Sin ruidoJorge Brugos

Mazón es un muñeco de vudú

Al expresidente de la Generalitat Valenciana ya lo mataron políticamente; ahora buscan su erradicación civil

Da pena ver a Carlos Mazón. He visto a delincuentes de sangre salir de su primer permiso penitenciario con más empaque que el expresidente de la Generalitat Valenciana. A un criminal lo juzgan una sola vez; a él, varias. Esa vieja garantía que prohíbe sentenciar dos veces al reo por el mismo delito se ha convertido en papel mojado: la justicia política no se rige por la jurisprudencia civil. A Mazón ya lo mataron políticamente; ahora buscan su erradicación civil. Ya pagó por lo ocurrido en aquel fatídico octubre de 2024, víctima también de ese destino voluble que lo premió por estar en el lugar adecuado en el momento preciso, para terminar colocando su semblante donde jamás debió haber estado. El éxito y el fracaso los deciden, a veces, pequeños e inclementes destellos existenciales.

Mazón siempre estuvo en el foco. Cuando lo era todo, los alicantinos le hacían reverencias al pasar. Ahora, convertido en caricatura para la izquierda, lo han encumbrado a la picota para ensañarse con él como con un muñeco de vudú. Pero no nos engañemos: las heridas que le infligen a Mazón buscan desangrar a Alberto Núñez Feijóo. Y mientras al expresidente lo rozan con picotazos, al que están acribillando a cuchilladas es a Juanfran Pérez Llorca.

Cada vez que se presencia el linchamiento de Mazón en una comisión parlamentaria, en Génova 13 se pueden preguntan si es buena idea nombrar candidato para 2027 al exalcalde de Finestrat. Al escoger a la mano derecha del expresidente como sucesor, le regalaron a la izquierda la facultad de resucitar el cadáver. Jesucristo lloró instantes antes de devolver la vida a Lázaro; la izquierda, en cambio, soltó una victoriosa carcajada al devolver a la circulación el fantasma de la gestión de la DANA. Si Feijóo quiere tener opciones, debe mandar de vuelta a la tumba el espíritu de aquel gobierno encarnado hoy en Pérez Llorca. Se habla de buscarle a Francisco Camps un escaño en el Senado como premio de consolación; quizás podría ser Juanfran quien marchara prematuramente a ese cementerio de elefantes. Mientras no metan el vino en odres nuevos, ni Mazón descansará ni el PP volverá a beber de la copa de los que tienen el poder.

Imagen de Carlos Mazón tomada este lunes en el Congreso

Imagen de Carlos Mazón tomada este lunes en el CongresoJesus Hellin/STUDIO MEDIA 19

Las comisiones de investigación donde lapidan al expresidente son un calvario para el PP, pero una fiesta litúrgica para el PSPV. A diferencia de la derecha, propensa a la improvisación y al tropiezo, la izquierda no deja nada al azar: ellos prefieren orientar las velas del destino. Cabe preguntarse cuándo las comisiones legislativas dejaron de ser un órgano de control para transformarse en este esperpento teatral donde hacen méritos jóvenes promesas de la gesticulación. ¿Qué sería de Gabriel Rufián sin estos escenarios? Seguiría siendo aquel modesto ilusionista de la impresora. Convertido en diputado de sí mismo, dedica el circo público a encumbrar su figura denigrando a los demás.

Es verdad: Carlos Mazón tendría que haber dimitido el día después de la riada. Pero Rufián hace años que debería haber abandonado el escaño por falta de decoro.

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