¿Y si Ceuta fuera Formentera?
La crisis de la ciudad autónoma obliga a Baleares a preguntarse cómo reaccionaría ante una llegada masiva de inmigrantes a sus costas y qué respuesta recibiría de este ineficaz Gobierno de Pedro Sánchez ante una emergencia que forma parte de una guerra híbrida de Marruecos contra España
Voy a plantearles una hipótesis de ficción basada en los hechos acaecidos en Ceuta desde finales de julio pasado. Porque ese preocupante problema de soberanía nacional e integridad territorial, afectante a todos los españoles, no ha sido visto por la generalidad de los ciudadanos valorando su extrema gravedad.
La isla de Formentera tiene oficialmente censados cerca de 12.000 habitantes, según datos del INE del año 2025. Son las personas que residen en nuestra isla más meridional durante todo el año, aunque sabemos que, en los largos meses del verano balear, la cifra supera ampliamente los 30000.
Imaginen que, en un solo día del próximo mes de octubre, cuando ya las hordas veraniegas hayan abandonado las paradisiacas playas de la Pitiusa menor, se produce una llegada masiva de unos 10.000 inmigrantes en una flotilla de embarcaciones perfectamente organizada, procedente del norte de África, que los desembarca a escasos metros de la playa de Migjorn volviéndose de vacío a casa. Y, así, llega nadando a Formentera un número de personas que prácticamente iguala la población de la isla, lo que seguro va a colapsar los servicios sociales, de habitabilidad, sanitarios y las fuerzas de orden público disponibles en ese pequeño territorio.
A los problemas de alimentación, alojamiento y salud pública se unirá pronto una grave sensación de inseguridad, causando grave impacto en la tranquila población insular, con inmigrantes pululando por doquier tratando de procurarse techo, alimentos y bebida, sin tener atendidas sus necesidades básicas. Y además aumentando, con el paso de los días, la posibilidad de que surjan incidentes, e incluso enfrentamientos violentos con los residentes y las fuerzas de seguridad, al incrementarse la desesperación, instintos y necesidades de la masa invasora.
¿Qué opinaríamos entonces los ciudadanos baleares? ¿No desearíamos expulsar inmediatamente a los invasores? ¿Iría a Formentera nuestra izquierda balear a hacer recibimientos cumbayá dando la bienvenida a los recién llegados? ¿Irían los niños de Formentera tranquilamente todos los días a la escuela? ¿Qué podría hacer el Govern balear? ¿Qué reacción creen ustedes que tendría el Gobierno de Pedro Sánchez tratándose de una Comunidad Autónoma gobernada por un pacto de PP y Vox? ¿Qué ayuda militar, logística, económica o sanitaria piensan que nos prestaría nuestro ejecutivo central? ¿Qué opinarían ustedes si esos días el presidente se marchase a Andorra a hospedarse en un hotel de lujo para montar en bicicleta?
Cuando uno analiza las diferentes reacciones suscitadas en Baleares por la invasión masiva de Ceuta y la gallarda actitud de sus habitantes, muchas de ellas ejemplares (como la manifestación en Cort o la de la afición mallorquinista en el partido contra el Ceuta en Son Moix) pero otras distantes o directamente miserables (con sorprendentes alusiones al fascismo cada vez que aparece una bandera española), entiende que ciertas personas no estén demasiado preocupadas considerando sus condicionantes ideológicos o la lejanía geográfica del problema. Pero la ideología sirve para poco y el problema se aproxima bastante enumerando la cantidad de inmigrantes que han llegado en patera en los últimos años a nuestras costas. Cuando una invasión masiva se produce a las puertas de tu casa la cuestión se percibe diferente.
La invasión de Ceuta no es un problema migratorio, ni se resolverá con actitudes buenistas, prejuicios ideológicos o una diplomacia complaciente. Se trata de una guerra híbrida por la que Marruecos aprovecha la debilidad del Gobierno de Sánchez, empleando como carne de cañón a lo peorcito de su propia población. Cuanto antes entendamos esto, antes nos daremos cuenta de las dramáticas consecuencias de no tener un Gobierno eficaz, y del enorme problemón que debemos gestionar como frontera sur de Europa.