Acción de Greenpeace contra residuos nucleares en 1982
Ya son 3.000 los bidones radiactivos localizados frente a las costas gallegas
Además se han extraído sedimentos en 26 puntos y encontrado ocho trampas para peces lo que evidencia una actividad humana prolongada en la zona
La expedición oceanográfica francesa que analiza el estado de la Fosa Atlántica, situada frente a las costas de Galicia, ha localizado ya más de 3.000 bidones con residuos radiactivos.
La investigación, llevada a cabo a bordo del buque científico L’Atalante, ha utilizado el robot submarino UlyX para cartografiar el fondo marino mediante sónar, cubriendo un área de 140 kilómetros cuadrados en un total de 15 inmersiones. Así lo ha confirmado Javier Escartín, director de la expedición e investigador del Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia (CNRS), a través de la red social Bluesky.
Un vertedero nuclear en el Atlántico
Además del hallazgo de los barriles, el equipo ha extraído sedimentos en 26 puntos y ha encontrado ocho trampas para peces, lo que evidencia una actividad humana prolongada en la zona.
Estos residuos proceden de las prácticas de vertido llevadas a cabo por buques de Países Bajos, Bélgica y Reino Unido entre las décadas de 1940 y 1980. Se estima que durante ese periodo se arrojaron al mar unos 220.000 bidones radiactivos, lo que convierte a esta zona del Atlántico en uno de los mayores vertederos nucleares del planeta, según Greenpeace.
A pesar del hallazgo, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) aseguró a finales de junio que no se han detectado niveles significativos de radiactividad ni en la costa gallega ni en la del Cantábrico.
No obstante, la Xunta de Galicia ha reclamado información al Gobierno central, mientras que el delegado del Gobierno en Galicia, Pedro Blanco, ha subrayado que se está en «contacto permanente» con la expedición científica y que se trabajará para encontrar una «solución» a los residuos, compartiendo con las comunidades los resultados que se obtengan.
La Fosa Atlántica ya fue objeto de seguimiento en 1983 por el submarino francés operado en remoto ‘Epaulard’. La alarma internacional sobre estos vertidos se disparó en 1982, cuando el buque Sirius de Greenpeace y varios barcos gallegos se enfrentaron a navíos holandeses para impedir nuevos vertidos. A raíz de esa acción, que dio la vuelta al mundo, los vertidos radiactivos al mar fueron prohibidos progresivamente en Europa.
En 1992 se firmó el Convenio OSPAR para la protección del medio marino del Atlántico nordeste, que prohibió el vertido de residuos nucleares de baja y media intensidad. Un año después, el Convenio de Londres de la Organización Marítima Internacional extendió la prohibición a todo tipo de desechos radiactivos.