Embalse de Guadalest, Alicante

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Los embalses valencianos zozobran: a la cola de las reservas en España y por debajo de la media de la última década

Las lluvias no mitigan el déficit hídrico estructural amenazado por la política antitrasvases de Sánchez

La Comunidad Valenciana sigue instalada en la parte baja del mapa hídrico nacional pese a las lluvias registradas en las últimas semanas. Los datos actualizados del Ministerio para la Transición Ecológica, correspondientes a este lunes, confirman que los embalses valencianos apenas alcanzan el 44,22 % de su capacidad, con 865 hectómetros cúbicos almacenados sobre un total de 1.956. Es uno de los peores registros por comunidades autónomas y queda muy por debajo de la media española, que se sitúa claramente por encima del 60 %.

El impacto es especialmente severo en la provincia de Alicante, donde la situación roza niveles críticos. Los embalses alicantinos almacenan solo 88 hectómetros cúbicos de agua, el 27,94 % de su capacidad total (315 hm³). Es un porcentaje similar al de territorios tradicionalmente secos como Albacete (26 %) y la Región de Murcia (29,73 %), pero muy alejado de provincias como Barcelona, Gerona o Tarragona, que superan el 90 % de reservas.

Este escenario confirma que las precipitaciones recientes no han servido para corregir un déficit hídrico estructural que se arrastra desde hace años en el sureste español. En el caso de Alicante, la debilidad de los embalses se combina con una dependencia histórica del trasvase Tajo-Segura, hoy cuestionado por los cambios normativos impulsados por el Gobierno de Pedro Sánchez.

El Segura, la cuenca más tensionada

Los datos por cuencas refuerzan ese diagnóstico. La cuenca del Segura apenas alcanza el 27,02 % de su capacidad, con 308 hectómetros cúbicos almacenados sobre un total de 1.140. Es, con diferencia, la cuenca más castigada del país. Muy lejos quedan otras como el Tajo (61,98 %), el Ebro (64,03 %) o el Duero (56,11 %), que afrontan el invierno con niveles mucho más holgados.

En términos históricos, la fotografía del Segura confirma que el problema va más allá de un mal año hidrológico. A 26 de enero de 2026, los embalses de la cuenca almacenan 308 hectómetros cúbicos, una cifra que mejora ligeramente la registrada en la misma semana de 2025, cuando apenas se alcanzaban los 237 hectómetros cúbicos (20,79 %), pero que sigue por debajo de la media de la última década, situada en 333 hectómetros cúbicos, equivalentes al 29,28 % de su capacidad. La evolución evidencia que, incluso en un escenario algo más favorable que el del año pasado, el Segura continúa anclado en niveles estructuralmente bajos.

Estado de los embalses por Cuencas Hidrográficas

Estado de los embalses por Cuencas Hidrográficasembalses.net

En este contexto se celebró hace unos días en Murcia el centenario de la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS), un acto que puso de relieve tanto el legado histórico del organismo como las incertidumbres que se ciernen sobre el futuro del agua en el sureste. El presidente de la CHS reivindicó el papel de la institución como «una administración que vertebra el territorio» y recordó que el modelo de gestión por cuencas fue «una respuesta valiente» a las necesidades del país.

La clausura corrió a cargo de la directora general del Agua, María Dolores Pascual, quien defendió el modelo de confederaciones y auguró «un gran futuro» a estas organizaciones frente al cambio climático. Sin embargo, el debate giró inevitablemente hacia el trasvase Tajo-Segura. Pascual confirmó que el Ministerio seguirá aplicando «rigurosamente» las normas actuales hasta que el Tribunal Supremo resuelva los recursos pendientes y reconoció que, a partir de 2027, podría producirse un recorte superior a los 100 hectómetros cúbicos anuales. «No es un capricho, es la necesidad de encontrar el régimen más estable y equilibrado posible para las dos cuencas», afirmó.

Alicante, doblemente penalizada

Para la provincia de Alicante, este horizonte se suma a un contexto económico ya adverso. La provincia encara 2026 tras cinco años consecutivos como la última de España en inversión estatal y con la prórroga de los Presupuestos Generales de 2023, que consolida un escenario de bloqueo. La Federación de Obra Pública y Auxiliares de la provincia (FOPA) ha calificado este periodo como el «quinquenio negro» por su impacto directo en la competitividad y el desarrollo.

A esta falta de inversión se añade ahora el incremento del caudal ecológico del Tajo en Aranjuez hasta los ocho metros cúbicos por segundo desde el 1 de enero de 2026, una decisión que reduce aún más los volúmenes potencialmente trasvasables. Desde la Generalitat Valenciana, el conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca, Miguel Barrachina, ha denunciado que «el Gobierno de España perjudica a la agricultura de la provincia del Alicante al permitir de manera arbitraria aumentar el caudal ecológico del Tajo que solo beneficia a Portugal con más agua mientras reduce los aportes a la agricultura de la provincia».

Mientras el Ministerio insiste en la desalación como alternativa y abre la puerta a estudiar moratorias en el cierre de acuíferos sobreexplotados, los datos de los embalses dibujan una realidad incontestable: Alicante afronta el futuro inmediato con menos agua almacenada que la media nacional, con un trasvase cada vez más limitado y sin que las lluvias hayan cambiado una tendencia que ya es estructural.

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