Atlantic CityLuís Pousa

La «intermodaliña»

El diseño de la nueva fachada de San Cristóbal está a medio camino entre un
tanatorio municipal y una nave industrial del extrarradio

Han caído las lonas que ocultaban una de las fachadas de la remozada estación de San Cristóbal y han empezado a silbar los tiros. El edificio que asoma ahora ante nuestros ojos no es exactamente la obra magna que nos habían contado. Uno de los primeros en disparar en X fue el concejal de Urbanismo, el arquitecto Francisco Díaz Gallego. «Es terrorífica», atizó el edil en el OK Corral de las redes sociales. En las respuestas que se cruzaron los tuiteros no asomó ni la más mínima defensa del diseño ministerial.

A mí me parece que el Adif de Óscar Puente, más que una terminal ferroviaria, nos ha colado una nave industrial que le sobraba por ahí en algún polígono del extrarradio de Madrid. Me imagino la charla de los gurús del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible en un despacho capitalino: «Total, estos gallegos ni se enteran; y si se enteran, nunca protestan». Esa es la idea fundacional de la llamada estación intermodal coruñesa. Y, voy más allá, es el concepto con el que se construyó ese AVE del chino Antonio que recorre el eje atlántico. Mientras en el resto de España se plantaban líneas de alta velocidad (más de 250 kilómetros por hora) con ancho internacional, en Galicia nos endosaron como limosnilla una «velocidad alta» (a lo sumo 200 km/h) con ancho ibérico porque, seamos serios, tampoco es cuestión de que todos los españoles seamos iguales.

Algo similar ha sucedido con la terminal coruñesa. Nos anunciaron a bombo y platillo una intermodal, pero, al final, la palabreja de marras se reduce a juntar en San Cristóbal los trenes y los buses. Para tan minúsculo viaje, tampoco hacían falta semejantes alforjas. Si se trataba de bajar del ferrocarril para subirse al coche de línea de Carballo, ya teníamos la pasarela peatonal que comunica los dos recintos. Podíamos haber colgado del paso elevado uno de esos carteles de que se casan Pili y Manolo y, en lugar del bodorrio, garabatear en la sábana «estación intermodal de San Cristóbal». Nos hubiésemos ahorrado un montón de euros y de años que se han ido por el desagüe.

Estación intermodal de La Coruña

Estación intermodal de La CoruñaEL IDEAL GALLEGO

Para llegar a la categoría de intermodal, sospecho que habría que hacer algo más sofisticado que poner unos autobuses al lado de unos trenes. Yo desembarco en un recinto con ese apellido y me espero, a mayores de la Compañía de Tranvías y los taxis, un ferrocarril de cercanías, un metro (aunque solo sea uno ligero, de superficie), un tranvía moderno y, en una ciudad como Coruña, una conexión con el puerto y con esa gran terminal marítima de la que carecemos. La nuestra, más que intermodal, será una intermodaliña. Y gracias.

Tal vez el punto de partida de este desastre venga de muy atrás y ni siquiera el ministro Puente tenga la culpa (claro que pasarse el día tuiteando, en vez de estudiando los planos, tampoco ayuda). Todo se torció en 2001, cuando el Ministerio de Fomento de entonces decidió que la alta velocidad —perdón, la velocidad alta— entraría en Coruña por San Cristóbal, en lugar de por San Diego. El santo equivocado. La terminal portuaria de Renfe era la gran oportunidad para levantar en la ciudad una estación del siglo XXI. Allí se podían haber reunido todas esas modalidades de transporte que se intercambian por el mundo adelante. En San Diego habrían confluido los ferrocarriles, el tranvía, los autobuses urbanos e interurbanos y, por supuesto, los servicios portuarios. Y qué decir de la fabulosa transformación urbana que se hubiese desarrollado alrededor de esa infraestructura.

Pero se prefirió hacer un apaño, ir parcheando con una reformilla y listo, en lugar de crear algo realmente nuevo y a la altura de los tiempos. Exactamente la misma estrategia fallida que definió nuestro AVE mediopensionista. Y con esas cutres premisas, ahora nos encontramos con que nos han plantado en el corazón de la ciudad un apeadero con alma de tanatorio municipal.

Pronto tendremos una estación intermodal. Ahora ya solo nos falta la intermodalidad.

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