La Laguna Rosa de Torrevieja
Ni en el Caribe ni en Oceanía: el 'Mar Muerto' español que arrasa en redes es rosa y está en la Comunidad Valenciana
En pleno corazón de la comarca alicantina de la Vega Baja del Segura, se esconde un paisaje que desafía la paleta de colores habitual de la naturaleza ibérica. El Parque Natural de las Lagunas de la Mata y de Torrevieja alberga un fenómeno visual fascinante: una extensión de 1.400 hectáreas de aguas con un intenso tono chicle. Este enclave, que junto a la vecina laguna verdosa de La Mata forma un ecosistema hipersalino protegido, se ha convertido en un imán para viajeros y fotógrafos, ofreciendo una estampa que compite con maravillas internacionales como el lago Hillier en Australia o Las Coloradas en México.
Lejos de ser un truco óptico o un efecto artificial, el vibrante color de la laguna de Torrevieja tiene una explicación puramente biológica. Sus aguas alcanzan una concentración de hasta 350 gramos de sal por litro, una densidad que rivaliza directamente con la del Mar Muerto y que genera esa característica flotabilidad extrema. En este entorno inhóspito prosperan las halobacterias y la microalga Dunaliella salina, microorganismos que liberan pigmentos carotenoides rojizos para protegerse de la radiación solar. Estos pigmentos, sumados a la presencia de la Artemia salina -un diminuto crustáceo acuático endémico de estas aguas-, tiñen el paisaje, especialmente durante los meses de mayor calor estival, cuando la evaporación es máxima.
A pesar de estas extremas condiciones químicas, este humedal es un hervidero de vida. La Artemia salina es el pilar de la cadena trófica local y el alimento predilecto de especies como la gaviota picofina o los emblemáticos flamencos. Estas aves migratorias, que paradójicamente suelen concentrarse más en la laguna de La Mata al encontrar allí más sustento por su menor nivel de sal, adquieren su inconfundible plumaje rosado gracias a la ingesta sistemática de estos pequeños crustáceos, cerrando así un círculo cromático perfecto.
Explotaciones más rentables de Europa
La belleza natural del recinto comparte protagonismo con su función industrial, una simbiosis histórica cuyos primeros indicios de explotación se remontan a la época de los romanos. En la actualidad, este espacio funciona como el principal centro de producción de sal marina del continente, extrayendo anualmente alrededor de 800.000 toneladas. Su recogida industrial, que requiere de los meses cálidos para lograr la cristalización natural tras la evaporación, abastece los mercados de Estados Unidos y el norte de Europa. Se trata de un recurso tremendamente versátil: más allá del uso alimentario para dar sabor o elaborar salazones, es vital en la industria sanitaria para crear sueros, se utiliza en la fabricación de piensos y resulta fundamental para el deshielo de las carreteras en invierno.
Varios turistas caminan junto a la laguna rosa de Torrevieja
Sin embargo, la fama viral de la laguna rosa ha traído consigo ciertos retos de convivencia. Las autoridades y los gestores del Parque Natural son tajantes: el baño está terminantemente prohibido. Esta restricción no solo busca preservar la fragilidad del ecosistema, la anidación de aves y la pureza de la sal, sino que responde a una estricta cuestión de seguridad. Las labores de extracción salinera se realizan mediante maquinaria agrícola sumergida en el fondo del lago, conocidas como «volvedoras», lo que representa un peligro mortal para cualquier bañista imprudente que decida saltarse la normativa buscando una fotografía.
Para aquellos que deseen maravillarse con este ecosistema, declarado Parque Natural en 1992, la alternativa segura y respetuosa pasa por las visitas guiadas oficiales, las cuales recorren las antiguas balsas e imponentes montañas de sal. También existen rutas habilitadas, como la vía ciclista o el sendero del vino, que conectan con los observatorios de aves. Una visita que, sin duda, puede culminar disfrutando del resto del patrimonio de Torrevieja, paseando por la playa de La Mata o adentrándose en la historia militar a través del Museo Flotante Submarino Delfín S-61.