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Análisis económicoJosé Ramón Riera

España necesita un 95 % más de gasto para crecer un 8 % por habitante

El crecimiento de este país se ha hecho gracias al gasto público, que se ha podido pagar gracias un incremento brutal de los impuestos. Aún así, no han sido suficientes y que se ha tenido que acudir a los mercados a pedir prestado, lo que nos ha llevado a un crecimiento galopante de la deuda

Escribía en este diario José María Rotellar, Director del Observatorio Económico de la Universidad Francisco de Vitoria, un artículo que me gustó mucho.

Decía textualmente: «Hay datos muy sorprendentes del consumo de los hogares y de la formación bruta de capital fijo cuando la tendencia de todos los indicadores es bajista» y continuaba: «La economía se sostiene en el corto plazo en una especie de huida hacia delante, espoleada por un gasto público de crecimiento exponencial, una deuda desorbitada». Y terminaba su artículo con: «España necesita reformas, no más gasto, déficit y deuda, ni más impuestos.»

Me hizo reflexionar porque yo llevo diciendo cosas muy parecidas desde hace mucho tiempo y, por ello, quiero dedicarle este artículo a José María Rotellar a quien considero uno de los grandes de este país junto con Daniel Lacalle, Bernaldo López de Quirós y Diego Barceló Larrán.

La idea de hoy es mostrarles que el crecimiento de este país se ha hecho gracias al gasto público, que se ha podido pagar gracias un incremento brutal de los impuestos, que no han sido suficientes y que se ha tenido que acudir a los mercados a pedir prestado, lo que nos ha llevado a un crecimiento galopante de la deuda.

Como señala Rotellar, nuestro crecimiento se sostiene únicamente sobre un grave problema: el «maldito gasto público». Este impulsa una subida brutal e insostenible de los «malditos impuestos», que reduce la capacidad de consumo de los hogares. Aun así, el Estado mantiene un déficit permanente que solo logra financiar mediante una deuda que se acerca peligrosamente a los 1,8 billones de euros.

Veamos los datos que he preparado:

Dado que el gasto público consolidado de todas las Administraciones Públicas no está todavía disponible, he tomado el dato de la Administración Central de Estado que nos muestra claramente lo que ha pasado. Los datos de la IGAE son inapelables: a cierre del primer semestre de 2018 la Administración Central tenía un gasto total de 92.463 millones, cifra que crece hasta los 180.194 millones en el primer semestre de 2026, lo que supone un incremento del gasto del 94,9 %.

Para pagar estos gastos, más la Seguridad Social, las Comunidades Autónomas y las Corporaciones Locales, la presión fiscal sobre el conjunto de la economía se ha tenido que disparar y el Gobierno en ningún momento, a pesar de que la

inflación ha subido un 26,4 % no se planteó deflactar las bases de retención del IRPF, ni tampoco las bases de cotizaciones sociales de los empresarios.

Así, la Agencia Tributaria ha conseguido recaudar un 89,7 % más de IRPF, que ha crecido desde los 34.571 millones en 2018 a los 65.587 en los 6 primeros meses del 2026, el Impuesto de Sociedades crece un 302,3 %, el IVA lo hace un 55,1 % y los Impuestos Especiales, es decir, los ligados al consumo como es el alcohol, la cerveza, los carburantes, el tabaco y el impuesto especial a la electricidad y a los plásticos, se ha paralizado, demostrando que el consumo que se puede controlar, los hogares lo han controlado porque no llegaban a final de mes.

Las cotizaciones sociales empresariales, debido a la subida de los salarios, han crecido un 63,8 %, drenando la capacidad de invertir de las empresas, por mucho que nos digan desde el INE que la Formación Bruta de Capital no para de crecer.

Pero, a pesar de este crecimiento casi exponencial de los ingresos del estado, la deuda ha pasado de 1,203 a 1,763 billones, lo que supone un incremento de un 46,4 %.

Esto ha permitido que el INE haya publicado, con la aceptación de Eurostat, que nuestro PIB Nominal crece un 46,5 %. Los datos muestran hasta qué punto el crecimiento nominal de la economía ha venido acompañado de una expansión extraordinaria del gasto público, de la recaudación y de la deuda: mientras el gasto de la Administración Central aumenta un 94,9 %, la deuda lo hace un 46,4 % y el PIB nominal un 46,5 %.

Pero el gran problema no está en esa economía que se utiliza para calcular los déficit y deuda en porcentaje sobre el PIB, sino en la economía real, que en 8 años solo ha crecido un 15,3 %, pero lo que afecta al ciudadano, que es el PIB per cápita en términos reales, solo crece un 8 %.

Esto es lo que se refiere Rotellar como un crecimiento moribundo, que languidece y que ante cualquier avatar que suceda en el mundo o en Europa, se puede llevar nuestro crecimiento a descarrilar como el AVE en Adamuz, o que una riada como la Paiporta se lleve gran parte de nuestra economía por delante, o que esta se queme como nuestros bosques sin limpiar.

Pero, por desgracia, esta es la situación en la que nos encontramos, una economía dopada por el gasto público, la deuda y los impuestos, sin contar que mucho de ese gasto es completamente ineficiente y que además no sirve absolutamente para nada o casi nada, salvo mantener puestos artificialmente, pagar a votantes cautivos y sostener unas pagas que no incentivan acceder al mercado laboral.

Éste es el resultado después de ocho años. Para que el PIB real por habitante avance un 8 %, el gasto de la Administración Central ha aumentado un 94,9 %, el IRPF un 89,7 %, las cotizaciones empresariales un 63,8 %, el IVA un 55,1 % y la deuda un 46,4 %. Cada uno puede llamarlo como quiera. Yo, desde luego, no lo llamaría un milagro económico.

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