Imagen de los pasajeros del Alvia mientras cambiaban de un tren a otro bajo la lluvia
Caos ferroviario dos días antes del accidente de Adamuz: «Decir que el tren vive su mejor momento en España es mentira»
Nuevo ejemplo del caos ferroviario en España. Un tren Alvia que cubría la ruta Barcelona–Cádiz, con parada en Valencia, acumuló casi cinco horas de retraso dos días antes del accidente ferroviario de Adamuz, ocurrido el 25 de enero y en el que fallecieron 45 personas. La incidencia, registrada el 23 de enero, obligó a los pasajeros a permanecer detenidos durante largos periodos de tiempo, primero en Andújar y posteriormente en la estación de Los Rosales, en una sucesión de decisiones improvisadas que terminaron colapsando el servicio.
Según informó la propia operadora a los viajeros, una de las interrupciones se debió a que el maquinista «había finalizado su jornada laboral», lo que obligó a esperar la llegada de un relevo para poder continuar el trayecto. El convoy, que debía llegar a Sevilla a las 19.30 horas, no lo hizo hasta pasada la medianoche, mientras que los pasajeros con destino Cádiz afrontaron aún más horas de viaje.
Los hechos son relatados por Carmen, una de las pasajeras afectadas, que describe la jornada como «una auténtica vergüenza». El tren salió de Barcelona y fue recogiendo viajeros en distintas estaciones, entre ellas Valencia, donde Carmen subió al convoy a las 11.45 horas. «Todo iba bien hasta casi llegar a Andújar, donde nos paramos unos 30 minutos sin apenas información», explica.
Imagen del primer mensaje que mandó Renfe a los viajeros informando de la incidencia
A las 16.13 horas, Renfe remitió un primer mensaje a los pasajeros alertando de una incidencia provocada, según la operadora, por condiciones meteorológicas adversas. Sin embargo, lejos de resolverse, la situación se agravó. «Por megafonía nos dijeron que el tren terminaba en Andújar y que teníamos que coger un autobús hasta Córdoba para luego continuar en otro tren», relata Carmen. Minutos después, la decisión volvió a cambiar.
Finalmente, Renfe optó por trasladar a los pasajeros a un tren de Media Distancia. El problema, según el testimonio recogido por este periódico, fue la gestión del transbordo. «Nos tuvieron unos 45 minutos bajo la lluvia, cambiando de vías, con muy poco techado para refugiarnos», denuncia. «Había niños pequeños, personas mayores y gente que llevaba ya muchas horas de viaje».
Imagen del segundo mensaje que mandó Renfe a los viajeros en el que se cambia de opinión
La situación se tornó crítica al llegar a la estación de Los Rosales. Por tercera vez en el día, la megafonía interrumpió el silencio para comunicar una nueva incidencia: el maquinista había terminado su jornada laboral. «Nos dijeron que teníamos que esperar unos 30 minutos a que llegara otro», explica Carmen. La espera se alargó hasta cerca de 40 minutos más.
Durante ese tiempo, el malestar entre los pasajeros fue en aumento. «Había personas mayores y niños que llevaban horas dentro del tren. Una señora empezó a repartir su propia agua», relata. La tripulación trató de hacer lo mismo, aunque con recursos mínimos. «Nos dijeron que si pedíamos agua, la compartiéramos entre varios porque apenas quedaban botellines», añade.
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El tren reanudó finalmente la marcha, pero la incertidumbre continuó. La hora de llegada a Sevilla fue modificándose de manera constante: primero a las 22.00, después a las 23.00, hasta que finalmente el convoy llegó a destino a las 00.00 horas. «Llegamos con más de cuatro horas de retraso. Los pasajeros que iban a Cádiz aún tenían varias horas más por delante», lamenta Carmen.
Para esta pasajera, el episodio no es un hecho aislado. «Decir que el tren esté viviendo su mejor momento en España es mentira. La impuntualidad es el pan de cada día», sostiene. En su opinión, el problema es estructural: «Las vías están en un estado deplorable, lo mismo que la catenaria. Los accidentes y las incidencias son constantes».
Este nuevo episodio se produjo apenas 48 horas antes del accidente ferroviario de Adamuz, un siniestro que volvió a poner el foco sobre el estado de la red ferroviaria y la gestión del servicio. Pese a los mensajes lanzados desde el Ministerio de Transportes y por su titular, Óscar Puente, defendiendo la modernización del sistema ferroviario, los testimonios de los usuarios dibujan un escenario muy distinto sobre el terreno.
«Si permitimos que esto continúe, va a ir a peor», concluye Carmen. «No podemos normalizar que un tren se detenga porque no hay maquinista, que la gente pase horas sin información ni agua o que llegar con cinco horas de retraso sea algo habitual. Es una vergüenza que esto ocurra en un transporte público esencial».