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Ojo avizorJuan Van-Halen

Ejército y normalidad en Ceuta

La situación en Ceuta sigue agravándose. Continúan los atentados contra la Policía, la Guardia Civil y vehículos y retenes militares, desautorizados para defenderse. Se queman vehículos, contenedores y se teme que el reciente incendio fuese provocado. Continúan las violaciones y las ofensas a los ceutíes

Mi vieja relación con Fraga me unió a su partido. Con 21 años había sido asesor de su gabinete en el Ministerio. Le seguí en muchas aventuras políticas y culturales, desde su etapa de profesor a su embajada en Londres, la fundación de AP, Galicia y el Senado donde coincidimos. Fraga unió a la derecha centrada, y el error estratégico de un sucesor suyo al frente del PP resquebrajaría aquella unidad.

Recurro a mi veteranía, no precisamente con fama de simplona, porque no entiendo que el PP no active la aplicación del artículo 102.2 de la Constitución para enjuiciar al presidente por «delito cometido por civil o militar que atenta contra la seguridad de la patria». Y con el Código Penal detrás. Vox lo apuntó. La votación presumiblemente se perdería, pero todos se habrían mojado. No sería una moción de censura; no vale barajar esos antecedentes. La actual es otra dimensión. Lo relevante es que la UE de la inútil doña Úrsula, y el mundo, valorarían la activación de esa fórmula constitucional contra una presunta traición desde la crisis que supone, háblese con los embajadores, una visión muy negativa de España en el exterior. Las naciones responden adecuadamente ante una invasión.

La situación en Ceuta sigue agravándose. Continúan los atentados contra la Policía, la Guardia Civil y vehículos y retenes militares, desautorizados para defenderse. Se queman vehículos, contenedores y se teme que el reciente incendio fuese provocado. Continúan las violaciones y las ofensas a los ceutíes. Hay espacios como El Tarajal, la playa de El Trampolín y muchos barrios por los que los ceutíes, sobre todo las mujeres, no transitan sin compañía. Tienen miedo. Hay quienes se plantean abandonar su ciudad; es el deseo de Rabat. Y los niños con vigilancia militar en los colegios. El Gobierno desampara a sus ciudadanos; lo son para pagar impuestos, pero no para garantizarles tranquilidad.

Mientras, grabaciones periodísticas muestran a los invasores relajados, divertidos, bromeando y convirtiendo los espacios ocupados en zocos. Todos en edad militar. Felices y a veces gritando «¡Viva Pedro Sánchez!»; es a quienes él escucha, no a los ceutíes. Los buenistas reiteran que deben defenderse los derechos de los invasores. ¿Y los derechos arrasados de los ceutíes? Desde su libertad de movimientos a su seguridad y a la defensa de su vida cotidiana. Eso no cuenta para necios que probablemente no han pisado aquella ciudad española.

También, a la vista de todos, salen lanchas rápidas con invasores hacia la península. Ni una patrullera para impedirlo. Ciertas ONGs, conocidas por sus adscripciones ideológicas, abastecen a los ocupantes de medios y de teléfonos; efectos llamada. Y de líquidos para fabricar cócteles molotov. Se debió controlar a esas organizaciones tapadera. Tampoco se ha hecho.

Muchos se tranquilizan con la instrucción judicial. El procedimiento durará años. Sánchez miró siempre para otro lado, y ahora, gran idea del bufón Puente, se instala a los invasores en el puerto, cerca de los barcos, junto a los depósitos de combustible y otros lugares críticos. Un Caballo de Troya. En lugar de expulsar a los invasores, los consolida tratándolos como inmigrantes llegados en pateras. Otro disparate de un Gobierno inútil al que un día se pedirán cuentas si hay dídimos para ello. No es una crisis migratoria, es una invasión. Nadie parece temer, con lo que estamos viviendo, un atentado, por ejemplo, contra los depósitos de combustible.

Por su urgencia, la normalidad ceutí no la traerá la Justicia. Deberían traerla las Fuerzas Armadas. Cumpliendo la Constitución. Cuando Sánchez reconoció que se había vulnerado la integridad territorial, asumía una situación de inmensa gravedad prevista en las leyes ante una invasión. La actitud de Sánchez, independientemente de Pegasus y de lo que tenga que ocultar por grave que sea, se acerca a la traición. El Ejército expulsaría a los invasores de inmediato y sin problemas; la avanzadilla marroquí sabe para qué permanece en la ciudad. Ceuta, entonces sí, recuperaría la normalidad. Mientras, la cúpula militar sin dimisiones; parece que se planteó una, pero se retiró. Un plante general de esa cúpula hubiese resultado decisivo dado el disgusto del Ejército. Recordemos a Prim: «La caja o la faja». Hay situaciones en las que la dignidad exige optar.

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