Atlantic CityLuís Pousa

Resulta que era inmortal

Después de todo lo que hemos pasado en las últimas temporadas, toca ser felices. Disfrutemos con las travesuras de ese niño de 37 años llamado Auba

Cuando el locutor Paco González —al que sus propios compañeros han bautizado como Nostrapacus por sus extraordinarias dotes predictivas— lanzó su augurio a las ondas, supe que habíamos acertado de pleno con el fichaje. «Yo solo le doy un consejo al Deportivo: que no se cargue de nombres con mucha edad. No os gastéis la pasta, poca o mucha que tengáis, en tipos muy mayores y que ya están de vuelta», pronosticó González sobre la contratación de Pierre-Emerick Aubameyang. ¿Resultado de la profecía? Después de cuatro jornadas, Auba suma cuatro goles y dos asistencias y, a la espera de lo que suceda este fin de semana, el Dépor está a solo un punto del amado Madrid de Nostrapacus.

La primera señal de que esta iba a ser una gran temporada la había lanzado la presidenta del Celta. Pisando un charco al que nadie la había invitado, la señora Mouriño afirmó que Vigo y Coruña no compartían objetivos porque los celestes nos llevaban quince años de ventaja. Se refería, supongo, a que su equipo ha malgastado más tiempo en Primera División que nosotros. Quién niega la evidencia. El problema, como diría el gran José Mota, es que estar por estar, estar para nada, tampoco merece mucho la pena. Y si hablamos de ventaja histórica, le recordamos que la del Dépor es más larga: siete títulos a cero.

Andan rabiosos los enemigos del Deportivo por el arranque glorioso de los de Riazor en su retorno a Primera. Les duele el alma al vernos ahí arriba en la tabla, como en los viejos tiempos, porque recuerdan de lo que fuimos capaces entonces y les aterra la sola idea de que repitamos alguna de aquellas hazañas.

Le dan vueltas y más vueltas a la plantilla que ha confeccionado el Real Club y esbozan estrafalarias conspiraciones para justificar los aciertos incontestables en el mercado de fichajes. Queridos enemigos, dejad de rumiar delirios sobre el fair play financiero. Es todo mucho más sencillo: en los últimos años, la institución ha puesto en orden sus cuentas (saneando la colosal deuda heredada de los que ahora, criaturas, se permiten el lujo de dar consejos a los actuales gestores) y ha creado una estructura profesional que mima la cantera y completa con contrataciones medidas al milímetro lo que no hay en casa. Punto.

VILA-REAL (CASTELLÓN), 05/09/2026.- El jugador del Deportivo de A Coruña Pierre-Emerick Aubameyang remata para marcar gol durante el partido de la jornada 4 de LaLiga entre el Villarreal y el Deportivo de A Coruña, este sábado en Vila-real (Castellón). EFE/ Kai Forsterling

Pierre-Emerick AubameyangEFE

Más de uno se frotaba las manos al ver cómo se emponzoñaba el conflicto por las normas aplicadas a la grada de General (si la llamas Maratón Inferior es que no llevas tanto tiempo como dices yendo a Riazor), pero hasta ese embrollo, que empezaba a tener muy mala pinta, se ha solucionado finalmente para alegría de todos los que queremos de corazón al club.

A muchos les hierve la sangre al ver que se habla de nuevo del Superdépor (hasta el madridista Marca —perdón por la redundancia— se rinde a las volteretas de Auba). Es demasiado pronto para empuñar esa bandera. Pero hay señales de que, en un plazo no demasiado largo, podemos estar surfeando la tercera gran ola de nuestra historia. La primera la vivimos con Arsenio y aquel once maravilloso que asombró a todos. La segunda llegó con Irureta y un equipo de ensueño que ganó en todos los grandes campos de Europa y conquistó, al fin, la Liga que nos había birlado el dream team de Cruyff en aquel calvario de mayo de 1994.

Hay ilusión. No sabemos cuándo empezará a carburar del todo una máquina en la que todavía falta que encajen algunas piezas. Tampoco nos devora la prisa. El único objetivo para este curso es aferrarnos con uñas y dientes a la categoría. A partir de ahí, toca ser felices. Disfrutemos con las travesuras de ese niño de 37 años llamado Auba, con las palomitas de Leo, con el desparpajo de Bil y con las filigranas de Soriano y Yeremay.

Algunos nos daban por muertos. Otros incluso llegaron a enterrarnos sin tomarse la molestia de comprobar si todavía respirábamos. Malas noticias para todos ellos. No es que el Superdépor haya resucitado. Es que resulta que era inmortal.

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