Iglesia de San Nicolás de Bari (Valencia).

Iglesia de San Nicolás de Bari (Valencia).Getty Images

Parece el Vaticano, pero es Valencia: la 'Capilla Sixtina' escondida en pleno centro de la ciudad

Valencia es una ciudad de enorme riqueza cultural, un destino donde la historia y el arte se entrelazan en cada rincón. Entre monumentos emblemáticos, edificios históricos y tradiciones centenarias, la capital del Turia esconde innumerables joyas y reliquias que a menudo pasan desapercibidas a simple vista. Algunas de ellas se ocultan tras fachadas discretas o en calles estrechas del casco antiguo, esperando sorprender al visitante que decide explorar más allá de los lugares más conocidos.

En pleno barrio del Carmen, en el corazón de Ciutat Vella, se encuentra una iglesia que muchos transeúntes pasan por alto, situada a pocos minutos de algunos de los grandes iconos de la ciudad. Se trata de la Iglesia de San Nicolás de Bari y San Pedro Mártir, uno de los templos más antiguos de Valencia y escenario de una de las capillas más impresionantes del patrimonio religioso español, conocida popularmente como la «Capilla Sixtina valenciana».

Imagen del interior de la capilla de la Iglesia de San Nicolás de Bari, Valencia

Imagen del interior de la capilla de la Iglesia de San Nicolás de Bari, ValenciaTurismo Comunidad Valencia

La sorpresa llega al cruzar su puerta y levantar la vista. El visitante se encuentra con una bóveda completamente cubierta por frescos que envuelven el espacio en una narración continua, un despliegue pictórico de casi dos mil metros cuadrados que transforma el techo en un gran relato visual. El impacto es tal que el restaurador Gianluigi Colalucci, responsable de la conservación de la Capilla Sixtina del Vaticano, utilizó ese apelativo en 2012 para describir el conjunto. Desde entonces, la comparación ha quedado asociada a este templo valenciano, donde la pintura domina el espacio con una intensidad abrumadora.

La iglesia tiene su origen en el siglo XIII, levantada sobre antiguos espacios de culto anteriores, y conserva una sólida estructura gótica que define su arquitectura. Sin embargo, el elemento que hoy la distingue pertenece a una etapa posterior. Durante el siglo XVII, en pleno auge del barroco, el interior fue transformado mediante una ambiciosa intervención artística que convirtió la bóveda en un gigantesco lienzo. El proyecto fue diseñado por Antonio Palomino, una de las figuras más relevantes de la pintura barroca española, y ejecutado por su discípulo Dionís Vidal.

El resultado es un programa iconográfico de gran complejidad que narra episodios de la vida de los dos santos titulares del templo. Las escenas se organizan en lunetos que permiten seguir la historia como una secuencia visual continua, donde aparecen milagros, actos de caridad, momentos de predicación y episodios de martirio. La decoración no se limita a relatar historias. En el entorno del altar se representan figuras fundamentales del pensamiento cristiano, como Santo Tomás de Aquino o San Agustín, reforzando el mensaje doctrinal del conjunto. Ángeles, alegorías y símbolos completan un espacio concebido para impresionar al fiel y transmitir una experiencia espiritual a través del arte.

Uno de los aspectos más fascinantes del templo es el modo en que se integraron estas pinturas en un edificio preexistente. La iglesia contaba ya con una estructura gótica consolidada, por lo que la intervención no consistió en construir un nuevo espacio, sino en adaptar el existente. El arquitecto Juan Bautista Pérez Castiel modificó la bóveda original regulando sus formas y elevando la superficie para permitir un desarrollo pictórico continuo. Esta combinación de arquitectura medieval y decoración barroca explica buena parte de la fuerza estética del conjunto, donde conviven dos épocas en perfecta armonía.

El efecto que produce el interior se ve reforzado por el contraste con el exterior. El acceso, a través de un estrecho callejón cercano a la calle Caballeros, no anticipa la magnitud de lo que aguarda dentro. Durante décadas, los frescos permanecieron oscurecidos por el paso del tiempo y pasaron prácticamente desapercibidos incluso para muchos valencianos. Una profunda restauración llevada a cabo en el siglo XXI devolvió el brillo original a las pinturas, recuperando su color, profundidad y riqueza iconográfica. Esta intervención supuso un punto de inflexión para el templo, que desde entonces se ha consolidado como uno de los grandes atractivos culturales de la ciudad.

Hoy, además de su función religiosa, la iglesia ofrece propuestas que permiten comprender mejor su patrimonio artístico. La experiencia inmersiva «La Luz de San Nicolás» combina recursos audiovisuales, proyecciones y espacios interactivos que explican la historia del edificio y el significado de sus frescos, aportando nuevas formas de contemplar el conjunto pictórico y acercando al visitante a los detalles de esta obra monumental.

La Iglesia de San Nicolás representa, en definitiva, la evolución artística de Valencia a lo largo de los siglos, desde su base gótica hasta la exuberancia del barroco. Es un lugar donde la historia, la arquitectura y la pintura se funden en una experiencia visual única, capaz de rivalizar en impacto con algunos de los grandes templos europeos. Oculta tras una apariencia modesta en el centro histórico, esta capilla demuestra que la ciudad aún guarda tesoros inesperados para quienes se detienen a mirar más allá de lo evidente.

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