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Ojo avizorJuan Van-Halen

El asesino de Lorca, Maíllo y algo más

Se cumplen noventa años del asesinato de Federico García Lorca. Quienes hayan tenido la paciencia de seguirme desde hace años, si es que existen, conocen mi fervor lorquiano. A su obra he dedicado no pocas páginas. Cuando en 2019 conmemoramos el centenario de su llegada a Madrid se habló del tema en un Pleno parlamentario. Un periodista manipuló mi intervención, nunca supe si por mala baba o porque no se enteró. Los que le siguieron en algunos medios tuvieron que rectificar a la vista del acta de aquel Pleno.

Lorca era un intelectual puro. Nunca optó públicamente por una ideología. Siempre me mostré contrario a la apropiación partidista de otras figuras. Así el caso de Clara Campoamor, artífice del voto femenino, enfrentada en las Cortes republicanas a la socialista Victoria Kent y a un importante sector del PSOE contrario al voto de la mujer. Al inicio de la Guerra Civil, Clara Campoamor se exilió porque vio peligrar su vida en Madrid. Sin embargo, el PSOE se ha apropiado de su figura. A mi juicio, eso debe evitarse con Lorca.

Preguntado Lorca por sus preferencias políticas, contestó que se sentía a la vez «católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista y monárquico». Nunca se afilió a un partido. Tenía amistades en todos. Era amigo de José Antonio Primo de Rivera, cuya afición a la poesía es conocida. En una conversación con un joven Celaya, Lorca le contó, en marzo de 1936, que cenaban juntos todos los viernes.

La muerte de Lorca generó muchas especulaciones. Ramón Ruíz Alonso, exdiputado de la CEDA que inmediatamente se vistió camisa azul, enemigo de los hermanos Rosales, dirigentes del falangismo granadino, por haberse negado a afiliarle antes de la guerra, aprovechando la ausencia de José, Pepiniqui, el hermano mayor, comandó el grupo que detuvo a Lorca en casa de los Rosales, íntimos amigos que lo acogían, y lo trasladó al Gobierno Civil. Cuando José Rosales fue a exigir la libertad del poeta, incluso desenfundó la pistola, el gobernador civil, el tristemente célebre comandante Valdés, le tranquilizó. Pero Lorca, por orden de Valdés, fue trasladado a Víznar y asesinado. Sobre aquel episodio escuché el relato de Luis Rosales, mi amigo; no solía hablar del tema. Félix Grande, amigo del alma de Luis y nada derechista, en su libro La calumnia cuenta lo que no se sabía, y hace justicia a los Rosales.

Juanma Moreno, presidente andaluz, reivindicó el legado poético de Lorca y su figura, y Antonio Maíllo, coordinador de IU y militante del Partido Comunista, le replicó recordándole sus pactos «con los herederos de sus asesinos» supuestamente refiriéndose a Vox. No hay base real para considerar quiénes son herederos de los asesinos de Lorca, y menos un partido inexistente antes de la democracia, pero es históricamente inapelable que Maíllo, como comunista que es, ahora tras la máscara de IU, es heredero de los autores de millones de asesinatos del comunismo en el mundo.

El libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión (1997), publicado inicialmente en Francia, escrito por investigadores europeos y editado por Stéphane Courtois, director de investigación del Centro Nacional para la Investigación Científica, institución pública francesa, es un documentado estudio sobre la represión política en los países comunistas que incluye «genocidios, ejecuciones extrajudiciales, deportaciones y muertes en campos de trabajo y hambrunas creadas artificialmente».

El estudio ha sido traducido a numerosos idiomas, con millones de ejemplares vendidos. Es uno de los libros más influyentes sobre el comunismo en el siglo XX. Utilizó por primera vez documentación desclasificada de los archivos del KGB. Estima en cerca de 100 millones los asesinatos del comunismo en el mundo. El comunismo movilizó a los suyos contra el libro y, como respuesta, el académico Jean-François Revel dedicó tres capítulos de su libro La gran mascarada a refutar a los críticos

Maíllo, además, podría acordarse de las víctimas del Frente Popular en España. Le recuerdo, por si padeciese amnesia, tres intelectuales asesinados por los comunistas: Pedro Muñoz Seca, Ramiro de Maeztu y Víctor Pradera. Supongo que le suenan. Hay muchísimos más. Ya escribió Semprún, intelectual y antiguo miembro del Comité Central del PCE, que la mentira va unida a la historia del comunismo. Él sabría por qué.

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