Cabozo de Rexa, primer hórreo de la Mariña lucense convertido en habitación
Alojarse en un hórreo, una alternativa diferente para una escapada otoñal
En Galicia existen múltiples opciones de alojamiento que se salen de lo convencional
Dormir en Patrimonio Cultural Inmaterial podría ser posible dentro de muy pronto ahora que el Ministerio de Cultura ha iniciado los trámites para declarar estas construcciones del norte peninsular manifestación representativa de España.
Antaño fueron graneros y despensas y ahora son, sin duda, elementos de la memoria colectiva e identidad de Galicia y Asturias. Y desde el año pasado, convertidos en hospedajes. Una iniciativa que nació de dos hermanos lucenses, promotores de este alojamiento tan singular, Camilo y Xosé Piñeiroa. «Las cosas que no se usan se deterioran» es la premisa en la que basaron su original idea.
Aunque este pensamiento entra dentro de toda lógica, el hecho de buscar una nueva utilidad y tan diferente de la originaria, no lo es tanto. Sin embargo, los hermanos Piñeiroa encontraron una forma de preservar y conservar un valioso legado familiar con mucha historia.
El Cabozo de Rexa, así se llama esta habitación tan pintoresca. Cabozo es como en gallego se llama al hórreo tradicional y de Rexa por ser el barrio en donde se ubica el Complejo Agroturista del que forma parte, Abrigadoiro de Rexa (Refugio de Rexa), en la parroquia de Celeiro de Mariñaos, perteneciente al ayuntamiento de Barreiros.
Interior del hórreo
Como una habitación de hotel
Este hórreo cuenta con todas las comodidades de un hotel: cama de 1,50, baño completo con ducha y calefacción por suelo radiante. Unas de peculiaridades de este que no poseen otros de la zona y que fue clave en la transformación, es que es doble. «Lo habitual son los hórreos de dos cepas, pero este es de tres porque mi familia en aquel entonces le añadió un tramo más, una bodega destinada a cocer el pan», explican.
El resultado es un hórreo de mayor amplitud que los habituales, lo que permitió a los Piñeiroa adaptarlo como habitación al que no falta ningún tipo de detalle. Eso sí, «se hizo todo a medida para poder, en una construcción tradicional sin modificarla, tener una habitación con las características y comodidades que pueda tener una habitación de un hotel».
Esta construcción en concreto es estilo Mondoñedo que se caracteriza en líneas generales, por ser un hórreo alto, con dos pilares de piedra que se unen a través de una estructura de madera. Las paredes largas son de listones de madera verticales que no llegan a unirse de todo para poder circular por ellos el aire. La cubierta es de losa.
Por fuera mantuvieron la estructura original y es por esto por lo que «sorprende que dentro tenga una habitación con esas características». Y como está orientado de tal forma que le diesen los dos vientos, el norte y el sur, para evitar que el maíz se secase, tuvieron que acristalarlo por dentro.
Interior del hórreo
Pero para llegar a esto, el camino fue «lento y doloroso». Y es que «no existe ningún tipo de ayuda para este tipo de iniciativas a pesar de que los hórreos, según la Ley de Patrimonio de Galicia, «están protegidos».
Pioneros en este tipo de alojamientos, aseguran que no quieren ser ni únicos ni exclusivos: «Ojalá que nuestra iniciativa sirva para concienciar sobre la necesidad de mantener y conservar este tipo de construcciones agrarias tradicionales».
Casa de labranza
El complejo agroturista Abrigadoiro da Rexa cuenta con una casa completamente rehabilitada que dispone de cuatro habitaciones y está destinada a familias. La idea de los hermanos Piñeiroa era hacer un complejo de agroturismo con diferentes posibilidades de pernocta, pero sobre todo «queremos que en nuestro complejo los huéspedes puedan percibir como era el modo de vida en una casa de labranza. Queremos que tengan una experiencia rural plena en este sentido».
En el Abrigadoiro da Rexa realizan actividades didácticas para que los niños y sus familias puedan ser apicultores o ganaderos por un día, y conocer así, el fascinante mundo de las abejas. O dar de comer al ganado.
Además, hacen visitas guiadas en las que les «enseñamos las colmenas por dentro para que vean como trabajan las abejas, les damos a probar la miel, les enseñamos las vaca, los llevamos a la huerta para que vean los productos… En definitiva, que sepan cómo se producen los alimentos y conozcan el valor de los productos locales».
Porque si algo tienen claro estos dos hermanos, y así lo transmite Camilo, es que «nosotros tenemos que saber posicionarnos y ofrecer cosas diferentes a las existentes. Nuestra apuesta es un turismo de calidad, una oferta diferente». Razón por la cual el perfil al que se orientan a familias con niños, gente a la que guste la tranquilidad, pasear, descansar y desconectar.
Y que mejor manera de hacerlo en un Complejo Agroturista rodeado de naturaleza en el que te traslada al siglo XIX y te descubre una forma de vida, no sé si mejor, pero sí diferente. Y en la que se puede vivir una experiencia tan enxebre como la de dormir en un hórreo tradicional gallego.