Montaje de una Gaita de las Fiestas de la Magdalena y una falla de Valencia durante la cremà

Montaje de una Gaita de las Fiestas de la Magdalena y una falla de Valencia durante la cremàEl Debate

¿Por qué las Gaiatas de Castellón no se queman como las Fallas de Valencia?

Estos monumentos de luz que simbolizan las Fiestas de la Magdalena combinan hierro, cristal y miles de bombillas

Cada primavera, Castellón de la Plana se transforma para celebrar sus fiestas grandes, las Fiestas de la Magdalena. Durante nueve días, la ciudad revive su historia con romerías, desfiles, conciertos y actos tradicionales que llenan las calles de ambiente festivo. El símbolo más reconocible de estas celebraciones son las Gaiatas de Castellón, estructuras luminosas que representan el origen de la ciudad. Aunque estas fiestas no son tan conocidas internacionalmente como las Fallas de Valencia, comparten con ellas el protagonismo de monumentos festivos que se levantan durante varios días. Sin embargo, hay una diferencia fundamental que siempre llama la atención a quienes visitan ambas celebraciones: mientras las fallas terminan inevitablemente en el fuego, las gaiatas no se queman.

Desfile de Gaiatas, en Castellón, en una imagen de archivo

Desfile de Gaiatas, en Castellón, en una imagen de archivoEFE / Domenech

La coincidencia en el calendario hace aún más evidente ese contraste, ya que este 2026, apenas una semana después de que termine la Magdalena llegará el momento culminante de las fallas en Valencia. Además de la coincidencia en el tiempo, donde incluso algunos años ambas celebraciones se solapan, también existe una cercanía geográfica entre ambas provincias, pero a pesar de ello, se trata de tradiciones completamente distintas.

¿Qué es una Gaiata?

Las gaiatas son el emblema de la Magdalena y tienen un origen profundamente ligado a la historia de Castellón. Su simbolismo se remonta al siglo XIII, cuando los habitantes del antiguo asentamiento situado en el cerro de la Magdalena descendieron hasta el llano para fundar la ciudad actual. Según la tradición, aquel traslado se realizó de noche y los vecinos iluminaron el camino con cañas o bastones coronados por pequeños faroles. Aquellas sencillas luces que guiaron a los primeros pobladores se convirtieron con el tiempo en el símbolo de la fiesta.

Con los años, la idea evolucionó desde simples estructuras con velas o lámparas hasta las actuales gaiatas, monumentos de luz cada vez más elaborados que combinan hierro, cristal y miles de bombillas. Hoy cada sector de la ciudad construye su propia gaiata, que desfila durante las fiestas y se expone en distintos puntos del municipio. De hecho, cada año estos símbolos tienen su acto especial con la Encendida de Gaiatas, un espectáculo único de luz y color con el encendido de las 38 gaiatas, las 19 grandes y las 19 infantiles.

La diferencia con las Fallas de Valencia

Precisamente por su significado histórico y simbólico, las gaiatas no se queman. No son monumentos efímeros pensados para desaparecer en un espectáculo final, sino representaciones de la luz que acompañó el nacimiento de la ciudad. Su función es recordar ese episodio fundacional y exhibir el trabajo de las comisiones que las elaboran, por lo que al terminar las fiestas se desmontan y se guardan o reutilizan en futuras ediciones.

El caso de las fallas es muy diferente. Los monumentos de las Fallas de Valencia nacieron con un espíritu completamente distinto, vinculado al mundo de los artesanos y carpinteros de la ciudad de Valencia. Según la tradición más extendida, durante la víspera de San José, los carpinteros quemaban en la calle los soportes de madera que utilizaban para sostener los candiles de sus talleres durante el invierno. Con el tiempo, a esos objetos se les añadieron ropas viejas y figuras que representaban escenas satíricas de la vida cotidiana, hasta que terminaron evolucionando en los monumentos artísticos actuales.

La esencia de las Fallas siempre ha sido la de crear grandes esculturas efímeras que critican la actualidad, el humor o la política y que culminan con la Cremà, el momento en que todas las fallas se queman la noche del 19 de marzo. En este caso, el fuego no es una excepción sino el final natural de la celebración, el acto que simboliza el cierre de la fiesta y el comienzo del nuevo ciclo fallero.

Así ha sido la «cremá» de las Fallas en Valencia

Imagen de la Cremà de las Fallas

Otra diferencia importante es la dimensión territorial de ambas tradiciones. La Magdalena y sus gaiatas forman parte de una celebración muy vinculada a la historia concreta de Castellón de la Plana, ya que conmemoran un episodio fundacional de la ciudad. Por ello, es una fiesta que se vive de manera especial en la capital de la Plana y cuyo símbolo principal, las Gaiatas, está ligado directamente a su identidad. En cambio, las fallas nacieron en la ciudad de Valencia, pero con el paso de los años se expandieron por numerosos municipios de la Comunidad Valenciana e incluso fuera de ella. Además de celebrarse en muchos pueblos de la provincia de Valencia, también se han asentado con fuerza en localidades de la provincia de Castellón, como Burriana o Benicarló, donde cada marzo se levantan monumentos falleros que también terminan en el fuego.

En definitiva, aunque la Magdalena y Las Fallas comparten la cercanía geográfica y el uso de grandes monumentos festivos como elemento central, su significado es muy diferente. Las Gaiatas representan la luz que guio el nacimiento de Castellón y por eso se conservan como símbolo de identidad de la ciudad, mientras que las Fallas nacieron como una tradición satírica y efímera cuyo destino final siempre ha sido arder en la noche de la Cremà. Dos formas distintas de celebrar la historia y la cultura valenciana que, pese a celebrarse prácticamente al mismo tiempo y a pocos kilómetros de distancia, siguen caminos festivos completamente distintos.

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