Fundado en 1910
en primera líneaJuan Van-Halen

No fue posible la paz

El golpe del 18 de julio de 1936 es entendido por muchos historiadores como una reacción ante el riesgo inminente de que las amenazas de la izquierda radical se cumpliesen, como se había intentado dos años antes en Asturias. El golpe del 18 de julio, al fracasar, desembocó en la Guerra Civil

Entre mis curiosos recuerdos figura mi intervención en una tertulia radiofónica sobre el inicio de la guerra civil. Coincidí con un catedrático de Historia, hombre de izquierdas. Aseguró que la izquierda había aprendido mucho de la revolución de Asturias. Se refería al golpe de Estado de socialistas, comunistas y sindicalistas en 1934 contra el Gobierno legítimo de la República que había ganado las elecciones de noviembre de 1933 con una mayoría de la CEDA, la coalición derechista encabezada por José María Gil Robles.

ep

El Debate (Asistido por IA)

La izquierda radical y los sindicatos amenazaron con disturbios si entraban cedistas en el Gobierno pese a haber ganado las elecciones; la mayoritaria CEDA, para no exacerbar los ánimos, a estas alturas pienso que se equivocó, optó por apoyar al Partido Republicano Radical, y su jefe, Alejandro Lerroux, presidió el Gobierno. La obstrucción al partido que gana las elecciones no la concebíamos desde la recuperación de la democracia hasta el plante de Sánchez. Pero ocurrió.

Casi un año más tarde, dos días después de nombrar Lerroux a tres ministros de la CEDA, lo que era democráticamente normal. la izquierda radical cumplió su amenaza. Convocó una huelga general revolucionaria e intentó un golpe de Estado. El seguimiento fue escaso. En Cataluña el presidente de la Generalidad, Luis Companys, proclamó el «Estado catalán» que el general Batet sofocó a cañonazos. Otros focos golpistas no pasaron de escaramuzas. Pero en Asturias triunfó el golpe de la izquierda radical y corrió la sangre. Se sofocó con la intervención del Ejército coordinada desde Madrid, por orden del Gobierno, por el general Franco.

El golpe había sido aderezado desde la prensa de izquierdas. El Socialista, órgano oficial del PSOE, amenazaba el 27 de septiembre de 1934: «Tenemos nuestro ejército a la espera de ser movilizado». Y tres días después, el 30 de septiembre: «Nuestras relaciones con la República no pueden tener más que un significado: el de superarla o poseerla». El 6 de octubre, estalló la revolución.

En Asturias se produjeron cerca de 2.000 muertes entre guardias civiles, soldados, guardias de asalto, carabineros, y 35 sacerdotes, además de graves daños en la catedral de Oviedo, la Universidad y otros edificios históricos. Algunos historiadores consideran aquel golpe como el prólogo de la Guerra Civil. La revolución de Asturias contra el gobierno por ser de centro-derecha hizo proclamar al intelectual republicano Salvador de Madariaga: «Con la rebelión de 1934 la izquierda española perdió hasta la sombra de autoridad moral para condenar la rebelión de 1936».

Insistió el profesor tertuliano en considerar la Guerra Civil y la creciente violencia anterior como un episodio más de la situación europea entre la Gran Guerra y la II Guerra Mundial y se mostró convencido de que la República estaba condenada a perecer por un «golpe fascista». Pero los periódicos de la época demuestran que, tras la oscura y aún discutida victoria electoral del Frente Popular en febrero de 1936, desenmascarado el manejo muchos decenios después por los llamados 'Papeles de Alcalá Zamora', perdidos tantos años, lo que se temía era el anunciado golpe de la izquierda radical que se preveía para agosto de 1936. Alcalá-Zamora, presidente, y Azaña, jefe del Gobierno, se inventaron un saqueo de votos en la llamada Comisión de Listas que presidió Prieto en las Cortes; todo quedaba en casa. El socialismo cada vez le hacía más el juego al comunismo. Luego Largo Cabalero y Negrín fueron títeres de Stalin.

Proclamaba Largo Caballero: «La clase obrera debe adueñarse del poder político convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo». «Ahora, después del triunfo, se precisará salir a la calle con un fusil al brazo y la muerte al costado». «Si los socialistas son derrotados en las urnas irán a la violencia». «Si triunfan las derechas tendremos que ir a la Guerra Civil declarada». No se produjeron declaraciones, ni parecidas, desde la derecha. Alcalá-Zamora y Azaña se amedrentaron con las amenazas socialistas y de ahí el pucherazo en las elecciones de febrero. Temían más a la izquierda radical que a una no descartable reacción del Ejercito, posibilidad de la que el general Franco había advertido al presidente.

Margarita Nelken, diputada socialista y pronto comunista, hoy con calles en no pocos municipios, anunció en Moscú, en 1936: «Vamos a cumplir lo pactado: la supresión del Ejército y la inmediata reorganización del mismo a base de la separación de todos sus jefes, generales y oficiales». Programa nada tranquilizador para el estamento militar.

El golpe del 18 de julio de 1936 es entendido por muchos historiadores como una reacción ante el riesgo inminente de que las amenazas de la izquierda radical se cumpliesen, como se había intentado dos años antes en Asturias. El golpe del 18 de julio, al fracasar, desembocó en la Guerra Civil. El pueblo se dividió en dos. Es una falacia decir, como algunos dicen, que de una parte estaban los militares y los señoritos y de la otra el pueblo; porque no fue así la guerra duró tres largos años. El pueblo estaba en ambos bandos.

El título de uno de los libros sobre aquel tiempo, No fue posible la paz, de José María Gil Robles, al que traté y era Historia vivida, encierra una gran verdad. La izquierda radical, en la que se ha situado el sanchismo, es capaz de todo. Ya condujo a una Guerra Civil. Confiemos en que España no se enfrenta a otra tremenda prueba.

  • Juan Van-Halen es escritor y académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando
comentarios

Más de En Primera Línea

tracking

Compartir

Herramientas