Latas de conservas

Latas de conservasGTRES

La primera conservera de España es gallega y marcó el comienzo de la industria en el país

Comenzó su actividad en una época en la que la salazón y el ahumado eran los métodos tradicionales para conservar el pescado

La historia de la industria conservera en España tiene uno de sus orígenes más documentados en Galicia, concretamente en la ciudad de La Coruña, donde en 1836 se fundó una fábrica conocida como La Coruñesa.

Esta empresa, impulsada por empresario Francisco de Paula Zuloaga, estaría considerada como la primera conservera del país, adelantándose a otras factorías que surgirían posteriormente en distintas regiones.

La fundación de La Coruñesa precede incluso al naufragio de un barco francés frente a Finisterre en 1840, hecho que, según algunas versiones, habría sido clave para la llegada de las conservas modernas a las costas gallegas.

Productos del mar en una lata

La Coruñesa comenzó su actividad en una época en la que los métodos tradicionales para conservar el pescado en Galicia, como la salazón y el ahumado, eran los más extendidos. Sin embargo, la influencia de los descubrimientos realizados por el francés Nicolas Appert, quien en 1810 ideó un sistema de conservación mediante calentamiento hermético en frascos de vidrio, y la posterior introducción del uso de latas metálicas por parte del británico Peter Durand, permitieron el desarrollo de nuevas técnicas más eficientes.

En sus primeros años, La Coruñesa empleaba tarros de vidrio, pero no tardó en adoptar el uso de latas de hojalata, permitiendo una mayor durabilidad del producto y una mejor distribución a los mercados. La fábrica estaba ubicada en el límite entre los municipios de La Coruña y Oza, cerca del río Monelos, en una zona donde ya existían almacenes de salazón.

La materia prima utilizada en La Coruñesa provenía de las rías gallegas. Sardinas, bonito y mejillones eran enlatados siguiendo métodos artesanales. El pescado se limpiaba manualmente, se cocinaba al vapor o se freía, y posteriormente se introducía en envases metálicos que se sellaban y esterilizaban mediante calor.

Este proceso garantizaba la conservación durante largos periodos, lo que facilitó su comercialización fuera de Galicia. Las latas producidas por La Coruñesa comenzaron a distribuirse en ciudades como Madrid y Barcelona, e incluso llegaron a mercados internacionales.

Consolidación del sector en Galicia

La aparición de La Coruñesa marcó el inicio de un proceso de expansión en Galicia. En 1850, surgió la conservera Caamaño en Noya, especializada inicialmente en la conserva de perdices y pichones.

Posteriormente, empresas como Goday en La Isla de Arosa o Curbera en Vigo se centraron en productos del mar, consolidando así una red empresarial que extendió la producción conservera a lo largo de toda la costa gallega.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, Galicia recibió además la influencia de empresarios franceses, que, ante la escasez de sardina en sus propias costas, se establecieron en Galicia y formaron sociedades mixtas con empresarios locales. Este proceso permitió incorporar formación técnica, inversión y, sobre todo, un mercado de exportación estable.

Fábrica de conservas y factoría ballenera de Masso

Fábrica de conservas y factoría ballenera de MassoTurismo de Cangas

Paralelamente, la llegada de empresarios catalanes, conocidos como 'los fomentadores', introdujo mejoras en la salazón y en las artes de pesca, lo que impulsó aún más el desarrollo del sector. Apellidos como Massó, Curbera, Goday o Dotras aparecen vinculados a estas iniciativas empresariales que convirtieron Galicia en un referente del sector.

Con el tiempo, muchas de las primeras conserveras gallegas evolucionaron y crecieron, mientras que otra fueron surgiendo a lo largo de los años.

Productos como las sardinas, mejillones, berberechos y algas marinas son elaborados y exportados a numerosos destinos internacionales.

La industria conservera gallega, con más de un siglo y medio de historia, ha sabido mantener su esencia a la vez que se ha modernizado. Desde los talleres artesanales del siglo XIX hasta las factorías actuales, la conserva continúa siendo un símbolo del vínculo entre Galicia y el mar.

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