Comida de boda en Bergantiños. del pintor gallego Fernando Álvarez de Sotomayor
El utensilio gallego que nadie espera en la mesa: un cubierto que se lleva puesto
Son hábitos heredados, transmitidos de padres a hijos, que resisten al paso del tiempo
Galicia es una tierra donde el pasado no se guarda en vitrinas, sino que sigue formando parte de la vida diaria. Muchas de sus costumbres, nacidas en el rural, han logrado sobrevivir a generaciones casi sin alterarse, adaptándose con naturalidad a los tiempos modernos.
Gestos cotidianos, aparentemente simples, continúan repitiéndose hoy como se hacía hace décadas, a menudo sin que quienes los practican sean del todo conscientes de su origen. Son hábitos heredados, transmitidos de padres a hijos, que resisten al paso del tiempo y que, vistos desde fuera, pueden resultar llamativos.
Una herencia del mundo rural gallego
Durante siglos, la vida en Galicia estuvo marcada por el trabajo en el campo, la ganadería y una economía de subsistencia. En ese contexto, cada objeto tenía un valor práctico y debía cumplir varias funciones. La autosuficiencia era una necesidad, no una elección, y eso se reflejaba tanto en la organización del hogar como en los utensilios personales que debían ser prácticos, resistentes y versátiles.
Entre todos ellos destaca la navaja que cumplía a la perfección con estas exigencias: un objeto pequeño, fácil de transportar y capaz de resolver múltiples tareas en el día a día.
La navaja acompañaba a agricultores, ganaderos y marineros en sus jornadas, sirviendo para arreglar utensilios o cortar cuerdas. Esa relación directa con la herramienta hizo que se convirtiera en un elemento ligado a la identidad personal.
Con el tiempo, su uso trascendió el ámbito laboral y llegó también a la mesa. En jornadas largas lejos del hogar, resultaba natural emplear la navaja que se llevaba en el bolsillo para cortar pan, queso o embutido. Así nació una costumbre que todavía hoy pervive en comidas informales, excursiones o reuniones al aire libre.
Y es que, la navaja, limpia y bien cuidada, cumplía una función práctica, sin que existiera una separación estricta entre herramienta y cubierto.
Así es la navaja que servía para todo
Tradicionalmente, la navaja fue una herramienta de bolsillo habitual utilizada en múltiples tareas cotidianas. Servía tanto para arreglar pequeños desperfectos como para preparar alimentos o resolver cualquier necesidad imprevista. Su presencia constante la convirtió en una extensión natural de la mano.
A diferencia de otros utensilios más especializados, la navaja destaca por su sencillez. Robusta y práctica está diseñada para durar. Una simplicidad que terminó por definirlas porque fueron elaboradas como herramientas funcionales al servicio del día a día.
La navaja en Galicia también es el resultado de una tradición artesanal arraigada. En comarcas como La Mariña lucense o La Fonsagrada, artesanos continúan elaborando estas piezas siguiendo métodos tradicionales: hojas de acero forjado y mangos de madera de boj o granadillo.
Aunque el contexto social ha cambiado, la costumbre de cortar la comida con la propia navaja sigue viva en muchos gallegos. Para muchos es simplemente una cuestión práctica sin saber que es un gesto cargado de simbolismo y tradición.