia presentada. «Dicen que llevan tres meses viviendo en mi casa cuando es mentira, pero es que con lo lenta que va la Justicia, cualquier cosa que se pueda hacer de forma rápida es una quimera y cuando vayan a hacer algo seguro que ya llevan tres meses de verdad okupando mi casa», explica.
La maestra y su familia se han quedado sin lugar de vacaciones. La casa que llevan pagando 20 años ahora la están okupando un grupo de extranjeros que se aprovechan de la coyuntura judicial para tener un adosado frente al mar en el que poder hacer todas las fiestas que quieran sin oposición alguna. La Policía Local de Tavernes de la Valldigna y la Guardia Civil saben que la vivienda de Pilar y su familia está okupada. Ahora a ella le queda esperar y el lamento de la indefensión: «Me han dicho que no les llame más, que más no pueden hacer. No sabía que esto era así. Se debería poder hacer algo. Los propietarios también tenemos derechos».