Hombres de poca fe
Nuestra seguridad sí la amenaza Sánchez, y ése es uno de los problemas que vamos a tener entre esta semana y el fin de la campaña. Quizá incluso en la jornada de reflexión, a lo 13-M, y hasta en la jornada electoral, siguiendo el modelo de las peores dictaduras iberoamericanas
¿Lo veis, descreídos? No, el TC no ha admitido el recurso de amparo del Defensor del Pueblo. Os habéis engañado con la leyenda de infalibilidad de Sánchez, con el eterno as en la manga que le atribuís, con vuestro fatalismo deprimente y estéril. Si conocierais al tipo, si supierais los pocos recursos que en realidad le asisten, si os asomarais un segundo a su vacío intelectual y moral, comprenderíais. Se respeta el poder con miedo reverencial, aunque se le critique. Un respetado icono político y cultural de la izquierda catalana durante los sesenta y setenta, fallecido hace muchos años, me contó que un día había estrechado la mano de Franco en un acto protocolario, con motivo de un premio. Él, comunista humilde como lo eran entonces, antes de que el pijerío tomara el PCE, y no digamos el PSUC, quedó muy impresionado, según me dijo. No entendí por qué; requerí explicaciones. «Tiene un aura».
Mi añorado amigo no le habría visto el aura a ningún otro enemigo. Tampoco habría reparado en Franco si el destino le hubiera reservado una correduría de seguros en vez del puesto de Generalísimo. El fenómeno es ajeno a colores o afinidades políticos, atañe al poder en bruto. Cuando en la cima de verdad has acabado viendo y hablando al hombre, salvado siempre el respeto institucional, el cuento del magnetismo de los poderosos se acaba. Mira a Maduro, el magnetismo que tiene ahora. Él que imantaba a los jefes podemitas como si fueran livianos alfileres. Su magnetismo venía de matar sin contemplaciones, y de que todo el mundo lo supiera. Dijo Mao que el poder está en la boca del cañón. Un hombre sutil, el chino. Era cerdete, no se lavó nunca los dientes, tenía enfermedades de transmisión sexual y se acostaba con jovencitas que le proporcionaba el aparato. El aparato del aparato. La guarrería de Mao la conocemos por su médico. Lo de la punta del cañón es simple realismo, con renuncia a legitimaciones doctrinales.
Sánchez no es Mao. Es más limpio, más sano, no esparce enfermedades adrede. Aunque seguro que aquí algún antivacunas discrepará. Hasta lo de los narcos que debían eliminar a una juez por fastidiar a su hermano, no hay noticia de que haya amenazado la vida de nadie. Nuestra seguridad sí la amenaza, y ése es uno de los problemas que vamos a tener entre esta semana y el fin de la campaña. Quizá incluso en la jornada de reflexión, a lo 13-M, y hasta en la jornada electoral, siguiendo el modelo de las peores dictaduras iberoamericanas. No tiene el poder en la boca del cañón. Lo tiene en el BOE, pero muy limitado desde siempre por sus múltiples dependencias. Es un pobre diablo y va a caer, por mucho miedo que nos quieran meter. Que el TC no se haya tirado de cabeza a la ignominia con Gabilondo demuestra que ni los suyos creen ya en él. No vayan a hacerlo ustedes, hombres de poca fe.