La transformación del magreb supone una pérdida de capacidad de influencia para la Unión Europea, en beneficio de Rusia y China
Informe del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) El nuevo tablero del Magreb que impacta en España: inmigración, gas y crisis diplomáticas
El Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) —dirigido por el General de Brigada Víctor Bados Nieto— ha publicado su informe Panorama Estratégico 2026, elaborado por destacados especialistas. Uno de los estudios es el titulado «El Magreb en 2025. Navegando los desafíos domésticos y los cambios regionales e internacionales», y ha sido escrito por Miguel Hernando de Larramendi.
El dossier señala que los Estados del Magreb afrontan un contexto internacional marcado por la «erosión del multilateralismo», la «crisis del orden liberal» y el debilitamiento de las agendas democratizadoras occidentales, tendencias reforzadas tras el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos en 2025. En este escenario, los países magrebíes adoptan estrategias exteriores más pragmáticas, centradas en la defensa de sus intereses nacionales y en la diversificación de alianzas.
Para la Unión Europea, esta transformación supone una pérdida de capacidad de influencia. El texto subraya que Bruselas ha relegado sus objetivos democratizadores en favor de prioridades inmediatas como la cooperación migratoria y la seguridad. Este giro responde también a su propia crisis interna, agravada por la guerra en Ucrania y la incertidumbre sobre el respaldo estratégico estadounidense.
Un F-16 Falcon Fighter de Marruecos
La percepción en el Magreb es que la UE aplica un «doble rasero», especialmente en cuestiones como la acogida de refugiados o su respuesta a conflictos como Gaza. Esta pérdida de «autoridad moral» contribuye al deterioro de su imagen entre las sociedades magrebíes, incluidas élites y clases medias. Para España, esta tendencia implica una reducción del margen de influencia política en su vecindad inmediata, pese a su fuerte interdependencia económica y migratoria con la región. «El deterioro de esa imagen se ve alimentado también por la tibieza de la respuesta de la Unión Europea ante el genocidio en Gaza, incapaz de condenar con una sola voz la desproporción de la respuesta israelí tras los ataques llevados a cabo por Hamás el 7 de octubre de 2023 ni de condenar el uso del hambre como arma de guerra por parte de Israel», afirma el informe.
Reinstalación autoritaria
En el plano doméstico, el capítulo destaca la continuidad de sistemas autoritarios en el Magreb. Las protestas iniciadas con la «primavera árabe» y sus prolongaciones posteriores no han transformado las estructuras de poder. En países como Marruecos y Argelia se han aplicado reformas limitadas, mientras que en Túnez se ha producido una «reinstalación autoritaria» bajo el presidente Kaïs Saïed.
El texto subraya un «retroceso de las libertades públicas», el aumento de la represión y el debilitamiento de la sociedad civil, agravado por la reducción de la ayuda internacional. Esta gobernanza no ha resuelto problemas estructurales como las desigualdades sociales y territoriales.
Estas tensiones internas tienen consecuencias directas para Europa y España. En particular, el aumento del malestar social en países como Argelia se traduce en un incremento de la emigración irregular hacia las costas europeas, especialmente españolas. El fenómeno migratorio aparece así como una derivada directa de la inestabilidad interna magrebí.
El Magreb sigue caracterizado por una profunda fragmentación política. La rivalidad estructural entre Argelia y Marruecos, centrada en el conflicto del Sáhara Occidental, bloquea la integración regional y mantiene el comercio intramagrebí por debajo del 5 %. Esta falta de cooperación limita el desarrollo económico de la región y reduce su capacidad para aprovechar oportunidades globales, como la regionalización de la economía o su papel como proveedor energético para Europa.
Fragmentación, problema para Europa
Para la Unión Europea, esta fragmentación supone un problema estratégico: dificulta la construcción de un espacio estable en su frontera sur y complica la gestión conjunta de desafíos como la seguridad, la energía o la migración. Uno de los ejes centrales del análisis es el giro hacia el «multialineamiento». Los países magrebíes buscan diversificar sus socios y evitar dependencias exclusivas de Europa o Estados Unidos. Aunque la UE sigue siendo su principal socio comercial, su «atractivo normativo se ha debilitado». En respuesta, los Estados de la región intensifican sus relaciones con potencias como:
• China, principal socio comercial de Argelia y actor clave en infraestructuras.
• Rusia, con creciente presencia energética y militar.
La influencia rusa se expande en África de mano del Grupo Wagner
• Potencias regionales como Emiratos Árabes Unidos, Turquía o Arabia Saudí.
