Nany, propietaria de la tienda de moda 'Nany & Vani'
La autónoma que le ha montado un altar a Juan Roig por la ayuda de la dana: «En mi tienda había tres metros de agua»
«Esto es el negocio de la dana». El testimonio de Nany es el reflejo de que la reconstrucción tras la dana de Valencia no está siendo justamente una alfombra roja hacia la normalidad, y menos para un autónomo. Rabia, frustración y dolor por los allegados que no están en una miscelánea impensable de documentación, obras, licencias, hipotecas, deudas, pagos, robos e impuestos sin descanso. «He reabierto por mi. Me he gastado los ahorros de mis padres y ahora estoy pagando la tienda de antes y la de ahora. No han tenido piedad con nosotros. Aquí sólo ha ayudado Juan Roig, al que no le tembló el pulso en ningún momento».
Nany ha podido reabrir hace prácticamente un mes. Once meses sin su modo de vida mientras intentaba cuadrar y agilizar el cobro de las ayudas. «Durante once meses el Gobierno ha cobrado puntualmente la cuota de autónomos y la que nos aplazaron de noviembre como gesto por la riada nos la exigieron en abril. Así que no han perdonado nada de nada», comenta con rabia la autónoma.
Los ojos de Nany transmiten tanta rabia, como dolor y cierto orgullo. La mirada se ilumina tanto para recordar a su cuñada y sobrina fallecidas en la riada como para rememorar el calvario burocrático que ha tenido que vivir para que su tienda de ropa pueda abrir ante la iglesia de Picaña. Su local da directamente al barranco del Poyo y ha querido dejar un testigo que mantenga para siempre que «aquí el agua llegó a los tres metros de altura».
La autónoma refleja la otra realidad de la recuperación, la lucha que implica poder reabrir un negocio arrasado por completo por la dana. «Antes éramos tres personas, pero es que ahora estoy sola. No puedo contratar a nadie. El Gobierno socialista se ha cargado dos puestos de trabajo», comenta para detallar la carga económica que tiene que aguantar en plena reapertura.
Durante los «once meses sin facturar pero pagando autónomos», la trabajadora por cuenta propia ha tenido que lidiar con la burocracia de las ayudas y con el Consorcio de Compensación de Seguros, que al final son las piedras comunes que se han encontrado los empresarios para poder recuperar la actividad laboral: «En un primer momento me piden corriendo un listado de daños, que lo haces a toda prisa con los nervios y la tensión de aquellos primeros días. Yo me olvidé de poner cosas. La valoración inicial es de 160.000 euros, pero el Consorcio me pagó, seis meses después, 40.000 euros menos, aparte de que no se incluye el IVA de la reforma».
El abono del Consorcio ha sido sólo una más de las batallas que ha tenido que emprender Nany con las Administraciones para levantar la persiana: «Delegación del Gobierno anunció una ayuda de hasta 36.000 euros para compensar los abonos de menos que estaba haciendo el Consorcio. Casi un año después me han notificado que empiezan a revisar mi solicitud y que aún tienen seis meses para contestarme. Y la Generalitat Valenciana dio la ayuda Ara Empreses que nos abonaron el 50 % inicialmente pero es que ahora te piden de todo y más de papeles para cobrar el resto. Hay gente que se ha gastado 5.000 euros para poder gestionar el cobro de ayudas, yo tengo la suerte de que me lo mira mi marido».
El tema de las ayudas y la gestión de la tragedia da para una conversación casi eterna, pero bien valen las frases con contundencia que va comentando Nany durante la entrevista: «Si de normal un autónomo antes de la dana ya estaba como estaba, pues imagínate ahora»; «No se nos ha dado una explicación de todo lo que falló aquel día. Estamos rabiosos y para calmarnos se necesitará tiempo» y «No han tenido piedad con nosotros».
Por si pareciera poco, a ello hay que sumarle que el Ayuntamiento de Picaña ha cobrado íntegramente la solicitud de la licencia de obras para recuperar el local, cobro que incrementa en 2.000 euros la factura de la reconstrucción de Nany.
Un altar a Juan Roig
Imagen del altar a Juan Roig en la tienda Nany & Vani de Picaña.
Ella titula la situación como «el negocio de la dana», e incluso se pregunta «quién está recibiendo las ayudas del Gobierno que dicen que han dado», añadiendo que «para reabrir me he gastado los ahorros de mis padres y aún no había acabado de pagar la reforma previa al local. Así que actualmente estoy pagando dos tiendas, la anterior y la de ahora». Eso sí, falta un protagonista en su lucha por reabrir: Juan Roig.
Con emoción y alguna lágrima queriendo hacer acto de presencia, Nany relata cómo se gestionó la ayuda del presidente de Mercadona a través de Alcem-se, el movimiento por el que se han inyectado más de 100 millones de euros en los comercios afectados por la dana.«Ellos sólo querían saber si con el dinero que te daban podías reabrir. Al principio dije que no, porque realmente necesitaba 16 veces más de lo que me ofrecían, pero bendita ayuda. Me llamaron una segunda vez para insistirme en solicitar la ayuda y finalmente dije que sí. Eso fue un viernes por la tarde y el sábado por la tarde ya tenía el ingreso realizado», explica la autónoma.
Nany se hizo ciertamente viral por reabrir su tienda con un altar en agradecimiento a Juan Roig. Sigue vigente el homenaje y reconocimiento conforme se entra en el local. «Para cobrar la ayuda sólo te pedían cuatro datos y dos papeles, como aquel que dice. Pero es que es muy fuerte porque a este hombre no le tembló el pulso, dio la ayuda que se necesitaba y rápido».
Imagen de Nany en su tienda de Picaña.
«¿Cómo voy a estar contenta?»
Tras once meses de lucha, Nany pudo reabrir a finales de septiembre y desde ese momento «las clientas no han dejado de venir adrede desde donde fuera». Reconoce y asume que «nada es igual, porque antes éramos tres y ahora estoy sola» y, básicamente, «porque ahora hay gente que ya no está. No podemos ser los mimos que antes».
Pero especialmente Nany destierra la imagen idealizada que podría unir los términos «recuperación» y «felicidad»: «Mis clientas vienen y me preguntan si estoy contenta por reabrir. ¿Cómo voy a estar contenta? Eso es imposible después de todo lo que hemos vivido, lo que hemos pasado, lo que hemos perdido. Nos faltan seres queridos, amigos, vecinos...». Ahí brota alguna lágrima al recordar a su cuñada y su sobrina, ambas fallecidas en Paiporta aquella trágica tarde de hace un año.
Con otro semblante, la autónoma aventura que la recuperación «no es cosa de un año ni de dos», pero en un arrojo de valentía, orgullo y fuerza se ha repuesto para volver a vender ropa desde donde el lodo rompió todo. Ha conseguido calcar prácticamente el local que tenía hasta el 29 de octubre de 2024 y aunque su mirada transite entre el cansancio, la emoción y el dolor, Nany vuelve a vender ropa, con la foto de Juan Roig presente.