GaleanaEdurne Uriarte

La nación rojigualda

Sánchez, por favor, no viajes a Nueva York, que te falta sentido del humor, además de sentido de nación

Aunque perdamos la final, y no lo creo, tras la exhibición ante Francia, la selección ya ha conseguido grandísimos logros, en lo deportivo y en lo social. De lo deportivo ya han hablado mis colegas. De lo social han hablado los pueblos y ciudades de España el martes por la noche. Con esa celebración apasionada de nuestra selección desde un profundo sentimiento de nación, de nación rojigualda. El fútbol es mucho más que fútbol, es identidad y es nación, a veces para lo malo, pero en general para lo bueno.

Aficionados españoles en Dallas

Aficionados españoles en DallasEFE

El martes la nación volvió a ganar a los que quieren reducirla a un Estado, como si no hubiera una identidad común española que nos une, como lo ha vuelto a demostrar el fútbol. Hace tiempo que tengo escrito mi temor a que acaben llamando selección estatal a nuestra selección, alerta con la que me curo en salud por lo que en su tiempo no llegué a valorar adecuadamente, no vaya a ser que la realidad vuelva a contradecir mi optimismo. Me refiero al asombroso éxito que ha tenido el uso del adjetivo estatal para sustituir a nacional. Esto lo inventaron los nacionalistas vascos y catalanes, los que llamaban miss estatal a miss España o hablaban del «tiempo que hace en el resto de Estado», y yo me reía del ridículo de los autores.

Pues he aquí que yo me reía, pero que gente nada sospechosa de tener problemas con nuestra nación utiliza cada vez más el adjetivo de los nacionalistas con toda tranquilidad y en todo tipo de contextos. Es el adjetivo preferido de personas como Rufián, que, antes del partido de España, dijo que iba con la selección «porque hay ocho catalanes», o el adjetivo del PNV, al que no se le ocurrió mejor cosa el martes que colgar en su cuenta de X una foto con jugadores vascos y la reivindicación de la Euskal Selekzioa, para que quedara claro que ellos no iban con España. Luego, el vasco Mikel Oyarzabal metió el primer gol y el vasco Unai Simón estuvo estupendo en la portería y se les agrió la noche, con los vascos celebrando la victoria. Eso sí, con cuidado de no salir a la calle con la camiseta de la selección, al menos con la primera equipación, la que tiene la bandera, no vaya a ser.

Hay países que no tienen nuestro debate, países donde el patriotismo y la nación se fusionan con su selección nacional, sin traumas y sin antipatriotas. Como mucho, se pelean por ponerse la bandera de la selección, que es lo que pasó en Colombia cuando el nuevo presidente electo De la Espriella se pasó la campaña electoral con la camiseta de la selección y la izquierda le reprochó que intentara apropiarse de ella. Que es lo que hace también la izquierda española los días en que no está despreciando a los de «las banderitas y las pulseritas».

La nación rojigualda que celebró nuestra victoria el martes también quiere sentido del humor, como bien ha pedido Mariano Rajoy en estas páginas. Mira, Macron, que ocurrírsete recibir a Pedro Sánchez y sus quejas sobre Rajoy el día del partido, han reído los españoles, que ahora piden, por favor, Sánchez, no viajes a Nueva York, que te falta sentido del humor, además de sentido de nación.

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