Monumento O Vixiador en Arteixo
El catalejo más grande de Galicia que cambia la forma de mirar el Atlántico y el mundo
Muchos acuden a sacarse fotos para publicarlas en redes sociales pero muy pocos conocen su verdadero significado
Los miradores se han convertido en uno de los grandes reclamos turísticos de Galicia. Repartidos por toda la comunidad, ofrecen panorámicas sobre rías, montañas, acantilados y playas, pero algunos van mucho más allá de las vistas.
Diseñados como auténticas obras de arte, esconden historias, simbolismos y curiosidades que los han transformado en escenarios habituales de las fotografías que circulan por las redes sociales. Entre ellos destaca uno especialmente singular: un gigantesco catalejo orientado hacia el Atlántico que invita a mirar el paisaje de una forma diferente.
Un mirador con un profundo significado
Quien pasea por la Senda Azul de Arteixo lo descubre desde lejos. Una enorme estructura de acero parece apuntar directamente hacia el Atlántico, como si se tratase de un inmenso telescopio instalado para contemplar el océano. Pero en realidad, no lo es.
La pieza recibe oficialmente el nombre de O Vixiador, aunque popularmente también es conocida como el Monumento del Voyeur o la estatua del Mirón. Fue inaugurada en 2006 para conmemorar la construcción del paseo marítimo y la Senda Azul, un recorrido litoral de más de cinco kilómetros que enlaza varias playas del municipio y que se ha consolidado como uno de los paseos costeros más frecuentados del área metropolitana de La Coruña.
Su autor es el escultor Enrique Saavedra López, conocido como 'Chicheri', que fue el creador de un catalejo que mide casi 15 metros de longitud, pesa unas 3,5 toneladas y está construido en acero corten, un material especialmente resistente a la corrosión que adquiere con el tiempo su característico tono rojizo.
El conjunto se completa con una enorme silla de acero galvanizado de unos cinco metros de altura. Ambos elementos forman una única obra. El visitante debe subir por una escalera y sentarse para colocar el ojo frente al visor, exactamente igual que haría con un catalejo convencional. Y solo entonces se entiende el verdadero sentido del monumento.
Un mensaje escondido tras la lente
Quien al mirar por el visor de este espectacular catalejo, espera contemplar una panorámica completa del Atlántico se lleva una sorpresa. La lente únicamente permite observar una pequeña franja en la que el mar y el cielo parecen fundirse en el horizonte. Esa limitación no es un error de diseño, sino el verdadero corazón de la obra.
Y es que el monumento pretende representar la tendencia de las personas a fijarse únicamente en una pequeña parte de la realidad, dejando fuera todo aquello que permanece alrededor. El gigantesco catalejo simboliza esa mirada parcial con la que muchas veces interpretamos el mundo. Por eso O Vixiador no solo funciona como un mirador. También propone una reflexión sobre la importancia de ampliar la perspectiva y mirar más allá de aquello que tenemos delante.
Con el paso de los años, veinte para ser exactos, el monumento se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles de Arteixo. Su ubicación, frente al Atlántico y junto al paseo marítimo, hace que sea una parada casi obligatoria para quienes recorren la Senda Azul. El contraste entre el acero corten, el azul del océano y los atardeceres de la costa coruñesa ha convertido la escultura en uno de los fondos favoritos para las fotografías.
Desde este punto también es posible continuar el recorrido hasta la playa de La Vaca, situada a unos tres kilómetros. El sendero bordea la costa entre acantilados y pequeñas calas, ofreciendo nuevas perspectivas del litoral antes de llegar a este arenal, donde durante el verano un chiringuito permite disfrutar del paisaje con vistas abiertas al océano.
Pese al paso del tiempo, el gigantesco catalejo sigue siendo uno de los monumentos más originales de Galicia. Quienes llegan hasta él buscando una fotografía descubren una obra que va mucho más allá de su espectacular tamaño. Porque su propósito nunca fue únicamente ofrecer vistas al Atlántico, sino recordar que la realidad siempre es mucho más amplia de lo que alcanza nuestra mirada.