La pluma y la espadaJosé Luis Monroy Antón

Necesidades básicas

Empecé hablando de la vivienda, continué con la corrupción urbanística y termino enfrascado en el canibalismo. Es lo que tiene el siglo XXI: todo está relacionado

Desde hace varias semanas, la atención informativa está siendo monopolizada por el campo semántico de la vivienda. Inquilinos, propietarios, inmobiliarias, desahucios, acampadas, gobierno… Una cuestión nada novedosa que parece ser el principal problema de la sociedad española según vierten algunas encuestas y debates televisivos.

La vivienda como necesidad básica. No hay casas para todos y la solución aportada es la elaboración de un Real Decreto. No voy a entrar en el debate actual (para eso pueden ustedes consultar otras secciones de este diario u otros medios de comunicación). Voy a volar hasta 2011 y recordar la serie «Crematorio», espléndidamente interpretada por José Sancho en el papel de Rubén Bertomeu, el protagonista. Está basada en una novela del mismo título del año 2007, escrita por Rafael Chisbert (Tavernes, 1949- Beniarbeig, 2015). Aunque, según el autor, la serie transita por unos caminos diferentes a la novela -haciendo de esta una trama policiaca y de misterio para mantener el interés desde el lenguaje televisivo-, el pilar en el que se apoya es el de la corrupción empresarial y urbanística de Valencia. La historia de Rubén y su familia, sus interioridades, éxitos y miserias tienen el punto de partida en un crematorio clandestino de caballos que eran utilizados como transporte de droga desde América. La muerte como metáfora de lo que rodea todo el negocio de Bartomeu: el crematorio en la serie, y la situación que da comienzo a la novela: la muerte de Matías, hermano de Rubén. Urbanismo, corrupción y muerte, un trío perfecto para una buena novela de género policíaco.

La muerte, el personaje invisible y contundente clásico de la materia narrativa policial. La muerte, como requisito indispensable para la vida. Y el final de esta, que en la novela/serie es en un crematorio, o que podría ser en una sala de despiece. Esta última es la alternativa que nos propone Agustina Bazterrica (Buenos Aires, 1974) en su novela «Cadáver exquisito» (2018), que tal vez algunos de ustedes hayan tenido el placer de degustar. La historia nos sitúa en una sociedad distópica en la que existen granjas donde se sacrifican seres humanos para ser consumidos por otros seres humanos. El alimento, necesidad básica. Si dejan de leer el artículo en este punto se equivocarán, porque lo habrán interpretado igual que la gran mayoría que interpreta la novela como un producto extravagante y desagradable. La mayoría de los comentarios que he oído y leído sobre ella es que «va de canibalismo». Resumen simple y descafeinado de lo que en realidad es un híbrido Huxlewelliano (entre Huxley y Orwell, para entendernos). La necesidad de comer carne humana en la novela no nace de una desviación en los gustos culinarios o de una espiral de barbarie ante una necesidad imperiosa de alimentarse, sino de una imposición desde el gobierno ante un problema de salud pública derivado del contagio animal y transmitido a los humanos (suena próximo, ¿verdad?). Los personajes viven alienados en ese mundo que les proporciona de todo, hasta carne libre de peligros -la de mamíferos como ellos-, y el único que se debate entre sentimientos alejados del normativismo es el protagonista, que se cuestiona, como lo han hecho todos los filósofos y pensadores desde la antigüedad, la trascendencia de la vida, su liviandad, su escaso valor para los poderosos salvo que les aporte un beneficio. Se equivocan quienes piensan que «Cadáver exquisito» es una novela sobre canibalismo. El gusto culinario es solo un vehículo, potente y radical, que conduce a los lectores a un espacio incómodo de preguntas sin relación alguna con dichos gustos o con la monstruosidad del acto. Cuando críticos, lectores, autores, debaten -casi pontificando- sobre transgresión en la creación literaria, yo remito a obras como esta, que abren en canal al ser humano y colocan pistas falsas en forma de argumento o escenas narrativas para que los verdaderamente lúcidos evisceren lo accesorio y accedan al interior del alma de la historia, del alma de los personajes. El alma de este relato es la decadencia, la soledad, la rutina, el dominio de la voluntad humana por parte de sus gobernantes. Y la regresión. La regresión hasta un estado de homínido, pero con todas las garantías de calidad del progreso y libres de contagio. Lean esta novela. Les revolverá las tripas y el espíritu.

Es momento de terminar. ¿Qué les ha parecido?: empecé hablando de la vivienda, continué con la corrupción urbanística y termino enfrascado en el canibalismo. Es lo que tiene el siglo XXI: todo está relacionado.

Temas

comentarios

Más de José Luis Monroy

tracking

Compartir

Herramientas