Imagen creada para ilustrar el contenido de la noticia con Antonio Anglés a la derecha

Imagen creada para ilustrar el contenido de la noticia con Antonio Anglés a la derechaMarian Moncho

33 años del hallazgo de los cadáveres de las niñas de Alcàsser: la fuga paso a paso de Antonio Anglés

La huida del principal sospechoso se prolongó durante 49 días y dejó una cadena de errores policiales, retrasos judiciales y decisiones políticas que permitieron que escapara de España sin ser detenido

Han pasado 33 años desde que los cuerpos de Miriam García, Toñi Gómez y Desiré Hernández aparecieron en una fosa del barranco de La Romana, en Tous. Tres décadas después, Antonio Anglés, señalado como principal autor del triple crimen de Alcàsser, continúa oficialmente desaparecido y su responsabilidad penal sigue viva gracias a sucesivas actuaciones judiciales que han ido reiniciando el plazo de prescripción.

La fuga de Anglés no fue un episodio puntual ni una huida improvisada, sino una sucesión de fallos encadenados que se prolongó durante 49 días y que permitió al sospechoso cruzar España, refugiarse en Portugal y embarcar como polizón rumbo al Reino Unido sin que ninguna autoridad lograra detenerlo. Una escapada que hoy sigue siendo objeto de estudio y crítica por cómo se investigó el crimen y por la respuesta institucional del momento.

El 13 de noviembre de 1992, las tres adolescentes desaparecieron cuando hacían autostop para acudir a una discoteca de Picassent. Sus cadáveres fueron hallados el 27 de enero de 1993. Ese mismo día, un justificante médico a nombre de Enrique Anglés, hermano de Antonio, condujo a la Guardia Civil hasta la vivienda familiar en Catarroja. Antonio Anglés ya no estaba allí.

La huida de Catarroja y los primeros errores

Según consta en diligencias judiciales y reconstrucciones posteriores, Antonio Anglés se descolgó por una ventana trasera utilizando unas sábanas anudadas, mientras los agentes llamaban a la puerta principal. La vivienda no estaba vigilada por la parte posterior. Fue el primer fallo.

Esa misma noche se refugió en un corral abandonado de Alborache, al que llegó en taxi. El conductor declaró posteriormente que el fugitivo llevaba una importante cantidad de dinero en efectivo. Durante los días siguientes, Anglés se movió con sorprendente libertad por distintos puntos de la provincia de Valencia, mientras la atención policial se centraba en Miguel Ricart, ya detenido.

En Valencia capital acudió a una peluquería donde se tiñó el pelo para alterar su apariencia. En Vilamarxant logró escapar de un control de la Guardia Civil internándose en el monte. En Benaguasil permaneció oculto durante varios días en un chalé vacío. En ninguno de esos episodios fue detenido, pese a que ya existía una orden de búsqueda.

Antonio Anglés, con sus dos aspectos.

Imagen de Antonio Anglés, con sus dos aspectosINTERPOL

La fuga continuó hacia el interior peninsular. En Minglanilla (Cuenca), según recogieron ABC y La Vanguardia, secuestró a un agricultor para obligarlo a trasladarlo en su vehículo. Días después robó un coche en Graja de Iniesta y lo abandonó tras sufrir un accidente. En Madrid llegó a amenazar con un arma de fuego a otro conductor para facilitar su huida.

Estos desplazamientos pusieron de manifiesto una falta de coordinación entre cuerpos policiales y una deficiente circulación de alertas. A pesar de los numerosos avistamientos, Anglés siguió avanzando sin que se cerrara un cerco efectivo.

A finales de febrero de 1993 cruzó la frontera con Portugal. Se instaló en Cascais, en casa de un pescador toxicómano, según detallan informes policiales. Allí permaneció varios días y recibió ayuda logística, incluida comida, dinero y contactos.

Diversas investigaciones apuntan a que su madre, Neusa Martins, le facilitó dinero durante la huida. Ella misma fue detenida posteriormente y condenada por encubrimiento. En Portugal, Anglés consiguió documentación falsa y comenzó a preparar su salida definitiva de la Península.

El City of Plymouth y la desaparición final

El 18 de marzo de 1993 se coló como polizón en el carguero británico City of Plymouth, que zarpó del puerto de Lisboa con destino a Liverpool. La tripulación lo descubrió días después en alta mar. El capitán, Kenneth Farquharson Stevens, relató posteriormente en declaraciones recogidas por Onda Cero y La Sexta que Anglés fue encerrado en un camarote, del que logró escapar utilizando un bote salvavidas.

Imagen de la ficha policial de la Interpool de Antonio Anglés

Imagen de la ficha policial de la Interpool de Antonio AnglésInterpool

Fue rescatado y devuelto al barco, donde volvió a quedar bajo custodia. Sin embargo, al llegar al puerto de Dublín, el 24 de marzo de 1993, Antonio Anglés había vuelto a desaparecer. No se activó una alerta internacional inmediata ni se informó a las autoridades españolas de forma eficaz. Irlanda permitió que el barco continuara su ruta.

Desde ese momento, el rastro se pierde definitivamente.

A lo largo de los años se han manejado múltiples hipótesis: que muriera ahogado, que recibiera ayuda de miembros de la tripulación o que lograra huir con una identidad falsa hacia América Latina. El propio capitán del City of Plymouth aseguró años después que Anglés no pudo escapar solo, una afirmación que motivó nuevas diligencias judiciales.

Estas actuaciones, especialmente las iniciadas en 2009 y retomadas posteriormente, permitieron reiniciar el cómputo de la prescripción y mantener viva la causa hasta 2029. Interpol sigue publicando anualmente su ficha y la Policía Nacional mantiene activa la búsqueda.

Treinta y tres años después, la fuga de Antonio Anglés continúa siendo uno de los mayores fracasos policiales de la crónica negra española. Un episodio marcado por la presión mediática, decisiones políticas discutidas y una investigación que, pese a su magnitud, no logró detener al principal sospechoso del crimen que conmocionó a España.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas