Nuestra industria se vende, no se defiende
España va camino de convertirse en el lugar donde compañías chinas ensamblan componentes para vender sus productos Made in Europe, el sector industrial se ha quedado huérfano de voz para negociar el incoloro, inodoro e insípido acuerdo social por la IA que anuncia el Gobierno
El sector industrial español se ha quedado claramente huérfano de una organización empresarial que lo represente y traslade sus urgencias en este momento crucial. Tiene un enorme valor estratégico para la economía, es locomotora de innovación y creador del empleo más cualificado, el que más cotiza a la Seguridad Social, pero no hay quien dé la cara por él en esta vorágine de revoluciones tecnológicas, tensiones geopolíticas, inmadureces regulatorias, transiciones energéticas, formativas y de todo tipo… debilidad europea en última instancia.
Canadá acaba de mostrar la auténtica fragilidad de la Comisión Von der Leyen, negándose con firmeza a aceptar las imposiciones de Donald Trump. Similares a las que la presidenta europea asumió en el famoso y humillante apretón de manos que tuvo lugar en una pausa, entre hoyo y hoyo, en el campo de golf de Turnberry, Escocia.
El sector industrial español se ha quedado claramente huérfano de una organización empresarial que lo represente
La Ley de Industria, anunciada después del heroico esfuerzo concertado de muchas pymes de nuestro país para fabricar respiradores durante la pandemia del Covid-19, finalmente no se aprobará esta legislatura, acaba de decir el Gobierno. Hay cosas más importantes en las que pensar.
España va camino de convertirse en un espacio de ensamblaje de componentes de productos de China, que pueden ser vendidos así con sello Made in Europe. Joyas de la corona industrial, a precio de saldo. Me he tomado la molestia de comparar a qué equivalen los 650 millones de euros en los que se ha valorado la planta industrial de Ford en Almussafes, que controlará la china Geely: ni siquiera alcanza el precio de la plantilla del Real Madrid.
España va camino de convertirse en un espacio de ensamblaje de componentes de productos de China
Durante un tiempo, la autodeclarada patronal de la industria digital, AMETIC, asumió el papel de voz del sector. Tenía sentido: las compañías de servicios tecnológicos y digitales comparten intereses con las grandes plantas productivas que los tienen que implantar y, por cierto, les pagan los mejores contratos (sector público aparte, claro). Hay que cuidar a la demanda, por más que en la práctica totalidad de eventos tecnológicos y de startups en España la industria sea siempre la gran ausente.
La federación del sector químico, Feique, ha mostrado criterio y vocación de defensa de las necesidades de la industria en multitud de ocasiones. Tiene un discurso solvente y un recorrido respetado. Poco más. La palabra de las cotizadas (¿cuántas empresas industriales hay en el Ibex 35?), de los dueños de los sectores regulados y de alguna gran corporación nunca han sido fáciles de sortear en las asambleas de CEOE y Cámaras de Comercio. Ahí acaba todo, conseguir que la Administración te ponga en el listado de invitados, ser uno de los que contribuye a que todo cambie, para que todo siga igual.
Esta semana se ha celebrado la edición número 40 de los Encuentros de AMETIC en Santander y se ha consumado la expulsión de la industria de ellos
Esta semana se ha celebrado la edición número 40 de los Encuentros de AMETIC en Santander y se ha consumado la expulsión de la industria de ellos. El sector TIC español, con la presencia destacada en el escenario de las chinas TikTok, Shein y Alibaba, se las ha apañado estupendamente bien con una panoplia de ministros, secretarios de Estado y responsables de entidades públicas estatales. Sólo Indra aparecía en el programa, pero ¿qué es Indra hoy?
Ni rastro de ponentes industriales. Intento que varios asistentes me expliquen por qué entrega AMETIC su Premio 2026 a la Secretaría de Estado de Justicia. Nadie lo entiende. La versión oficial es que merece el reconocimiento «por su liderazgo estratégico y su decisiva contribución a la transformación digital de la Justicia». Es decir, por hacer lo que debe, que se lo digan a los despachos de abogados febrilmente entregados a la IA.
En estas, aparece el vicepresidente del Gobierno Carlos Cuerpo a cerrar el evento en sustitución de Pedro Sánchez, que no está de vacaciones, pero tampoco ha podido ir. Bien pertrechado para la reflexión económica y presupuestaria, Cuerpo habla ahora de un mundo de tecnooptimistas y tecnopesimistas y plantea «distintos futuros posibles». No es la ‘España de las Maravillas’ de su ex Nadia Calviño, pero tampoco supera a una versión Marvel de Satya Nadella. Ausencia total de datos.
Para Carlos Cuerpo, se puede «evitar el efecto sustitución del trabajo» que anuncia la IA. De nuevo, aparece en el discurso de un miembro del Gobierno el empeño en que los robots no provoquen efectos en el empleo. La mejora en productividad debe llegar «a través de esta compartimentalización de tareas [sic], una complementariedad entre ambos factores [humano y artificial, se entiende]», dice nuestro críptico vicepresidente.
Cuerpo habla ahora de un mundo de tecnooptimistas y tecnopesimistas y plantea «distintos futuros posibles»
Es como si en los primeros días de internet, o tras el lanzamiento del iPhone, un miembro del Gobierno sostuviera que había que hacerlos compatibles con las Páginas Amarillas, los periódicos en papel, el fax y los sellos postales. ¡Compartimentalización! Cuerpo va más allá y, en nombre de Sánchez, anuncia «un nuevo contrato social en el ámbito de la IA», que se sustanciará en «un acuerdo tripartito con los agentes sociales que sitúe el diálogo social como un pilar central clave en este desarrollo tecnológico».
Poco antes la ministra Diana Morant había reflexionado en el mismo foro sobre el hecho de que la mitad de los 16.000 satélites que orbitan la Tierra… pertenecen a una sola persona. Vaya, sí, así es. Bienvenida al mundo real. Hace 18 años, Elon Musk estaba a unos días de la quiebra, y logró un contrato 1.600 millones de dólares la NASA para que SpaceX abasteciera de carga a la Estación Espacial Internacional. Compra innovadora, no subvención. Hoy tiene la llave de la conectividad satelital mundial.
El ámbito en el que se decide la competitividad de nuestra economía, donde se juega de verdad el futuro de la IA física, se ha quedado huérfano
El caso es que este acuerdo tripartito para patalear sobre la IA, mientras se anuncian vetos estatales a la apertura de centros de datos, se va a fraguar sin que haya una voz fuerte de la industria sobre la mesa. El ámbito en el que se decide la competitividad de nuestra economía, donde se juega de verdad el futuro de la IA física, se ha quedado huérfano, es una sombra shakespeariana en un país de tertulianos.
Cuando entro en una planta industrial, el primer impacto que suele producirme es, curiosamente, el del olor. En una del automóvil, por ejemplo, huele a soldadura, en una de bollería y panificación huele a horno de pan, otras huelen a grasa, a polvo en suspensión, a azufre en ocasiones, a pintura, a gas natural. Pero el acuerdo tripartito del que habla Cuerpo, de parte de Sánchez, es incoloro, inodoro e insípido.
El vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo
Eugenio Mallol es periodista especializado en innovación tecnológica, autor, conferenciante y columnista. En la actualidad es director de estrategia y comunicación de Atlas Tecnológico, el primer ecosistema de la industria 4.0 en España, y coordinador y analista de la Cátedra Ciencia y Sociedad de la Fundación Rafael del Pino.