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GaleanaEdurne Uriarte

El Mundial y nuestra bandera ausente

El revelador contraste entre los jugadores con las banderas autonómicas en Nueva Jersey y los españoles con la bandera nacional en las calles

En España tenemos un problema con nuestros símbolos nacionales y el Mundial ha sido la enésima muestra. Me refiero al llamativo contraste la noche del domingo entre la multitud de banderas nacionales que los españoles ondeaban en las calles y plazas de España para celebrar nuestro gran triunfo y las banderas autonómicas, o locales, que sacaron algunos jugadores en el césped de Nueva Jersey.

No creo que hubiera un solo español que celebrara el triunfo con su bandera autonómica, y menos con la de su pueblo, pero he aquí que varios jugadores salieron con ellas, y ni uno solo lo hizo con la bandera nacional. Un contraste revelador. Como si hubiera ganado la selección de Andalucía, o la de Canarias, o la de Extremadura, que fueron algunas de las que lucieron. Algún jugador se puso la de su pueblo, pero ni uno solo se puso la bandera nacional la noche del triunfo. Que cada uno se ponga lo que le da la gana, dirán algunos, y sí, la libertad en primer lugar, pero siempre que lo hagan sin temor al rechazo o, peor, al linchamiento público. Que se lo digan, si no, a Ferrán, que se puso la bandera nacional en la celebración de Madrid, y la gorra con el Make Spain Great Again, y ha sufrido una brutal campaña de ataques por parte de la izquierda.

Un país donde los jugadores de la selección evitan la bandera nacional para no ser rechazados es un país donde hay un grave problema con sus símbolos, es decir, con su identidad y con su sentimiento de comunidad y de nación. Y no es un problema de los jugadores, porque comprendo su temor. Sus consejeros y representantes les aconsejan que eviten los debates políticos, que se limiten a declaraciones, fotografías o símbolos estrictamente futbolísticos o del ámbito personal. Pero el anterior consejo debería excluir los símbolos nacionales en un país con plena libertad y una cultura democrática sana. Y no es nuestro caso.

El contraste entre los españoles y los jugadores fue tan enorme, que, al día siguiente, algunos sí se pusieron la bandera nacional para la celebración en Madrid. Llorente y Baena la unieron a la bandera del Atlético de Madrid, alguno como Víctor Muñoz vistió un sombrero con la bandera, y Luis de la Fuente se puso la bufanda. Pero el gran líder, el que rompió todas las barreras del miedo, fue Ferrán Torres, que se envolvió con la bandera nacional y demostró el otro lado de esta historia. Y es que la nación y sus símbolos necesitan líderes, y no solo lideres políticos, también líderes sociales, intelectuales o deportivos. Y Ferrán lo fue y supo conectar con una sociedad española que sí estaba celebrando el Mundial con nuestros símbolos nacionales.

Como bien ha recordado el director de este periódico, Bieito Rubido, el Gobierno montó poco menos que un incidente diplomático por la ironía de Rajoy en una columna, pero no ha dicho una sola palabra en defensa de todos los españoles atacados en Cataluña, País Vasco y Navarra por vestir la camiseta de España o llevar la bandera nacional. Éste es el grave fondo de esta historia y de este problema de falta de libertad para expresar, vestir y defender nuestros símbolos nacionales. Y Ferrán Torres no solo nos ha dado un Mundial, también la fuerza del liderazgo contra esa falta de libertad.

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