El postre tradicional gallego perfecto para la Navidad
Más allá del polvorón: el dulce gallego perfecto para Navidad y cuyo ingrediente secreto lo hace irrepetible
La Navidad gallega tiene un sabor propio. Más allá de los turrones, mazapanes y polvorones que llenan estantes en estas fechas, Galicia conserva un recetario de repostería propio y que se mantiene gracias a pequeñas panaderías rurales.
Y es precisamente en este redescubrimiento de los dulces de siempre donde aparece un postre tradicional del municipio coruñés de As Pontes que se caracteriza por ser humilde, exquisito y sorprendentemente poco conocido fuera de su comarca. Un dulce que se hace irresistible gracias a un ingrediente puramente gallego que lo hace único.
El ingrediente secreto mejor guardado
En un momento en que las mesas navideñas tienden a homogeneizarse en todo el país, Galicia conserva en este dulce, un postre capaz de marcar la diferencia. A simple vista puede parecer sencillo, incluso humilde, pero guarda un rasgo que lo convierte en único y que define el sabor de cualquier celebración en la que es protagonista; la presencia de manteca de vaca, el ingrediente que da carácter y personalidad a estas mantecadas.
En Galicia, cuando se habla de ‘manteca’, no se alude a las grasas animales habituales en otras regiones de España. Aquí el término designa una mantequilla de vaca sometida a una lenta cocción al horno. Durante horas y a baja temperatura, el calor separa la parte sólida de la grasa y le aporta un aroma profundo, ligeramente tostado, inconfundible. Tras reposar un par de días en frío, esa grasa dorada se convierte en el alma de muchos dulces de invierno, entre ellos los célebres mantecados ponteses.
La diferencia respecto al mantecado tradicional radica en el uso de mantequilla clarificada, que concentra de forma natural la esencia de la leche y aporta un matiz entre lácteo y suavemente caramelizado.
Como en la mayoría de los dulces gallegos, el proceso es plenamente artesanal: desde el batido, que determina la textura final, hasta el llenado manual de los moldes cuadrados de papel. En As Pontes siguen doblándolos a mano, uno a uno, y es dentro de ellos donde el dulce se hornea hasta alcanzar una firmeza exterior, esponjosidad interior y una miga húmeda salpicada de pequeños alveolos.
Un postre con mucha historia
As Pontes de García Rodríguez suele asociarse a hitos imponentes: la antigua central térmica, la chimenea más alta de España o el lago artificial que hoy redefine su paisaje. Sin embargo, la verdadera esencia del municipio no se mide en alturas ni en hectáreas, sino en aromas: los que salen de sus hornos. La tradición panadera pontesa ha marcado durante generaciones la vida cotidiana de la localidad y ha dado forma a una identidad gastronómica profundamente arraigada.
De esas panaderías, muchas de ellas familiares y con décadas de historia, nacieron algunos de los dulces que hoy son emblema de la comarca del Eume. Elaboraciones como las crujientes bolachas, la proia que acompañaba antiguamente las meriendas, los polvorones que anticipaban el invierno y, por supuesto, las célebres mantecadas de As Pontes.
Hoy, las mantecadas de As Pontes se hornean durante todo el año, aunque su producción alcanza su punto máximo en invierno, cuando la demanda crece significativamente. Pero este dulce va más allá de ser una simple especialidad local, es el resultado de décadas de tradición panadera y de un proceso artesanal que combina ingredientes de primera calidad con técnicas transmitidas de generación en generación. Un producto que, además, refuerza la identidad de Galicia dentro del panorama de los dulces de invierno.