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Las nuevas pruebas forenses del caso de las niñas de Alcàsser abren la puerta a aclarar incógnitas 33 años después

Los análisis de ADN pendientes, pelos, tapicerías, raspaduras y objetos hallados en La Romana y Alborache podrían confirmar por primera vez conexiones directas entre escenarios, víctimas y autores

Treinta y tres años después del crimen que marcó para siempre a una generación, el caso Alcàsser sigue técnicamente abierto y con nuevas pruebas científicas en marcha. La actualización forense autorizada por el Juzgado nº 6 de Alzira podría aportar, por primera vez desde los años noventa, resultados concluyentes gracias a tecnologías genéticas que entonces no existían. El criminólogo y perito judicial Félix Ríos, cuya asociación ejerce una de las acusaciones, ha sido recientemente entrevistado en Telecinco y ha arrojado una pila de pruebas forenses que se están analizando y podrían aclarar las incógnitas que llevan desde 1992 sin resolverse. Ha detallado que gran parte de estos análisis permanecen pendientes en los laboratorios oficiales del Instituto Nacional de Toxicología (INT) y de la Guardia Civil.

Tras revisar toda la documentación del caso, su equipo propuso hace casi cuatro años una batería de diligencias científicas que nunca llegaron a realizarse durante la instrucción original. La jueza dio luz verde a una revisión integral de muestras, vehículos y escenarios relacionados con el triple crimen de Miriam García, Toñi Gómez y Desireé Hernández, asesinadas en noviembre de 1992 tras desaparecer cuando hacían autostop hacia una discoteca de Picassent.

Ríos subraya que esta es «la primera novedad forense real en 30 años». Uno de esos análisis ya concluidos (la reinspección ocular de los coches vinculados al caso), permitió localizar una reacción compatible con sangre en el asiento trasero que ocupó una de las niñas. Ese indicio encaja con la versión que Miguel Ricart declaró en su día sobre un golpe que Antonio Anglés habría propinado a una de las jóvenes. Aunque la muestra genética recuperada no ha permitido una identificación, supone el primer hallazgo biológico que conecta directamente los vehículos con las víctimas.

La gran incógnita: los pelos sin analizar desde los años noventa

La mayor parte del material pendiente son fragmentos de pelo recogidos tanto en los coches como en la fosa de La Romana, en la ropa de las víctimas y en un colchón localizado en el paraje. También deben estudiarse siete pelos hallados dentro de dos guantes (uno encontrado en La Romana y otro en la caseta de Alborache, utilizada por Antonio Anglés durante la huida) que jamás fueron analizados.

Durante las autopsias también se recuperaron cabellos sin raíz que se enviaron a Santiago de Compostela: algunos se estudiaron, pero otros nunca llegaron a procesarse. Todo ese material ha sido solicitado nuevamente para someterlo a técnicas actuales.

Imagen de la caseta de Alborache que utilizaba Antonio Anglés para esconderse

Imagen de la caseta de Alborache que utilizaba Antonio Anglés para esconderseEl Debate

Ríos explica que, aunque hubo fragmentos de pelo que quedaron «destruidos» tras estudiarse en los noventa, la clave está en que los que no se analizaron «se han conservado bien» y pueden arrojar resultados. El avance tecnológico que tenemos en la actualidad permite detectar perfiles imperceptibles en 1993. El ADN mitocondrial es especialmente revelador: si antes solo era posible identificar «el título del libro», la tecnología actual permite «leer letra a letra» en cada una de sus páginas, logrando un nivel de detalle mucho mayor.

Los familiares de las tres víctimas ya han aportado muestras para completar este estudio. Esto permitirá cotejar todos los ADNm encontrados en su día y determinar si algunas trazas que aparecieron sin identificar pertenecían realmente a las niñas o a terceros.

La caseta de La Romana: ¿la escena del crimen?

Uno de los puntos más determinantes serán los análisis de las raspaduras realizadas sobre varias manchas en la caseta de La Romana. En los noventa no se realizaron estudios genéticos en ese lugar, por lo que nunca se ha podido certificar científicamente que allí se produjeran las agresiones o la muerte de las tres jóvenes.

Imagen de Fernando García, padre de Míriam, en la caseta de La Romana

Imagen de Fernando García, padre de Míriam, en la caseta de La RomanaCarles Francesc

Si alguna de esas manchas correspondiera a una víctima, supondría un cambio sustancial: quedaría acreditado que la caseta fue escenario directo del crimen y permitiría situar físicamente a los autores en el lugar. Ríos sostiene que su equipo está convencido de que las atrocidades se cometieron en La Romana y que allí mismo fueron enterradas, descartando la teoría de un segundo enterramiento que algunos documentales o líneas de investigación apuntaron años después.

La búsqueda internacional de Anglés

El otro frente abierto es la localización de Antonio Anglés, prófugo desde 1993. Su perfil genético se conserva gracias a una muestra de semen tomada en su guarida de Alborache. Ese ADN ha sido enviado a las autoridades irlandesas para compararlo con restos sin identificar.

En las últimas décadas se han localizado cadáveres en las costas de Irlanda y Reino Unido coincidentes con el trayecto del barco 'City of Plymouth', al que Anglés accedió como polizón desde Portugal antes de lanzarse al mar. Ríos detalla que incluso se han ordenado exhumaciones para verificar posibles correspondencias. La policía irlandesa ya comunicó a los investigadores españoles que uno de los hallazgos recientes (un cráneo) correspondía a una persona no europea.

Más del 90 % de la sentencia coincide con la realidadFélix RíosCriminólogo y perito judicial del caso Alcàsser

Aunque la hipótesis mas extendida apunta a que Anglés murió durante la fuga, no existe ningún indicio forense que lo confirme. Por ello, las familias han pedido expresamente que no se declare su fallecimiento y que el procedimiento continúe abierto mientras haya pruebas pendientes.

Un caso que podría confirmarse... más que reescribirse

Tras revisar todo el expediente, el equipo de Ríos considera que «más del 90 % de la sentencia coincide con la realidad»: Miguel Ricart y Antonio Anglés serían los autores del crimen. Los perfiles genéticos sin identificar hallados en su día (y que algunos interpretaron como señal de más implicados) probablemente correspondan a las propias víctimas, dado que en los noventa no se cotejó su ADN.

Queda aún por estudiar una moqueta vinculada a los hechos, además del resto de muestras remitidas a los laboratorios. La expectativa, explican, es científica, no mediática: no se espera un giro radical del caso, sino poder corroborar con pruebas objetivas aspectos que en los noventa quedaron sustentados principalmente en declaraciones.

Ríos reconoce que reactivar el proceso no fue sencillo: «Cuando apareces después de 30 años con solicitudes de pruebas que nadie había hecho, es normal que algunas acusaciones reaccionen a la defensiva». Hoy confía en que los resultados lleguen en los próximos meses. Si confirman correspondencias directas, aportarían la verificación forense más sólida en tres décadas sobre uno de los crímenes más estremecedores de la historia reciente de España.

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