Este proceso no implica una ruptura con Europa, sino una «desvinculación selectiva», principalmente discursiva, que busca aumentar el margen de negociación. Para España y la UE, esto significa una mayor competencia geopolítica en el Magreb y la pérdida de su posición como socio preferente.
El autor del informe destaca la creciente lógica «transaccional» en las relaciones entre la UE y el Magreb, especialmente en materia migratoria. Los países de la región aceptan actuar como «gendarmes fronterizos» a cambio de beneficios económicos y políticos.
Este enfoque refuerza el poder de negociación de estos Estados frente a Europa. Marruecos, por ejemplo, utiliza su papel clave en el control migratorio para obtener concesiones políticas, mientras que Túnez ha condicionado su cooperación a contrapartidas económicas sin aceptar exigencias en materia de derechos humanos. Para España, esta dinámica es especialmente relevante. La dependencia del control migratorio en países vecinos aumenta la vulnerabilidad ante crisis diplomáticas, como ya ocurrió en episodios anteriores.
Fuerzas Saharauis situadas a lo largo del muro de separación en la zona de Mahbes, en el Sáhara Occidental
El capítulo subraya un aumento de la «asertividad» en la política exterior magrebí. Países como Marruecos y Argelia utilizan crisis diplomáticas y medidas de presión para defender sus intereses. Un ejemplo clave es el uso del conflicto del Sáhara Occidental por Marruecos para condicionar sus relaciones exteriores, incluyendo episodios de tensión con España. Por su parte, Argelia reaccionó al cambio de posición española sobre el Sáhara en 2022 con la suspensión del tratado bilateral y restricciones comerciales. Estas dinámicas introducen una mayor volatilidad en las relaciones con Europa y aumentan los riesgos para países como España, directamente expuestos a estas tensiones.
La rivalidad entre Argelia y Marruecos sigue siendo el principal factor de inestabilidad regional. La ruptura de relaciones diplomáticas en 2021 ha intensificado una lógica de bloques y competición estratégica. Este enfrentamiento se proyecta hacia:
• El Sahel, donde ambos países compiten por influencia.
• África Occidental, mediante proyectos energéticos rivales.
• La política energética europea, especialmente en el suministro de gas.
Un elemento clave para España es el impacto en la seguridad energética. La ruptura del gasoducto Magreb-Europa y las tensiones derivadas del conflicto del Sáhara han afectado directamente al suministro energético y a las relaciones bilaterales. El regreso de Donald Trump ha reforzado estas dinámicas, según el informe. Su administración ha abandonado la promoción de la democracia y ha apostado por una política pragmática centrada en intereses estratégicos.
Estados Unidos ha mostrado un claro apoyo a Marruecos en el Sáhara Occidental, consolidando el reconocimiento de su soberanía sobre el territorio. Esto ha alterado el equilibrio regional y ha obligado a Argelia a adoptar una postura más cauta. Para Europa, este giro supone una pérdida de alineamiento transatlántico en el Magreb y reduce su capacidad de influencia en la resolución de conflictos clave. El estudio publicado por el IEEE permite identificar varias implicaciones directas:
1. Mayor presión migratoria
Las crisis internas en el Magreb seguirán alimentando los flujos migratorios hacia Europa, con España como principal puerta de entrada.
2. Riesgos energéticos
La rivalidad regional afecta a infraestructuras clave y a la estabilidad del suministro de gas hacia Europa.
3. Pérdida de influencia europea
La UE deja de ser el socio dominante frente a la creciente presencia de China y Rusia.
4. Aumento de la inestabilidad regional
La proyección de conflictos hacia el Sahel incrementa los riesgos de seguridad en la frontera sur europea.
5. Mayor dependencia estratégica
España y la UE dependen cada vez más de acuerdos bilaterales con regímenes autoritarios para gestionar migración y seguridad.
El texto concluye que los Estados magrebíes han adoptado estrategias pragmáticas basadas en el multialineamiento, la diversificación de alianzas y la defensa de sus intereses nacionales. Este cambio no rompe la interdependencia con Europa, pero sí reduce su influencia política y normativa. Al mismo tiempo, la rivalidad entre Argelia y Marruecos sigue bloqueando la integración regional y proyectando inestabilidad hacia el entorno europeo. Para España y la Unión Europea, el resultado es un vecindario más fragmentado, más competitivo y menos previsible, con implicaciones directas en seguridad, energía e inmigración.