Almejas
La almeja que llegó de Asia busca ser reconocida como especie natural en las rías gallegas
El sector defiende que la medida aportaría seguridad jurídica, reforzaría la economía costera y reconocería una realidad científica consolidada
Galicia es sinónimo de marisco. Sus rías producen algunos de los bivalvos más apreciados de Europa y sostienen una actividad económica que da empleo a miles de familias vinculadas al marisqueo y a la pesca artesanal. Entre almejas finas, babosas, rubias y berberechos, existe una especie que durante décadas ha pasado de ser una recién llegada a convertirse en una de las grandes protagonistas del litoral gallego.
Ahora, esta especie originaria del Pacífico occidental podría vivir un nuevo capítulo en su historia. El Parlamento de Galicia ha aprobado por unanimidad solicitar al Gobierno central que la reconozca oficialmente como especie de producción natural de las rías gallegas, una decisión que tendría importantes implicaciones económicas, jurídicas y medioambientales para uno de los sectores estratégicos de la comunidad. Según explicó la diputada del PP, Nazareth Cendán, durante la comisión de pesca celebrada este martes, reconocer legalmente su carácter de especie de producción natural supondría «un acto de coherencia científica, justicia económica y realismo normativo ante una presencia consolidada desde hace casi medio siglo».
Especie clave para el marisqueo
Se trata de la almeja japónica, una especie llegada desde Asia que, lejos de convertirse en un elemento anecdótico, ha acabado transformando el marisqueo gallego. Introducida en Europa durante la segunda mitad del siglo XX, su presencia en las rías está hoy plenamente consolidada. De hecho, se ha convertido en uno de los recursos más importantes para el sector.
Según los datos trasladados al Parlamento de Galicia, supone entre el 60 % y el 80 % de las capturas de bivalvos y de los ingresos de numerosas cofradías y agrupaciones de mariscadoras.
Su peso económico es tal que cualquier decisión sobre su estatus legal tiene un impacto directo en buena parte de la actividad marisquera gallega. Al respecto, Cendán afirmó que la almeja japónica constituye actualmente una población «superviviente, autosuficiente y estable» que «no actúa como una especie invasora, sino como un elemento más de la biodiversidad de las rías».
Y es que, la almeja japónica es una especie de crecimiento rápido, resistente a las variaciones de temperatura y salinidad y capaz de adaptarse con facilidad a distintos tipos de fondos marinos. Estas características le han permitido prosperar en las rías gallegas.
De Japón a las rías gallegas
La historia de la almeja japónica en Galicia está marcada por una expansión que comenzó a miles de kilómetros de las rías gallegas. Originaria del Pacífico occidental, esta especie inició su salto internacional de forma accidental cuando fue introducida en las costas de Norteamérica junto a cultivos de ostras destinados a la acuicultura. Su extraordinaria capacidad de adaptación le permitió asentarse con éxito y, posteriormente, dar el salto a Europa.
A partir de la década de 1970, varios países europeos comenzaron a apostar por su cultivo como alternativa ante el descenso de otras especies de almeja. Francia fue una de las primeras puertas de entrada al continente, seguida por Italia, donde la japónica encontró un entorno ideal en las lagunas de Venecia y alcanzó una producción a gran escala.
Fue precisamente desde el norte de Italia desde donde llegaron los primeros ejemplares a Galicia durante los años ochenta. Coincidiendo con la expansión de las grandes superficies comerciales y una creciente demanda de marisco a precios más asequibles, las empresas del sector comenzaron a importar esta variedad para su depuración y comercialización. Su presencia despertó pronto el interés de productores y cultivadores gallegos, especialmente en zonas como Carril, donde algunos parques de cultivo empezaron a experimentar con una especie que ofrecía un rápido crecimiento y una notable resistencia.
Sin embargo, sus primeros pasos en las rías no estuvieron exentos de polémica. Al tratarse de una especie foránea, fue recibida con recelo por parte de algunos profesionales, que temían posibles efectos negativos sobre las variedades autóctonas. Con el paso de los años, aquellas dudas fueron desapareciendo a medida que la japónica demostraba su capacidad para reproducirse de forma natural y consolidar poblaciones estables.
Mas de cuatro décadas después de su llegada, el escenario es completamente distinto. La especie se ha convertido en una de las más abundantes de las rías gallegas y en un recurso fundamental para la supervivencia económica de numerosas cofradías y agrupaciones de mariscadoras, transformándose así en uno de los pilares del marisqueo gallego actual.
Cómo es la almeja que conquistó Galicia
La almeja japónica se distingue fácilmente por las características de su concha, pues presenta un dibujo en forma de rejilla o cuadrícula muy marcado, resultado del cruce entre costillas radiales y líneas concéntricas. Además, su aspecto es más robusto que el de otras variedades gallegas y puede alcanzar hasta ocho centímetros de longitud. Los tonos de la concha varían entre blancos, amarillos, grises, marrones y negros, dependiendo del entorno en el que crezca.
Pero si algo explica su éxito es su extraordinaria capacidad de adaptación. Vive enterrada en fondos arenosos y fangosos, soporta cambios bruscos de salinidad y temperatura y mantiene una elevada capacidad reproductiva.
Precisamente estas cualidades han convertido a una especie llegada desde el otro lado del mundo en uno de los recursos más valiosos de las rías gallegas. Ahora, Galicia quiere que la ley reconozca oficialmente lo que el mar y los mercados llevan décadas demostrando: que la almeja japónica ya forma parte de la identidad productiva de su litoral.