Imagen del abogado Rubén Gisbert en las Cortes Valencianas.

Imagen del abogado Rubén Gisbert en las Cortes Valencianas.José Cuéllar / Cortes Valencianas

La jueza de la dana carga contra el abogado que la denunció pero no explica la implicación de su marido en los interrogatorios

Nuria Ruiz Tobarra señala duramente al abogado Rubén Gisbert y le afea su «escasísima asistencia» y que emplee «argumentos burdos e inconexos»

La jueza Nuria Ruiz Tobarra ha salido con toda la artillería para defenderse de la querella presentada por el abogado Rubén Gisbet, en la que le pide, entre otras cuestiones, que la magistrada sea apartada de la carrera judicial y que se le imputen varios delitos y que la instrucción actual de la dana se declare nula. La togada se ha despachado contra el letrado de una forma bastante contundente, sin escatimar en calificaciones, pero sin explicar la presencia o no de su marido presuntamente en varios interrogatorios.

Este lunes, después de la declaración del presidente de los Bomberos de Valencia, la magistrada ha firmado un auto por el que acuerda no admitir a trámite los incidentes para recusarla y declarar la nulidad de las actuaciones presentados por la acusación particular que representa Rubén Gisbert.

La base de la querella de Gisbert contra Ruiz Tobarra se basa en la presunta participación del marido de la magistrada, el también juez Jorge Martínez Ribera, en varias declaraciones de la macro causa. Ese es justo el tema sobre el que la jueza pasa en el auto sin adentrarse en detalles ni explicaciones.

Incluso la magistrada, en dicho punto, se refiere a que «la supuesta causa de recusación se remonta a hacer más de un año». No hay referencias a su marido ni al papel que pudo jugar en aquellas testificales y llama poderosamente la atención como en un auto tan explícito obvie una actuación que puede provocar la total nulidad de la instrucción.

Es más, en referencia a este punto, la magistrada desvela y afea que el trabajo de Gisbert haya sido «peticiones de copias de autopsias e informes forenses», antes de echarle en cara su «escasísima asistencia, presencial o telemática», poniendo de ejemplo que Gisbert no participó en la declaración del presidente de la Confederación Hidrográfica del Júcar, Miguel Polo.

Del resto la jueza se despacha en sus términos habituales en los autos, cargando contra Gisbert con frases como «rezuma de desprecio, no solo profesional, sino una inquina personal del Letrado hacia esta Juez de Instrucción».

También desecha los argumentos presentados por el abogado como una «mezcolanza de ideas que nuevamente nos sitúa en una realidad paralela, procesal y fáctica». Hasta Nuria Ruiz Tobarra se atreve para comprar el trabajo de Gisbert, como acusación, con el de Eduardo de Urbano, letrado de la exconsellera Salomé Pradas: «Asume todas sus consideraciones e incluso las expresiones que dirige hacía mí».

A criterio de la magistrada, Rubén Gisbert tiene la «voluntad de dinamitar el procedimiento», punto en el que incluso se toma la licencia de jugar con cierto sentimentalismo «Poco respeto hay por parte de dicho Letrado hacia los familiares de las víctimas mortales, a los lesionados, cuando se les desea que vuelvan a contar el calvario que sufrieron. Poca voluntad de investigar hay cuando se desea que desaparezcan todas las pruebas, como informes, grabaciones, llamadas, vídeos...».

La jueza también se sirve de todos los avales recibidos por parte de la Audiencia Provincial de Valencia para centrar su investigación únicamente en la Generalitat Valenciana y por qué dirige sus miradas hacia Carlos Mazón. «Sólo es necesario leerse los autos», señala la magistrada.

Pero ni rastro de una explicación razonada ni mención alguna ante la hipotética participación de su marido en algunos interrogatorios de la causa de la dana. Todo el auto es una sucesión de responder a las acusaciones de Gisbert, al que acusa de utilizar en su planteamiento «argumentos burdos e inconexos».

«Es comprensible la frustración profesional del Letrado por su nulo éxito en las únicas pretensiones que ha formulado, pero no que se torne en un torrente de descalificaciones, a cada cual más gruesa hacia mi persona», llega a afirmar la magistrada.

Y así la jueza pasa al ataque con un tono muy en su línea, con unas formas que sorprenden en base a su experiencia procesal y que han provocado algún que otro sobresalto entre los letrados que trabajan en la macro causa.

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