El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asiste a una conferencia de prensa con el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el secretario de Estado, Marco Rubio, tras la cumbre de la OTAN en La Haya, Países Bajos

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asiste a una conferencia de prensa con el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el secretario de Estado, Marco RubioEFE

Trump y el desacoplamiento de Europa: OTAN 3.0

Conforme se aproxima la Cumbre de la OTAN, se van materializando los temas capitales de la agenda, y se acumulan los comentarios, más o menos acertados e informados, sobre las expectativas de resultados

¿Es la OTAN una reliquia del pasado, como opinan algunos de nuestros dirigentes y bastantes conciudadanos? ¿O más bien el espacio común de valores compartidos, más trascendentes que la propia Alianza, y que merecen ser defendidos –y promovidos– en común, ante la creciente amenaza de las potencias desafiantes del orden mundial basado en reglas y crecientemente asertivas?. Al menos es objeto de debate, y en algunas capitales incluso acerado y confrontacional; pero ante las dudas sobre las formas y medios, es posible y recomendable conservar la columna vertebral del Vínculo Trasatlántico, antecesor con mucho a la Alianza (no hay más que considerar la participación en las dos Guerras Mundiales) y que, si nadie se empeña en lo contrario, incluso la sobrevivirá. Como decía Teresa de Jesús: «En tiempos de tribulación, no hacer mudanza».

Conforme se aproxima la Cumbre de la OTAN, se van materializando los temas capitales de la agenda, y se acumulan los comentarios, más o menos acertados e informados, sobre las expectativas de resultados. El mayor riesgo y al tiempo el incontestable mayor éxito de la Cumbre si se alcanzara, sería la supervivencia, incluso el refuerzo del Vínculo Trasatlántico, de cuyo fracaso el principal beneficiario sería Putin, que lleva tiempo aplicando todo su mal saber y hacer en la zona gris, para su debilitamiento. Aunque la legislación de EE.UU. no permite el abandono de la OTAN y el Tratado de Washington requiere un año de preaviso para la salida de un país miembro; medidas unilaterales que se podrían calificar de 'pasividad' producirían de hecho un efecto equivalente. Pero en el otro plato de la balanza estaría el favorable apoyo de la población a ambos lados del Océano.

Las posturas de partida parecen estar claras: por parte del equipo Trump, serían las derivadas de la persistente reclamación por un reparto más equilibrado y justo de las cargas; y especialmente tras la disolución del Pacto de Varsovia, en que se vio reducido el riesgo de que la URSS ocupase el vacío estratégico dejado en Europa Occidental por la caída del IIIer Reich; con el resultado de que los miembros europeos han disfrutado durante demasiados años de la protección americana, sin las contrapartidas que cabría esperar de países aliados, como en ambos conflictos del Golfo y en la confrontación con China; pero especialmente en la falta de apoyo, incluso la prohibición del uso de bases y del sobrevuelo, en el conflicto de Irán.

Las propuestas de EE.UU. se puede esperar que consistan en la aplicación de los resultados de la 'revisión semestral por el Departamento de Defensa' :

PROPUESTAS DE ESTADOS UNIDOS

- Evolucionar desde el reparto de cargas (burden sharing) hacia la transferencia de cargas (burden shifting).
​- Ajustar selectivamente a la baja su contribución al planeamiento de fuerzas de la Alianza
​- Reducir su participación o desactivar instalaciones de uso compartido o exclusivo

Por parte de los miembros europeos de la Alianza, el principal desafío de partida, una vez más y dada la disparidad de criterios en política exterior, las actitudes ante los conflictos y puntos calientes, así como las posturas oscilantes en virtud de los cambios en los equipos gobernantes en cada país, sería conseguir una postura unificada como un bloque.

PROPUESTAS DE EUROPA

- Incrementar progresivamente sus inversiones en defensa para alcanzar el 5% del PIB en 2035, ya acordado en la cumbre de La Haya
​- Aceptar la adaptación del planeamiento de fuerzas para ajustarlo al burden shifting
​- Avanzar en el refuerzo del Pilar Europeo de la Alianza- Avanzar en el refuerzo del Pilar Europeo de la Alianza
​- Garantizar la supervivencia del Vínculo Trasatlántico, especialmente en lo que se refiere a la cobertura de las deficiencias europeas, progresivamente menos críticas conforme se vayan cumpliendo hitos en el programa de transición; aunque algunas de ellas de extremadamente compleja resolución, como la sustitución del paraguas nuclear

No obstante, en este tema capital de la amenaza nuclear, es preciso resaltar que el frecuente chantaje en forma de amenazas –veladas o expresas– por parte de los dirigentes rusos, especialmente desde la invasión de Ucrania, es percibido de forma diferente en sus países vecinos, de lo que lo es en Washington.

Las reducciones de fuerzas de los EE.UU.

