Fernando de Rosa

Sánchez abandona de nuevo a Valencia

Muchos ciudadanos estamos preocupados con las probables lluvias torrenciales que podamos sufrir este otoño tras el caluroso verano que hemos padecido

El Gobierno de España es responsable de la nefasta gestión de las distintas catástrofes que hemos sufrido los españoles durante el sanchismo que nos gobierna. Muchas de estas catástrofes eran previsibles, por lo que, la no adopción de medidas de prevención, deben imputarse directamente a la indolencia socialista.

Basta echar la mirada atrás con rigor para comprobar la irresponsabilidad de quién nos gobierna. Así pues, hemos sufrido el mayor apagón de la historia de Europa sin que se nos de alguna explicación, incluso este verano en tres ocasiones la industria ha sufrido parada de flujo de energía. Estamos a la cabeza de hectáreas quemadas por incendios sin que nos hayan explicado porque tenemos menos aviones de extinción que en el gobierno de Rajoy, porqué eliminaron el plan para modernizar 10 aviones especializados en la lucha contra los incendios y donde han ido a parar los 1.500 millones de euros del «Plan Nacional de Adaptación al cambio Climático».

Después de ocho años Pedro Sánchez ha elaborado decenas de planes, estrategias, estudios, informes y han creado comisiones de expertos, pero nunca se ha puesto en funcionamiento ninguna medida que sirva para prevenir que las catástrofes, muchas de ellas imprevisibles, produzcan el menor efecto y daño posible.

Con respecto a Valencia, muchos ciudadanos estamos preocupados con las probables lluvias torrenciales que podamos sufrir este otoño, tras el caluroso verano que hemos padecido. Tras la riada de hace dos años, la conclusión que muchos hemos sacado es que los barrancos se desbordaron por falta de actuación de la Confederación Hidrográfica del Júcar, dirigida por un personaje siniestro como es Miguel Polo, que ha llegado a decir que «hubo muy poco margen de reacción ante el desbordamiento de los barrancos», cuando su responsabilidad era la vigilancia de los mismos y la prevención que evitara precisamente dichos desbordamientos.

La CHJ tenía metido en un cajón el proyecto de desvío del barranco del Poyo y la declaración de impacto ambiental. En cambio, este proyecto se consideró secundario porqué, según el gobierno de Sánchez, lo prioritario era cerrar presas y no construirlas.

Mientras la ministra Ribera y después la ministra Aagesen daban lecciones «pijoprogres» de ecologismo, no se ha licitado ni un metro de la presa de Cheste que protegería las avenidas de los barrancos que desaguan en la Albufera, ni la presa de Montesa pensada para retener el agua de forma temporal y frenar las riadas en la cuenca del río canyoles y del río Júcar. Los ingenieros de caminos han denunciado públicamente: «Las obras importantes que evitarían otro desastre siguen sin estar licitadas tras haber transcurrido dos años».

¿Y que ha hecho el gobierno socialista desde el fatídico 29 de octubre de 2024?, se ha limitado a anunciar. Ha anunciado un plan de 530 millones de euros que suena bien hasta que lees la letra pequeña: 335 millones son «para licitar», sin haberlo hecho aún, y 132 millones son para iniciar «proyectos maduros», que aún están más bien verdes. Es decir, nada ejecutado a estas alturas del año 2026.

No se ha invertido, aún, en prevención y se está trabajando en la reparación de lo destruido, lo cual es una gran necesidad, pero muchos nos preguntamos ¿Por qué no se está inviértenos con celeridad también en obras que eviten una nueva tragedia?. Muchos pensamos que de nuevo los «pijoecologistas» están imponiendo su relato, el mismo relato que impidió el desvió del barranco del Poyo, porque eran más importantes las «lechugas que las personas» como denunció el alcalde socialista de Aldaia en RTVV. Así pues, este ecologismo de salón está impidiendo las obras de construcción de presas y desvíos de barrancos y cauces como ocurrió con el desvió del río Túria, que incluso fue criticado por el que fue alcalde de Valencia Joan Ribó, de Compromís, por ser franquista.

Estamos en un momento de cambio climático, sin duda, pero esto no puede impedir que la CHJ no permita limpiar barrancos, que no se hagan presas o solamente se hagan muros en barrancos. Ya pudimos comprobar que la resistencia de la presa de Forata evitó una catástrofe inimaginable en las comarcas de la Ribera del Júcar, o el nuevo cauce del Túria que evitó la entrada de la riada en Valencia capital.

En unos pocos días empieza el otoño, y la época de lluvias torrenciales, por eso debemos exigir al gobierno de Sánchez, en el que por cierto está Diana Morant, que de forma urgente trabaje en la prevención construyendo escolleras, diques y presas que es lo que realmente salva vidas.

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