Sin ruidoJorge Brugos

Profanar la tumba de Rita Barberá

Tras diez años de su muerte, les cuesta olvidarla. Le quieren más los de fuera de su partido que los de dentro

En ocasiones veo muertos. Estaba soñando, como diría Carlos Alsina, y de repente apareció Rita Barberá en la televisión. Ayer abrió temporada el programa Salvados rindiendo tributo a la ausente exalcaldesa de Valencia. Tras diez años de su muerte, les cuesta olvidarla. Le quieren más los de fuera de su partido que los de dentro. Suele pasar. Ya dijo Giulio Andreotti que «en la vida hay amigos, conocidos, adversarios, enemigos y... compañeros de partido». Ha tenido que venir una televisión de línea editorial progresista para rendir homenaje a la Margaret Thatcher valenciana. Eso no nos lo esperábamos. Más de uno en el PP no habrá visto el programa por si acaso tenía pesadillas. Así que a irse pronto a dormir, que dicen las chanzas esotéricas que a las tres de la mañana es cuando nos visitan los espíritus. Seguro que algún rezagado, al ver que en horario de máxima audiencia aparecía la sombra televisiva de Rita, miró atormentado el reloj. Luego se terminó de asustar cuando de repente apareció Francisco Camps. El fantasma de las elecciones pasadas, y quién sabe si futuras…

Desde La Sexta han abierto la caja de Pandora que en Génova 13 no se atreven a tocar. No es casualidad sacar a relucir el tándem de ultratumba Camps-Barberá. Apuesto a que desde la dimisión de Carlos Mazón no se han escuchado tantas cacofonías en el Palau de la Generalitat Valenciana. En la planta noble son conscientes de que el pasado político valenciano ha escrito su presente y su futuro. Si Francisco Camps no hubiese sido defenestrado, no habría habido vida más allá de su figura. Lo saben en el PPCV y lo saben en la izquierda. Por eso no es de extrañar que desde una cadena progresista estén rezando a una santa conservadora caída a los infiernos. En el guion protagonizado por Francisco Camps y Joan Ribó evocan a la bestia negra de los pecados pasados por los que el PP debe seguir purgando en el limbo de la oposición. Da igual que Camps haya sido absuelto de todas sus causas: a ojos de todo el mundo es un cadáver político sacrificado primero por la opinión publicada y después por su partido. La condena eterna a su figura es una penitencia perpetua para el Partido Popular, una que no cumplirá hasta que expíe sus propios miedos. Esos espíritus que le atormentan no descansarán hasta que les dejen tener paz.

En Salvados también deberían dejar descansar a los muertos. El programa de ayer no tenía sentido informativo. Creo que lo único que pretendía era profanar una tumba que tendría que estar sellada. Me gusta mucho una frase del Evangelio que dice «deja que los muertos entierren a sus muertos». Relativiza la importancia de la carnalidad, de lo terrenal. Los cementerios no son más que fosas. Sin embargo, hablar de los ausentes en vano y sin que estos puedan replicar es un derroche de cobardía. Era un capítulo prescindible movido quizá por ciertos intereses políticos teledirigidos. Mientras hablamos de los problemas de los muertos, nadie habla de los sufrimientos de los vivos. En la política española estamos muy acostumbrados a invocar fantasmas, por eso Carlos Alsina se ha ido a dormir cansado de tanta pesadilla.

Descansa en paz, Rita, ojalá nadie te vuelva a molestar más.

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