Imagen de la página web de La Moncloa ofreciendo la traducción en catalán, gallego, euskera, valenciano e inglés

Imagen de la página web de La Moncloa ofreciendo la traducción en catalán, gallego, euskera, valenciano e inglésEl Debate

El Gobierno distingue entre valenciano y catalán en sus webs pero lo une por sus cesiones a Puigdemont y Junqueras

El Ejecutivo de Pedro Sánchez y el PSOE han manifestado implícitamente en los últimos días que ambas lenguas son una única con tal de satisfacer las exigencias de los independentistas para que sea oficial en la Unión Europea

Reclamar una destacable, para algunos hasta mínima, dosis de coherencia al Gobierno que preside Pedro Sánchez y a su acción política suele ser una labor un tanto arriesgada ya que en buena parte de las veces termina en frustración. Hay ejemplos para todos los gustos al respecto, pero uno de los más evidentes y recientes es el que concierne al uso de las lenguas cooficiales de España y al respeto o desprecio que el Ejecutivo tiene según e cuál se trate. Todo ello enmarcado en el continuo y creciente ambiente de cesiones por doquier a los independentistas, bien sean estos vascos o catalanes.

En este sentido, en los últimos días está habiendo ejemplos de ninguneo al valenciano respecto al catalán en múltiples flancos a propósito de la exigencia del prófugo Carles Puigdemont y del amnistiado Oriol Junqueras para que este último tenga rango de oficial en la Unión Europea. El tronco de la controversia tiene su origen en satisfacer la eterna pretensión secesionista de que se considere que ambos idiomas regionales son el mismo, siempre bajo el paraguas dominante del catalán, supeditando así el valenciano y poniendo el germen para el histórico anhelo de los imaginarios 'países catalanes'.

Con tal de lograr que en las instituciones comunitarias se pueda utilizar el catalán y no así el valenciano, los argumentos esgrimidos por el Gobierno y el PSOE ignoran de manera evidente el Estatuto de Autonomía de la Comunidad Valenciana y que el propio Parlamento Europeo emitió un informe en el que dejaba meridianamente claro que ambas lenguas tienen el mismo «derecho y rango».

Por si no fuera suficiente, el presidente de la Generalitat de Cataluña, el socialista Salvador Illa, se dejó fuera del estudio de radio donde realizó una entrevista el 'traje' de moderado y de constitucionalista y, sin temblarle lo más mínimo la voz, dijo que escritores de referencia valencianos como Ausiàs March y Joanot Martorell, autor del Tirant Lo Blanch, forman parte de la cultura catalana. En eso consiste la «normalización» en Cataluña de la que tanto presume.

Tampoco ayudan a calmar la rabia e indignación reinante en la Comunidad las palabras pronunciadas por los ministros de Exteriores y de Política Territorial, José Manuel Albares y Ángel Víctor Torres, respectivamente. En este sentido, el primero pasó olímpicamente de nombrar al valenciano cuando el periodista Carlos Alsina le preguntó sobre si el Ejecutivo iba a pedir la oficialidad del valenciano en Bruselas al igual que con el gallego, el euskera y el catalán: «Estos son los tres idiomas que nosotros hemos solicitado», aseveró haciendo referencia a una «propuesta» que no el Ministerio no va «a retirar nunca», siendo incapaz de aportar un argumento o algo que se le pudiera llegar a parecer aunque fuese a distancia.

En cuando a su colega, el canario defendió las afirmaciones de su compañero, limitándose a decir que la distinción entre valenciano y catalán, aunque sin nombrarla como tal, es «un debate semántico profundo». «Vamos a ver si conseguimos que estas tres primeras lenguas pueden estar también oficialmente dentro de la Unión Europea», indicó para apostillar que «los estatutos de Autonomía han ido caminando y ha costado mucho poder sacarlos en nuestro país».

Lo realmente desconcertante llega al comprobar tan solo con entrar en la página web del Palacio de La Moncloa y ver que Presidencia del Gobierno ofrece la traducción del portal en catalán, gallego, euskera, valenciano e inglés. Es decir, la supervivencia de Sánchez en el poder a costa de arrodillarse a los chantajes de los independentistas le lleva por una parte a dar la imagen de que respeta al valenciano, pero, al mismo tiempo, a despreciarlo en el día a día, asumiendo sin ningún rubor los postulados de quienes están abierta y púbicamente en contra del Estatuto de Autonomía de la Comunidad Valenciana y de la Carta Magna. Y todo, si bien no causa excesiva sorpresa, con el silencio cómplice y activo de una Diana Morant que en dos años aspira a gobernar la región.

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