Un edificio residencial gravemente dañado tras un ataque aéreo ruso en la ciudad de Ternópil (Ucrania)AFP

Análisis | Centro para el Bien Común Global de la Universidad Francisco de Vitoria

Europa en guerra

«La cuestión no es tanto cómo ganar la próxima guerra, sino cómo evitarla. Y la historia nos demuestra que la única forma de evitar la guerra es disuadiendo a nuestros potenciales enemigos»

¿Europa en guerra? La respuesta más común a esta pregunta es que estamos en una zona gris que no es de guerra, pero tampoco es de paz. Sin embargo, en todos los discursos políticos, evaluaciones de inteligencia y declaraciones de altos mandos militares europeos la recomendación es que debemos estar preparados para una guerra con Rusia en un futuro más o menos próximo. En mi opinión, la cuestión no es tanto cómo ganar la próxima guerra, sino cómo evitarla. Y la historia nos demuestra que la única forma de evitar la guerra es disuadiendo a nuestros potenciales enemigos.

Europa se enfrenta hoy a un escenario de pesadilla. Por un lado, el imperialismo ruso no parece que vaya a detenerse en Ucrania y amenaza a toda Europa, de forma más intensa cuanto más cerca se encuentran los países de su frontera. Por otro, Estados Unidos considera que la defensa de Europa ha dejado de ser un interés vital para su propia seguridad. La nueva Estrategia de Seguridad Nacional del presidente Trump, publicada en diciembre de 2025, va más allá en esa desvinculación para afirmar que Europa se encuentra en una crisis civilizacional, que de seguir la decadencia actual varios países europeos dejarán de ser aliados útiles y que Estados Unidos buscará la «estabilidad estratégica» entre Rusia y Europa, lo que implica una nueva posición de equidistancia.

Un grupo de profesores universitarios y analistas vinculados al Centro para el Bien Común de la Universidad Francisco de Vitoria acabamos de publicar un libro que con el título de «Europa en Guerra: Seguridad y Defensa Común tras la guerra de Ucrania» (Tirant 2025) intenta dar respuesta al futuro de la seguridad en Europa. Su publicación pretende ser una llamada a la realidad, casi un grito, para que Europa despierte de su sueño de paz perpetua. El resultado de la investigación que ahora se publica pretende además pensar cómo esta Europa desnuda puede defenderse de la triple amenaza que la atenaza: el imperialismo ruso, el totalitarismo chino y el terrorismo islamista.

La aún opulenta Unión Europa no es consciente del grave riesgo en el que se encuentra su seguridad. Los vecinos más cercanos a Ucrania oyen el estruendo de la guerra, pero el sonido se atenúa conforme nos alejamos del conflicto. Hay grandes discursos de apoyo a Ucrania, pero carecemos de la voluntad y la capacidad para proporcionar las armas necesarias para que los ucranianos no solo puedan seguir resistiendo, sino que puedan expulsar a las tropas rusas de su territorio. Es más, nuestro primer objetivo desde el inicio de la invasión a gran escala en febrero de 2022 ha sido evitar una escalada que pueda llevar a una confrontación directa con Rusia.

Rusia forma parte además de una alianza de regímenes totalitarios cuyo objetivo final es la derrota de Occidente y la instauración de un nuevo orden mundial acorde a sus intereses estratégicos. Esta alianza, liderada por China como gran potencia emergente, cuenta además con Irán y socios de menor entidad como Corea del Norte. La creciente influencia de este bloque en otros países de África, Latinoamérica o Asia lo convierte en un rival nada despreciable.

La respuesta europea a esta amenaza está siendo lenta e insuficiente. Hay un buen número de países europeos, entre ellos destaca España, que apenas alcanzan el 2 % de su PIB dedicado a defensa, muy lejos aún del compromiso del 5 % para el 2030 adquirido en la cumbre de la OTAN en La Haya. La producción de armas, especialmente sistemas antiaéreos o munición de artillería, pero también nuevos sistemas tecnológicamente avanzados como drones o sistemas antimisil sigue resultando cuatro años después del inicio de la guerra en Ucrania manifiestamente insuficiente para las necesidades. El rearme de los ejércitos europeos avanza, pero a paso lento y desigual.

