Imagen de un arrozal en el entorno de La Albufera junto a una imagen microscópica de la bacteria Leptospira
La enfermedad que acecha en los arrozales valencianos: qué es el «mal de la rata» y por qué preocupa
La Fe ha tratado desde 2024 entre seis y ocho casos graves de leptospirosis, una enfermedad vinculada al agua estancada, al lodo y que llega ahí por la orina de los roedores
El enemigo no siempre se ve. Puede estar en el agua quieta de un arrozal, en el barro que queda tras unas lluvias intensas y penetrar en el cuerpo a través de una pequeña herida en la piel. La leptospirosis, conocida tradicionalmente en el entorno de La Albufera como el «mal de la rata», ha vuelto a poner en alerta a los especialistas sanitarios por el repunte de casos graves detectados en los últimos años en la Comunidad Valenciana.
La enfermedad no es nueva, pero su reaparición con cuadros críticos ha encendido la preocupación en el Hospital La Fe de Valencia, donde desde 2024 se han tratado entre seis y ocho casos graves. Ninguno de los pacientes ha fallecido, aunque todos los que han llegado al centro lo han hecho con una evolución muy severa. La situación preocupa porque, según los investigadores, esos ingresos podrían ser solo la parte más visible de una infección mucho más extendida, pero difícil de detectar cuando se manifiesta con síntomas leves.
La leptospirosis está causada por la bacteria Leptospira interrogans y se transmite, principalmente, por el contacto con aguas, tierra húmeda o lodos contaminados con orina o tejidos de animales infectados, sobre todo roedores. Por eso, los agricultores arroceros forman parte de los colectivos más expuestos: trabajan durante largas jornadas en contacto directo con agua, barro y suelos húmedos, precisamente los entornos donde la bacteria puede encontrar mejores condiciones para sobrevivir y multiplicarse.
Una enfermedad que se confunde con una gripe
Uno de los grandes problemas del «mal de la rata» es que puede pasar desapercibido. En su forma leve, la leptospirosis suele provocar síntomas parecidos a los de una gripe: fiebre, malestar general, dolor muscular o cansancio. Esa presentación poco específica hace que muchas personas no acudan al médico o que la enfermedad no se sospeche desde el primer momento.
El problema llega cuando la infección evoluciona hacia formas graves, desde una meningitis al llamado síndrome de Weil, que puede ocasionar arritmias, hemorragias, y llevar a un fallo hepático y renal con consecuencias fatales. Son complicaciones potencialmente mortales que obligan a actuar con rapidez y que explican la inquietud de los especialistas de La Fe.
El doctor Víctor García Bustos, de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Hospital La Fe, advierte de la dificultad de identificar la enfermedad a tiempo. «Todos los pacientes críticos que han llegado ingresan al poco en la UCI y si no fuera por el tratamiento antibiótico, la mortalidad sería alta», señala. El especialista subraya que el «mal de la rata» es «difícil de diagnosticar» porque, de entrada, «no se sospecha» y obliga a preguntar al paciente por su trabajo, su exposición y sus posibles contactos con agua o lodo contaminado.
Arroceros, el colectivo más expuesto
Los casos atendidos en La Fe incluyen a varios agricultores arroceros, un dato que ha llevado a reforzar la prevención en los pueblos vinculados al cultivo del arroz. La Asociación Valenciana de Agricultores, AVA-ASAJA, ha puesto en marcha una ronda de charlas informativas junto a médicos del hospital para explicar la enfermedad, resolver dudas y acercar pautas de prevención a quienes conviven a diario con los arrozales.
La iniciativa se desarrollará en localidades de la Huerta Sur y la Ribera Baja, dos zonas donde el contacto con agua y suelos húmedos forma parte de la actividad agraria. El objetivo no es solo informar, sino también conocer mejor la percepción de los agricultores sobre los cambios que está atravesando el campo y que pueden influir en la aparición de nuevas infecciones.
Las sesiones también ofrecerán la posibilidad de participar de forma voluntaria en un estudio científico mediante una extracción de sangre. Con esta prueba, los investigadores quieren evaluar el grado de exposición del sector arrocero a la leptospirosis y a otros patógenos emergentes relacionados con la actividad agraria en el entorno del parque natural. La intención es saber si hay personas que han pasado la enfermedad sin saberlo y elaborar un mapa más preciso de la situación.
El papel del clima y la DANA
El repunte de casos graves coincide con un contexto marcado por episodios climáticos extremos, como las olas de calor y la DANA del 29 de octubre de 2024. Las inundaciones, las lluvias intensas y la acumulación de agua favorecen la presencia de entornos húmedos donde este tipo de bacterias puede sobrevivir. A ello se suma el aumento de las temperaturas, que, según los especialistas, puede favorecer que la bacteria crezca «más rápido y se multiplique».
García Bustos alerta de que el «mal de la rata» tiene visos de «poder ir en aumento». No es la única enfermedad que preocupa. Los expertos también vigilan otras infecciones emergentes o transmitidas por vectores como mosquitos y garrapatas, entre ellas el virus del Nilo o el dengue. «Es lo que sucede cuando se tropicaliza el ecosistema», advierte el médico de La Fe.
Esa tropicalización no significa que la Comunidad Valenciana se haya convertido de repente en una zona exótica, sino que el cambio climático y los episodios extremos pueden alterar las condiciones ambientales y favorecer la expansión de enfermedades que hasta ahora se asociaban con mayor frecuencia a otros territorios. En el caso de La Albufera, la combinación de arrozales, humedales, calor, agua estancada y presencia de roedores convierte la prevención en una herramienta clave.
Charlas en El Palmar, Catarroja, Alfafar y Sueca
Las reuniones informativas de AVA-ASAJA se celebrarán siempre en horario de 10:30 a 12:30 horas. La primera tendrá lugar el 14 de julio en El Palmar, en la Alcaldía. Después se celebrarán nuevas sesiones en Alfafar, en la sede de la Acequia del Río Turia; en Catarroja, en la sociedad de cazadores del Puerto de Catarroja; y en Sueca, en el salón de la Cooperativa Valenciana del Campo Unión Cristiana.
Los especialistas de La Fe ya expusieron esta problemática durante la última sectorial del arroz de AVA-ASAJA y no descartan ampliar las acciones informativas a otras localidades arroceras en función de la evolución de la enfermedad. El proyecto está liderado por el doctor Víctor García Bustos, junto al Grupo de Investigación en Infección Grave del Instituto de Investigación Sanitaria La Fe, con la colaboración del Servicio de Microbiología del hospital.
La investigación cuenta además con financiación del Grupo de Estudio de Patologías Importadas de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica. La finalidad es doble: proteger a los agricultores y disponer de más datos sobre una enfermedad que puede estar circulando con más frecuencia de la que muestran los ingresos.
La leptospirosis no se transmite habitualmente de persona a persona. El riesgo está, sobre todo, en el contacto con agua, tierra o lodos contaminados. Por eso, las recomendaciones pasan por extremar las medidas de protección cuando se trabaja en zonas húmedas, evitar el contacto directo con aguas potencialmente contaminadas si hay heridas en la piel y consultar al médico ante síntomas compatibles después de una exposición de riesgo.
En una tierra acostumbrada a convivir con el agua, el arroz y los humedales, el «mal de la rata» recuerda que algunos riesgos sanitarios también forman parte del paisaje más cercano. No siempre llegan con grandes cifras ni con señales evidentes. A veces empiezan con fiebre, dolor muscular y una sensación de gripe. Y, precisamente por eso, los médicos insisten en que la información puede marcar la diferencia entre una infección leve y un cuadro crítico.