A CAPELA (A CORUÑA), 25/10/2025.- Vista de la oficina de Banco Santander cerrada en el pueblo de A Capela, donde un cartel en su puerta avisa del traslado del servicio de oficina a la población grande más cercano. El foco suele alumbrar a las personas mayores, pero el fenómeno creciente de la exclusión bancaria no entiende de edades, especialmente en el rural, donde una tecnología de acceso más dificultoso o la lejanía de las áreas urbanas complica la equiparación de derechos con respecto a los vecinos de cualquier ciudad. EFE/ Kiko Delgado

Oficina de Banco Santander cerrada en el pueblo de A Capela, donde un cartel en su puerta avisa del traslado del servicio de oficinaEFE

Malestar por el cierre de sucursales y cajeros automáticos en varios municipios de La Coruña

En A Capela, Valdoviño y Espasante tienen dificultades después de que varios bancos hayan decidido echar la persiana

El foco suele alumbrar a las personas mayores, pero el fenómeno creciente de la exclusión bancaria no entiende de edades, especialmente en el rural, donde una tecnología de acceso más dificultoso o la lejanía de las áreas urbanas complica la equiparación de derechos con respecto a los vecinos de cualquier ciudad.

En el corazón del parque natural de As Fragas do Eume, el alcalde de A Capela (La Coruña), Manuel Meizoso (PSOE), admite la inquietud tras el anuncio de que la agencia vinculada con el Banco Santander baja la persiana, lo que deja a este ayuntamiento de algo menos de 1.200 habitantes con una única sucursal, la de Abanca.

La particularidad de este caso reside en el hecho de que el consistorio, por unanimidad, ha acordado que la entidad que opta por el cierre reconsidere esta decisión o, al menos, mantenga operativo un cajero automático del que se había dotado hace escasamente un año.

«Nos preocupa porque la gente va envejeciendo y los mayores, de banca digital, entienden más bien poco; es un servicio más que perdemos y, como yo repito siempre, a los de arriba, a la gente del poder, se les llena la boca de hablar de la defensa del rural, pero hacen lo contrario de lo que tiene que ser», declara el veterano dirigente socialista.

Valdoviño, otro de los municipios afectados

En un entorno eminentemente agrario, las alternativas son las cercanas villas de As Pontes y Pontedeume o la ciudad de Ferrol, a unos veinte minutos en coche por la ruta más rápida.

En la misma comarca de Ferrolterra, pero en pleno litoral y con un gran flujo de turistas, Valdoviño, con 6.800 habitantes, vive una problemática similar, también con el Santander como protagonista, tras el cierre de su sucursal.

El alcalde, Alberto González (PSOE), afirma que la delegación ya tenía «una limitación de horario a lo largo de estos años», que dio paso este verano a la clausura de las instalaciones y del cajero.

«Las administraciones poco podemos hacer, hablar con ellos e intentar que se busquen soluciones, que es lo que estamos haciendo», señala el regidor, que admite que no va a «ser posible» la reapertura, por lo que el diálogo, como en A Capela, pone el foco en contar con un cajero automático.

A cambio, reivindica que la localidad dispone de tres cooperativas, emplazadas en las parroquias de Meirás, Lago y Vilaboa y que también funcionan como entidades de crédito, pero su núcleo urbano, próximo a la playa de A Frouxeira, centro de atracción de surfistas y de miles de visitantes, cuenta ahora únicamente con dependencias de Abanca.

González apunta que los bancos son «entidades privadas», pero recuerda su «servicio público» y opina que, «desde el punto de vista normativo, podría establecerse la necesidad como una obligación». Él equipara esa demanda con las farmacias, que, en un entorno determinado, «tenga que haber» una oficina, «sea más o menos rentable».

La afluencia de turistas no evita la cascada de cierres, una problemática que también se refleja en el pequeño puerto de Espasante, en el municipio de Ortigueira, donde su asociación vecinal lleva reclamando la reapertura de su oficina desde hace cinco años.

Un mes después del inicio del estado de alarma por el covid-19, el Santander no volvió a funcionar en este núcleo, que en invierno no llega a 300 habitantes, pero que en verano se acerca al millar, sin que la ayuda del Ayuntamiento haya servido para que comercio, hostelería y vecinos tengan de nuevo esta prestación básica.

Exclusión bancaria

«Lo que menos importa son las personas», indica Belén Bello, presidenta de la asociación, en una conversación con EFE en la que denuncia que hay quien tiene que «depender de hijos y taxis» para ir al banco y pide a los poderes públicos que tomen «cartas en el asunto».

Ella recalca que la banca electrónica «no es la solución» porque la gente necesita también efectivo y hay tiendas que no aceptan tarjetas. Ha llegado a ocurrir, asegura, que los «visitantes tienen que pedir dinero a los hosteleros para hacer compras en la panadería o el supermercado».

Tres años después de su entrada en la entidad vecinal, aunque cunde el pesimismo, sigue en lo más alto de su lista de necesidades la instalación de un cajero, un parche ante una exclusión bancaria que avanza como una marea imparable.

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