La situación actual de reclamación por el reparto desequilibrado de las cargas no es nueva; tan pronto como en 1951, mientras todavía era el comandante Supremo Aliado, Eisenhower manifestó que el hecho de que permanecieran en Europa fuerzas de los EE. UU. con fines de defensa nacional, más allá de 10 años, supondría el fracaso del plan de defensa europea, ya que esperaba que se produjera la integración económica de los aliados europeos de forma que constituyeran sus propias fuerzas armadas. Al cumplirse el plazo sin que lo hiciera la condición, el presidente afirmó que una sola División sería suficiente para «mostrar la bandera»; pero casi tres cuartos de siglo más tarde todavía permanecen en Europa alrededor de 80.000 militares de EE. UU. para, entre otros fines, proporcionar seguridad a sus aliados.

La evolución del conflicto del Sudeste Asiático desde el modelo de asesores militares a la intervención directa tras el incidente del Golfo de Tonkin en tiempos del presidente Johnson elevó en 1968 el nivel de fuerzas de EE. UU. en Vietnam a 548.000 militares. La correspondiente tensión sobre las fuerzas indujo al presidente a solicitar el apoyo de los aliados, o cuando menos que asumieran mayores responsabilidades en Europa; pero la respuesta podría ser calificada como de extremadamente limitada; incluso el General Franco, declarado anticomunista, se permitió expresar en la carta de respuesta su convicción de que Ho-chi-minh era el hombre adecuado para Viet-nam en ese momento histórico.

Tras su toma de posesión , el presidente Nixon adoptó las medidas imprescindibles que le demandaba la nación para equilibrar la situación interior de creciente rechazo a la guerra y simultáneamente la exterior de, por un lado contención de la URSS en Europa, y al tiempo la sustitución de fuerzas americanas por locales en el Plan de Vietnamización. El proceso se basaba en el concepto estratégico conocido como 'modelo Guam', basado en tres principios: 1. Los EEUU mantendrían todos los compromisos de sus tratados; 2. Harían de escudo si una potencia nuclear amenazara la libertad de una nación aliada, o de una nación cuya supervivencia consideraban vital para su seguridad; 3. En los casos en los que estuvieran envueltos otro tipo de agresiones, suministrarían apoyo militar y económico cuando fuese solicitado, de acuerdo con los tratados.

El Plan REFORGER

En nuestro continente, el enfoque de 'europeización' válido para el pasado, como disuasión ante la amenaza de la URSS, y equivalente al actual 'Refuerzo del Pilar Europeo', cumple todos los requisitos para ser considerado una opción muy recomendable en el caso presente. El Plan para el Retorno de Fuerzas a Alemania (REFORGER) aplicado desde 1969 a 1.993, y puesto en práctica anualmente con total éxito en los ejercicios de igual nombre, consistía en el compromiso para el despliegue a Europa desde EE.UU. de 10 divisiones en 10 días, con participación de fuerzas de Bélgica, Canadá, Francia, Países Bajos y Reino Unido.

Los tres pilares del plan

1. El establecimiento en Europa de una red de depósitos preposicionados de equipos (POMCUS) mantenidos en servicio permanentemente
​2. Una flota suficiente de aeronaves de transporte proporcionada por el MAC
​3. Acuerdos para Apoyo de la Nación Anfitriona (HNS) y Operaciones de Retaguardia (RAO) en las que deberían asumir responsabilidades las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad; y que permitirían la recepción, agrupamiento y avance de las fuerzas desplegadas. En este tercer apartado el papel esencial lo han desarrollado siempre los países receptores; y los dos apartados anteriores podrían formar parte de la asunción progresiva de responsabilidades incrementadas por parte de los países europeos, como el transporte estratégico y el mantenimiento de POMCUS.

Las virtudes de este enfoque serían innumerables; pero tan solo para mencionar unas pocas: en primer lugar permitiría neutralizar el posible riesgo de desconexión entre aliados al tiempo que se asume el tantas veces mencionado reparto justo de cargas. El Vínculo Trasatlántico permanecería vigente, sin necesidad de cambiar o eliminar valiosas estructuras, instalaciones, procedimientos y sobre todo conceptos estratégicos.

Además aportaría los elementos necesarios para recomponer los efectos de los desencuentros de la última presidencia americana y estar preparados para la posible materialización de la amenaza rusa de que las ambiciones imperialistas no se acaben en el Donbas, según las manifestaciones de diferentes dirigentes y mandos militares europeos.

Pero el requisito imprescindible para cualquier medida paliativa de los riesgos que acechan al Continente Europeo es resolver la crónica deficiencia de cohesión para ser un interlocutor apropiado, como decía Henry Kissinger: «¿Qué número de teléfono marco si quiero hablar con Europa?» La Alianza ha sido el instrumento estratégico que nos ha proporcionado el período más largo de la historia europea sin conflictos entre sus miembros, y no es porque falten los motivos, como en el caso de Chipre. Conseguir mantener viva esa cohesión sería uno de los mejores resultados para este segundo cuarto de siglo que comienza.

Juan Antonio del Castillo Masete es analista del Instituto para el Bien Común Global de la Universidad Francisco de Vitoria

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