Atlantic CityLuís Pousa

Pero… ¿hubo alguna vez 350 taxis?

Los que creemos en los cuentos de hadas y nos fiamos más de Tolkien que del BOE, no perdemos la esperanza de ver cualquier tarde uno de esos seres mitológicos

El miércoles se manifestaron en Coruña los profesionales del taxi y descubrimos, asombrados, que en la ciudad hay 350 taxistas. Allí estaban, aparcados en la explanada del Parrote, como si Amancio Ortega, en un alarde de poderío, los hubiese convocado a todos al pie de su casa. Una imagen insólita para el ojo coruñés, acostumbrado, desde los tiempos del castro de Elviña, a esas paradas desérticas en las que, de vez en cuando, pasa una de esas matas rodantes de las películas del Oeste.

Al contemplar semejante despliegue de coches blancos, me asaltó una duda existencial: ¿dónde están a las seis y media de la mañana cuando los necesitas para ir a la estación de tren? A esa hora, ya puedes llamar a Radio Taxi —o incluso a Radio María—, que no conseguirás que te contesten. No digamos ya que te manden un vehículo.

Al ver las fotos de la flotilla blanca, el segundo interrogante me lo chivó Enrique Jardiel Poncela: Pero… ¿hubo alguna vez 350 taxis? Me lo dictó Jardiel porque, mientras yo lo leo desde el más acá, él me lee a mí desde el más allá y me va soplando columnas. Cuando remató la novela en la que relata la colisión cósmica entre un donjuán con 36.857 amoríos y una vampiresa con 37.329 conquistas, a don Enrique no se le ocurrió mejor título que este: Pero… ¿hubo alguna vez once mil vírgenes? Un descabellado guiño al célebre error de lectura de una inscripción latina que llevó a contabilizar como once mil las once mártires que sucumbieron junto a Santa Úrsula a manos de los hunos. Pasar de once vírgenes a once mil no parece gran cosa comparado con confundir la rodilla de Mbappé, pero el caso tuvo su repercusión en la Edad Media, cuando las cosas eran virales a lo grande, en plan Peste Negra y así.

Ya sé que las fotos prueban que en Coruña hay 350 taxis. Pero hay madrugadas en las que, tras escuchar media hora la musiquilla de Tele Taxi mientras tratas de conseguir que algún alma caritativa te lleve al aeropuerto por veinte euros, acabas creyendo que, como las once mil vírgenes, las 350 licencias en realidad son solo once y los profesionales van rotando por las paradas para hacer bulto.

(Foto de ARCHIVO)
Presentación del primer taxi eléctrico en Galicia

REMITIDA / HANDOUT por AYUNTAMIENTO DE A CORUÑA
Fotografía remitida a medios de comunicación exclusivamente para ilustrar la noticia a la que hace referencia la imagen, y citando la procedencia de la imagen en la firma
17/1/2020

AYUNTAMIENTO DE A CORUÑA

Me replicarán que, en el fondo, en Coruña somos unos afortunados. Y tendremos que admitirlo porque, si en nuestra ciudad está complicado pillar un taxi, en Santiago yo creo que directamente no existen. Viví allí cuatro años, pero no sabría decir si son blancos como los de Madrid o negros y amarillos como los de Barcelona. Jamás he visto uno delante.

Los que creemos en los cuentos de hadas y nos fiamos más de Tolkien que del BOE, no perdemos la esperanza de ver cualquier tarde uno de esos seres mitológicos

entre las piedras de Compostela. Y en los días más optimistas nos venimos arriba y hasta llegamos a ilusionarnos con la fantasía de atisbar un taxi en busca de clientes por las calles de Coruña. Aunque enseguida despertamos de nuestro sueño intranquilo y comprendemos que aquello que parecía verse a lo lejos no era la lucecita de un coche libre, sino algo tan vulgar como el rayo verde de Julio Verne.

Pero tampoco hay que hundirse. Si estamos convencidos de que Hércules plantó sobre el cráneo de Gerión una torre desde la que se divisa Irlanda en los días claros y, cada enero, asistimos al regreso del fantasma de Lady Stanhope al jardín de San Carlos, tal vez algún día se nos conceda ver un taxi entre los unicornios y dragones que sestean a la sombra del ombú de Méndez Núñez. Será cosa de rezar a Santa Úrsula y sus once mil vírgenes o de poner unas velitas en la Orden Tercera a San Judas Tadeo, patrón de los imposibles coruñeses. Seguro que nos hacen más caso que la centralita de Radio Taxi.

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