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GaleanaEdurne Uriarte

El comunista compungido

La habitual anomalía democrática con el comunismo: aplausos y reivindicación del pasado asesino y del presente dictatorial

Este martes pasado los separatistas aplaudían con las orejas el éxito de la iniciativa de Sumar en el Congreso para despenalizar los ataques a España y sus instituciones, a las víctimas del terrorismo y a los sentimientos religiosos. Una iniciativa que cuenta, por supuesto, con el apoyo de ese Partido Socialista radicalizado y entregado al nacionalismo. Esa es la parte más grave del asunto, pero hay otra que tiene también un profundo simbolismo y que explica muy bien el preocupante estado del debate democrático en España y en Europa. Y es que lo anterior es una iniciativa de los comunistas y fue defendida por un comunista, por Enrique Santiago, secretario general del Partido Comunista de España.

Una proposición de ley en defensa de la libertad de expresión, lo han llamado los comunistas, que es algo así como una proposición de ley en defensa de la diversidad étnica firmada por un partido nazi. Tanto Vox como PP presentaron enmiendas a la totalidad, como no podía ser de otra manera. Manuel Mariscal recurrió a la ironía: «Todo un comunista defendiendo la libertad de expresión, ¿qué va a ser lo siguiente, defender la propiedad privada?», y Cayetana Álvarez de Toledo destacó la brutal contradicción de que hable de libertad un comunista defensor de la dictadura cubana y del chavismo y asesor de las FARC, además de recordarle los cien millones de víctimas del comunismo.

Sin embargo, Enrique Santiago no se sintió ni mucho menos concernido por tales contradicciones. Él se sintió insultado, que es lo que respondió; le faltó llorar un poco. ¿Cómo se atreven ustedes a insultar así al glorioso comunismo? replicó afligido, y añadió algunos vivas al comunismo que recibieron los aplausos de su bancada, pero también de una parte llamativa de la bancada socialista. Esta es la tragedia de la democracia que sigue vigente en Europa y también en América. Lo que sería inconcebible para un partido fascista o nazi sigue siendo la normalidad para un partido comunista: aplausos y reivindicación del pasado asesino y del presente dictatorial.

El comunismo español se refugia para lo anterior en su condición de perdedora de la guerra y víctima de la dictadura, con lo que se permite seguir apoyando las dictaduras comunistas pasadas y presentes, además de los terrorismos de extrema izquierda. Y como un contexto cultural europeo dominado por la izquierda normaliza la barbaridad democrática anterior, así seguimos, con la defensa del totalitarismo comunista como parte cotidiana de las democracias.

Y lo anterior pasa en toda Europa Occidental y en América, pero en nuestro caso se une la alianza de los comunistas con los separatistas para atacar los símbolos del Estado y de la nación. Ninguno de ellos tiene el más mínimo interés en la libertad de expresión, por supuesto, sino interés en la libertad para atacar y destruir todo aquello que desprecian y odian. Imaginen que algunos se toman al pie de la letra la proposición comunista y empiezan a quemar ikurriñas y senyeras, por ejemplo, y ya verán qué rápidamente exigen la persecución penal de los autores. Lo trágico es que esto sea apoyado por el socialismo que se dice democrático y español.

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