Ceremonia de izamiento de la bandera después de la adhesión de Finlandia a la OTANAFP

Más allá de la fuerza militar, la Unión Europea carece también de otras capacidades esenciales para poder hacer frente al tipo de guerra híbrida que estamos sufriendo, como la inteligencia, la ciberdefensa o las campañas de desinformación en el espacio cognitivo. En el mundo actual todo es susceptible de ser utilizado como un arma estratégica: el terrorismo, la inmigración, la energía, los alimentos, el agua. La Unión Europea debe por tanto reforzar su seguridad tanto exterior como interior para hacer frente a este tipo de amenazas para las que en muchas ocasiones no hay una respuesta militar, sino que requieren otro tipo de capacidades policiales, de inteligencia o defensa civil.

En el libro mencionado pretendemos dar una idea de cuál es la defensa que Europa necesita en esta nueva era estratégica que se abre paso, pero también nos ocupamos de esas otras dimensiones de la seguridad que permitan dar respuesta a la amenaza en la denominada zona gris que caracteriza el mundo actual. La premisa fundamental es que será difícil que Europa pueda garantizar su seguridad en este nuevo entorno estratégico sino es capaz de desarrollar una política, una estrategia y unas capacidades de defensa y seguridad comunes.

Esta necesidad es evidente en el campo de las capacidades militares. El gasto actual de los aliados europeos es más de la mitad de lo que invierten los Estados Unidos, pero la capacidad real que se obtiene con ese dinero es mucho más reducida. La dispersión del esfuerzo, la duplicidad de algunas capacidades y la carencia de otras, la diversidad de sistemas nacionales, la multiplicidad de desarrollos, la falta de dimensión de nuestras industrias y la falta de economías de escala, hacen que el gasto militar europeo sea altamente ineficiente.

Europa sería incapaz de sostener hoy una guerra convencional a gran escala. La dimensión de sus ejércitos profesionales es mínima y las reservas estratégicas de munición apenas darían para sostener un combate de alta intensidad durante unos días. Carecemos además de sistemas esenciales de defensa aérea, artillería de largo alcance, drones, guerra electrónica o apoyo logístico por mencionar tan solo algunos de nuestros déficits. Es preciso definir una estructura de fuerzas convencionales que permita una disuasión y una capacidad de actuación acordes con la gravedad de la amenaza.

Inteligencia y cooperación policial

Pero como he mencionado la necesidad de una seguridad común trasciende la dimensión estrictamente militar y abarca otras esferas a las que nos hemos referido como la inteligencia o la cooperación policial. También en esos campos desarrollar un sistema de seguridad común resulta imprescindible en un espacio en el que han desaparecido los controles fronterizos entre los miembros y se encuentra intensamente interconectado.

Europa en Guerra nos ofrece una propuesta de esa defensa y seguridad común que la Unión Europea necesita para ser capaz de disuadir de la extensión de la guerra en el Continente, hacer frente a las amenazas híbridas que se derivan del actual conflicto y neutralizar los riesgos que vienen de otras direcciones, especialmente del sur.

Otra de las características de esta nueva era estratégica es la nuclearización de las estrategias de seguridad. Todas las potencias nucleares están modernizando y potenciando sus arsenales atómicos, así como flexibilizando sus doctrinas de empleo de este tipo de armas. El equilibrio atómico entre Estados Unidos y Rusia que caracterizó las últimas décadas será sustituido por un juego de al menos tres grandes potencias nucleares con la incorporación de China a la liga de las superpotencias atómicas. Por otro lado, es previsible que en un futuro próximo tengamos nuevos actores nucleares en juego, con el caso iraní como la gran amenaza de la próxima ola de proliferación. Pensar en una defensa europea sin una disuasión nuclear está fuera de la realidad. El dilema es si seguir confiando en una disuasión nuclear extendida de unos Estados Unidos cada vez más desvinculados de la seguridad europea o desarrollar nuestras propias capacidades.

