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LiberalidadesJuan Carlos Girauta

Ojalá pudiera atribuirlo a la estupidez

Ni lo sé ni me lo explico, pero lo han hecho a lo grande, en dos portadas nacionales. Movimiento claramente coordinado (y contraproducente) que reaviva el recuerdo de un sonado y conocido error

No son desde luego los más cortos, ni los más ajenos a la atención de Feijóo. Y sin embargo han decidido repetir el error del año 23: vuelven a presentar a Vox como una operación anti PP. Así que han roto por las bravas la nueva atmósfera que, de manera más o menos implícita –y sin perjuicio de desmarcarse al defender puntos del ideario de cada cual– estaba dando unas espectaculares expectativas demoscópicas a la única alternativa posible al sanchismo. Lo normal cuando sumas dos espacios que solo se solapan en parte, que defienden programas distintos, pero de cuyas prioridades compartidas dan fe los gobiernos autonómicos desde que se priman los objetivos que unen.

¿Por qué Cayetana y Albiol han roto tal tesoro estratégico? Ni lo sé ni me lo explico, pero lo han hecho a lo grande, en dos portadas nacionales. Movimiento claramente coordinado (y contraproducente) que reaviva el recuerdo de un sonado y conocido error. Esa debería ser la última piedra en la que cupiera imaginar al PP tropezando. Sin embargo, se diría que han ido a buscar la piedra, a desenterrarla, a ponérsela delante y, una vez presentes El Mundo y La Razón, una vez esgrimido el bolígrafo por aquellos que pueden imponer los titulares de portada, han procedido al deliberado tropiezo. Inexplicable, en efecto. Nos obliga a recurrir al célebre comentario de Jorge Luis Borges sobre los peronistas. Ni buenos no malos: incorregibles.

Sin motivo, a traición, han desviado los focos para que no iluminen el contagio barcelonés del progresismo saqueador de comercios, la extensión de un islamoizquierdismo amigo de lo ajeno que viene a sustituir a los progresistas en Occidente. Que no se vean Ceuta, la corrupción, las milicias sanchistas al reventar los actos de Vox por todo el territorio nacional; ni que el régimen ha abandonado las leyes y pugna por importar precipitadamente a España el modelo de destrucción francés; que rompen la baraja; que está asomados los ciudadanos al abismo de un mundo sin paz civil. Ahí estaba dirigido el foco y ahí debía seguir. No por conveniencia, sino porque desde el lado salvaje se amenaza como nunca antes nuestra libertad y nuestra prosperidad.

Pero Cayetana y Albiol, las dos grandes apuestas de Feijóo –a quien no quiero imaginar azuzándolos pero tampoco ignorando completamente su operación suicida, pues ambas posibilidades son catastróficas– prefieren entonar el canto guerrero, proclamar que el crecimiento de Vox no procede de sus méritos sino de una decisión de Sánchez y del PSOE. Sánchez y su partido serían tan poderosos como para lograr, por sí, que el mayor partido de la oposición se congele en la demoscopia, que no crezca absolutamente nada en tres años. Tan poderosos como para haber obtenido –a saber por qué, y sin que cuente la capacidad de Abascal– el crecimiento sostenido, consistente y robusto de Vox. Ojalá pudiera atribuirlo a la estupidez, pero no puedo porque los conozco a ambos y me consta que no es el caso.

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