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Crónicas incorrectasÁlvaro Delgado

Clara Campoamor: el redescubrimiento del mito feminista

La obsesión de la izquierda por controlar –hasta con imposiciones legislativas– la llamada «memoria histórica», o también «memoria democrática», está produciendo en los últimos años resultados sorprendentes. Cuanto más se empeñan los sucesivos Gobiernos progresistas en imponer por Ley su idílico «relato» de los episodios más trágicos y desafortunados de nuestra historia reciente más estudios rigurosos están apareciendo que desmontan –hasta extremos insospechados– esa falsaria versión oficial.

Los fraudes y violencias perfectamente documentados en las elecciones republicanas, especialmente en la que dio lugar al nacimiento de la coalición llamada «Frente Popular» (febrero de 1936); la quema de iglesias, bibliotecas, conventos y otros edificios religiosos, y el asesinato de monjas, sacerdotes y feligreses católicos por exclusivas razones de fanatismo ideológico; las revoluciones organizadas por los mismos partidos republicanos contra el Gobierno de la República; el asesinato del líder de la oposición monárquica, José Calvo Sotelo, por los guardaespaldas del líder del PSOE Indalecio Prieto; las ocultadas amistades íntimas del líder de Falange Española José Antonio Primo de Rivera con el presidente de la República Manuel Azaña (que intentó, por todos los medios, evitar su fusilamiento), y con Federico García Lorca, Salvador Dalí y otros destacados personajes republicanos, con quienes pactó la formación de un Gobierno de concentración nacional para parar la Guerra Civil; y las oscuras rencillas familiares y patrimoniales –ajenas a motivaciones ideológicas– que dieron lugar al asesinato de García Lorca en el granadino barranco de Víznar están saliendo a la luz en obras fascinantes, de muy diferentes autores, que destrozan por todas partes el fantaseado relato oficial.

Uno de los casos más llamativos ha sido el «redescubrimiento» de Clara Campoamor. La abogada y profesora madrileña, gran mito republicano especialmente en el ámbito feminista –fue la impulsora y artífice de la aprobación parlamentaria del voto femenino, frente a las reticencias de las otras dos únicas mujeres diputadas republicanas, Victoria Kent y Margarita Nelken–, tuvo que huir de Madrid en septiembre de 1936 ante el miedo declarado a ser asesinada por sus propios correligionarios. Y describió, con una pluma clara e implacable, el caos violento y revolucionario que se había apropiado de todas las instituciones de la mitificada Segunda República Española en los meses anteriores y posteriores al estallido de la Guerra Civil.

Clara Campoamor, precursora del sufragio femenino

Clara Campoamor, precursora del sufragio femenino

Tres interesantísimas obras de Campoamor han sido reeditadas en los últimos años: La revolución española vista por una republicana, El voto femenino y yo. Mi pecado mortal y Letra de mujer: correspondencia con Paulina Luisi. Para los interesados en la verdadera historia de nuestro convulso país, y no en esos mundos de Yupi que suele divulgar la izquierda, ninguna de las tres tiene desperdicio.

En la primera, Campoamor describe el ambiente de fanatismo, desorganización y violencia que presidía la política republicana desde la controvertida victoria electoral del Frente Popular en febrero de 1936. La cruda descripción dibujada por la abogada feminista de sus variopintos correligionarios republicanos no casa nada bien con esa idílica sociedad fraternal que la izquierda se empeña desde hace años en recrear. En la segunda, Campoamor relata las dificultades que tuvo que enfrentar para lograr la aprobación parlamentaria del voto femenino, producida en las Cortes el 1 de octubre de 1931 por una exigua diferencia de 40 votos (161 contra 121), con el voto favorable de las derechas y algunos diputados socialistas y la oposición generalizada de la inmensa mayoría de los partidos republicanos, que consideraban que las mujeres inclinarían desfavorablemente el tablero electoral por ejercer el voto influidas por sus confesores religiosos. La tercera obra contiene las expresiones más demoledoras de las tres. Tras definir al Frente Popular como «satánico» y al comunismo como «la lepra», en una de las cartas a su íntima amiga, la doctora y líder feminista uruguaya Paulina Luisi, escribe textualmente: «Deseo ardientemente el triunfo de Franco para evitar el derrumbamiento de España. Pero, ¡a qué precio!».

Con los contundentes testimonios históricos que están últimamente apareciendo uno entiende mejor el empeño de Sánchez, y antes también de Zapatero, para aprobar una legislación tramposa que nos cuente a los españoles, como si fuéramos todos menores de edad, la peliculilla histórica de dibujos animados que más interesa a la izquierda para eludir su terrible responsabilidad.

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