Por otro lado, las líneas que separan la seguridad exterior y la interior se han vuelto cada vez más difusas y amenazas como el terrorismo, el crimen organizado o la inmigración ilegal requieres estrategias y capacidades específicas que van más allá de las estrictamente militares. En este apartado realizamos un análisis de cuáles son esas amenazas, de su dimensión estratégica, de los instrumentos que hemos desarrollado hasta la fecha y especialmente de las respuestas que debemos dar en el futuro. Una vez más una política de seguridad común resulta esencial para tener éxito frente a estos desafíos.

El poder destructivo del misil hipersónico 'Oreshnik' con el que Rusia ha atacado a Ucrania

La dimensión económica de la seguridad resulta cada vez más decisiva. Tras un intenso periodo de globalización hemos generado múltiples vulnerabilidades económicas que pondrían en riesgo la propia supervivencia de Europa. Así, la seguridad energética, la seguridad alimentaria o la seguridad en las cadenas de suministro son vitales para el normal funcionamiento de cualquier país. Observamos además cómo Rusia ha utilizado el suministro de gas o la exportación de grano como armas estratégicas para doblegar voluntades o para proteger sus intereses de seguridad. Es necesario por tanto lograr una mayor autonomía estratégica en todos los ámbitos, reduciendo también nuestra dependencia tecnológica.

La inteligencia es probablemente la capacidad más eficaz para poder garantizar la seguridad en el contexto de incertidumbre y cambio actual. Sin embargo, este es el campo donde los avances en la cooperación europea han sido más limitados. Esto se debe, por un lado, a que estamos tocando el área más sensible de la soberanía de los estados. Por otro, a que el secreto está en la base de las agencias de inteligencia siempre reacias a compartir información. Sin embargo, solo una mayor cooperación en el ámbito de la inteligencia entre los países miembros de la Unión Europea y el desarrollo de algunas capacidades comunes nos permitirá estar a la altura de los desafíos que se avecinan.

Doble dilema

No es posible hablar de una defensa y seguridad europea sin incluir un análisis de su sector industrial. La industria de defensa es una capacidad esencial de cualquier estrategia de seguridad. El fraccionamiento y la debilidad del sector en Europa es una de nuestras grandes carencias tras varias décadas de desmantelamiento de las industrias de defensa por falta de presupuestos y procesos de deslocalización. En este campo nos planteamos además un doble dilema. Por un lado, la necesidad de acudir al mercado norteamericano para dotarnos a corto plazo de sistemas imprescindibles para garantizar nuestra defensa. Por otro, cómo compatibilizar los intereses industriales nacionales con las necesidades estratégicas comunes y la necesaria consolidación del sector a escala europea para hacerlo más competitivo.

Finalmente, la ciberdefensa, no solo es un dominio cada vez más relevante de la seguridad, sino que es el espacio en el que la guerra se libra ya diariamente. La irrupción de la inteligencia artificial generativa y de la computación cuántica suponen además desafíos formidables para el futuro de nuestra seguridad.

En este nuevo contexto estratégico la Unión Europea tendrá que asumir la responsabilidad de su propia seguridad y tendrá que pagar por ello. Al mismo tiempo la Unión tendrá que decidir si quiere convertirse en un actor estratégico propio o prefiere quedar a merced de las áreas de influencia que parecen configurar el orden mundial emergente. Para ambas cosas, garantizar su seguridad y transformarse en un actor estratégico global, Europa necesitará dotarse de las capacidades de poder de las que hoy carece, tener la voluntad de usarlas y desarrollar mecanismos de decisión común ágiles y eficaces. Solo así podrá evitar la próxima guerra.