Quim Fuertes y su padre, Joaquín Fuertes, propietarios de una fábrica afectada por la DANA
La empresa familiar que se ha reciclado por la dana de Valencia: «El Consorcio no ha pagado hasta agosto y nos ha dado 500.000 euros menos»
El 29 de octubre Joaquín Fuertes Martínez llevaba una empresa en Albal que se encargada de fabricación y comercialización de muebles. Un año después de la dana es su hijo Quim Fuertes Puchades el que coge con fuerza el testigo de la empresa familiar pero con un nuevo enfoque. Los motivos son varios, pero esencialmente padre e hijo esgrimen la «incertidumbre» con las ayudas y la valoración del peritaje y el pago por parte del Consorcio de Compensación de Seguros: «Nos abonaron el dinero en agosto y 500.000 euros menos de los daños declarados».
Colefu era una mercantil en la que trabajaban 22 personas. Hasta hace un año su gran nave presentaba un ajetreo muy diferente al ambiente de ahora. Actualmente en Fuertes Mobiliario trabajan sólo cinco empleados, centran sus esfuerzos en acondicionar poco a poco la planta y una gran zona de la construcción aún tiene una dura capa de barro en el suelo.
Joaquín y Quim estuvieron «meses» limpiando, intentando que su empresa familiar pudiera volver a ser una realidad, pero conforme fueron pasando las semanas se antojaba más difícil recuperar tal cual la dimensión empresarial. Toda la maquinaria y el material que inservible bajo el 1,80 metros de nivel que alcanzó el agua en el interior de la nave.
«Cuando pudimos venir estaba todo lleno de agua y barro. Al entrar a lo que era el despacho me encontré con la desolación que me cayó el alma al suelo. El trabajo de toda la vida estaba inservible. Me dejó KO», recuerda Joaquín Fuertes de su regreso a la nave tras la dana.
Pronto Joaquín entendió que la riada se había llevado también su etapa laboral, por lo que optó por «jubilarme y ayudar a mi hijo con su nuevo enfoque». Quim intentó ir a lo más práctico y virar la empresa familiar «a la venta online y comercialización de muebles tanto nacionales como de importación», señalan entre padre e hijo sin obviar una realidad: «Si no hubiésemos cambiado de enfoque y quisiéramos continuar fabricando muebles, aún no hubiésemos podido retomar la actividad».
Colefu paró en seco aquel 29 de octubre y no fue hasta «enero de 2025» cuando el nuevo aire de Quim entró en vigor, aunque «hasta febrero no comenzamos a facturar».
Si hubiésemos querido continuar fabricando muebles aún no habríamos regresado al trabajo"
La ayuda de Juan Roig llegó muy rápido y fue un ánimo para retomar la actividad, al igual que la de Amancio Ortega"
El despacho de Juan Roig y el IBI de Amancio Ortega
Entre Joaquín y Quim optaron por el cambio ante la incertidumbre que generaban inicialmente las ayudas y el pago por parte del Consorcio de Compensación de Seguros, y eso que tuvieron dos «empujones» en la recta final del año 2024. «Lo primero que recibimos fue la ayuda de Juan Roig. Fue rapidísima y muy fácil tanto de pedir como de cobrar. Recibirla nos dio ánimos. Después estaba la ayuda de Amancio Ortega, que en este caso la gestionaba el Ayuntamiento y en el caso de Albal se optó por devolver el IBI que ya habíamos pagado. Eso fueron más ánimos y esperanza para volver. Pero el resto han sido con cuentagotas», comenta el veterano Joaquín Fuertes.
Padre e hijo saben lo que han luchado por intentar sacar a flote su empresa de fabricación de muebles, «pero retomar una fábrica así desde cero con toda la maquinaria era muy costoso y muy difícil».
Sí que transmiten sin cortarse que si el Consorcio hubiera abonado una cantidad cercana a las pérdidas declaradas se hubieran podido plantear una recuperación tal cual de la actividad, pero la realidad dista mucho. «Nuestra valoración de daños pasaba mucho más del millón, pero es que por la maquinaría no nos han pagado nada. Valor residual», concretan Joaquín y Quim Fuertes. Vamos, que la entidad encargada de peritar los daños de la dana consideró con valor cero todas las máquinas que hacían posible mantener viva la empresa.
Nuestra valoración de daños superaba el millón de euros, pero el Consorcio estimó que la maquinaria tenía un valor residual"
La ayuda de Juan Roig «sirvió para poder montar de nuevo la oficina arrasada», la de Amancio Ortega fue un alivio económico, pero el Consorcio fue la puntilla para la empresa familiar, abocando a un cambio de rumbo en el timón. «No nos han pagado hasta agosto, después de todo, y el ingreso era de 500.000 euros menos del declarado. Así era imposible». Es decir, que la gran cantidad de dinero que necesitaba la mercantil para intentar recuperar la actividad no llegó hasta diez meses después de la riada, lo que obligó a la familia a buscar nuevas alternativas. Ahí aparece y se sustenta el proyecto de Quim.
De 22 a cinco trabajadores
Imagen de Quim Fuertes en su nave de Albal.
El joven ha ido ganándole terreno a la nave, sin eliminar la marca del nivel hasta el que llegó el agua aquel 29 de octubre. El esfuerzo actual va entre acabar de limpiar la construcción, que aún tiene material afectado por la riada y una capa de barro, y potenciar el nuevo enfoque digital. «De esta nave han desaparecido todos los procesos productivos que hacíamos hasta hace un año. Ahora es un almacén de material que llega y distribuimos».
La burocracia impidió que los Fuertes pudieran retomar su fábrica de muebles, viéndose obligados a querer buscar un nuevo camino mercantil ante la ausencia por la travesía en el desierto en el que se convirtió el abono de las ayudas necesitadas. Joaquín y Quim no recibieron el dinero preciso para recuperar su actividad, evidenciando que el sistema de ayuda a las mercantiles afectadas por la riada no ha servido como salvavidas del tejido empresarial, sino para más bien casi la puntilla definitiva a esos proyectos sin un músculo económico capaz de aguantar una riada y meses y meses sin facturación. Casi un imposible.
De trabajar 22 a ahora sólo cinco; de fabricar muebles a la venta online, de su padre a él. La riada se llevó la vida de un trabajador y las ayudas no han propiciado que la actividad pueda volver. Sólo la entereza de Joaquín y el empuje de Quim han permitido que la empresa familiar pueda tener una nueva versión postdana