Fundado en 1910
GaleanaEdurne Uriarte

Ahora lo llaman reaccionario

Ahora la izquierda defiende al plagiador Jason Arday y llama reaccionario a quien denuncia la mentira y el fraude

Luis Ventoso contó hace unos días en estas páginas la historia de Jason Arday, el profesor de Cambridge que ha aparecido muerto, presuntamente suicidado, tras ser despedido por haber plagiado su tesis doctoral. Pero no solo había copiado su tesis, también se ha descubierto que toda su biografía era una gran mentira, desde el supuesto autismo infantil, hasta los varios cánceres sufridos o los maratones benéficos que decía haber corrido. Un increíble montaje de mentiras en el que cayó también Cambridge, que presumió de haber contratado al profesor negro más joven de su historia.

Pero si esta trama de fabulación y engaños es extraordinaria, lo es aún más la reacción de la izquierda, que lejos de lamentar y condenar el fraude de Arday, lo que ha hecho es acusar a la «derecha reaccionaria» y hasta responsabilizarla de su suicidio. En otras palabras, que el culpable no es el defraudador sino el que lo denuncia; y no solo es culpable, además, es un reaccionario. Y es que Jason Arday era negro y de orígenes humildes, razones que al parecer le habrían otorgado el derecho a mentir, engañar y plagiar la tesis doctoral. Brutal, pero cierto, porque son relevantes los artículos de la prensa de izquierdas española, no solo británica, que han defendido a Arday y han arremetido contra lo que llaman derecha reaccionaria por haber denunciado su fraude.

Es una muestra más de la deriva identitaria e iliberal de la izquierda, de un grado que me asombra también a mí misma. Y eso que acabo de publicar un libro, La Batalla de las Palabras para una Nueva Derecha, que analiza precisamente esto, y que muestra cómo la izquierda aplica obsesivamente los apelativos de facha, ultra y reaccionario a todos aquellos que cuestionen sus ideas. Y que recuerda cómo la izquierda defendió a Pedro Sánchez tras demostrarse el plagio de su tesis doctoral o cómo ha sostenido las llamadas políticas de diversidad, que han discriminado sistemáticamente a los estudiantes con mejores expedientes.

Pero la deriva escala día a día, a medida que lo hace la protesta contra esas prácticas. Y es así como pasa la izquierda de defender la igualdad de raza, clase social o sexo a justificar cualquier discriminación, abuso o engaño en nombre de la raza, la clase social o el sexo. Y el caso de Jason Arday es un tremendo ejemplo, con la izquierda justificando nada más y nada menos que el plagio de una tesis doctoral. El ascenso del disparate ético mina poco a poco, eso sí, la tradicional fuerza del lenguaje izquierdista, ese que divide el mundo entre los progresistas y revolucionarios y los ultras y reaccionarios.

Cuando conviertes a un mentiroso patológico y plagiador de su tesis doctoral en tu referente y llamas reaccionarios a quienes exigen la verdad y la honradez académica, parece evidente que la palabra reaccionario queda muy devaluada. Si lo de fachas y ultras ya causa incluso risa entre los señalados, lo de reaccionario provoca estupor. Lo que no desanima por el momento a la izquierda en su uso, como muestra el vocabulario de la izquierda nacional. A Jason Arday son capaces de hacerle un monumento, pero antes ya defendieron con el mismo ardor el plagio de Pedro Sánchez o las irregularidades de la tesis doctoral de Carlos Cuerpo.

comentarios

Más de Edurne Uriarte

Últimas opiniones

tracking

Compartir

Herramientas