Catas arqueológicas en la Ronda Norte

Catas arqueológicas en la Ronda NorteJunta de Andalucía

Córdoba: casi medio siglo de tensión entre urbanismo y arqueología

De Gran Capitán y Cercadilla al dilema de la Ronda Norte

El hallazgo de un complejo cristiano mozárabe en el trazado de la futura Ronda Norte ha devuelto a Córdoba a un debate muchas veces repetido: cómo conjugar el desarrollo urbano con la preservación del pasado. Bajo la franja prevista para parte del tramo ha aparecido un complejo religioso cristiano altomedieval, con una basílica de tres naves, restos de dos monasterios, un posible baptisterio yy restos que apuntan a un conjunto mayor.

Apenas se ha excavado el 20% de los cerca de 5.000 metros cuadrados, pero los especialistas coinciden en la excepcionalidad del descubrimiento, único en al-Ándalus y de gran potencial para entender la Córdoba mozárabe. El informe técnico plantea dos opciones: elevar la cota para conservar in situ o variar el trazado. El túnel se descarta. La decisión está en manos de la Junta, mientras se reclama una cubierta provisional que evite que las lluvias dañen las estructuras.

No es la primera vez que ocurre. En los 80, el aparcamiento frustrado del Gran Capitán marcó un antes y un después al destapar mosaicos y muros andalusíes. En 1991, la estación del AVE arrasó buena parte de Cercadilla, un trauma que aún se recuerda como el gran error de la arqueología urbana. En 2004, se levantó el costoso Túnel de los Omeyas para salvar una almunia califal en la Ronda Oeste, que sigue enterrada y olvidada. Frente a esos fracasos, Córdoba también supo integrar: los mausoleos de Puerta de Gallegos, el teatro romano del Arqueológico o la muralla del Marrubial en plena reurbanización. Avances y retrocesos que explican por qué cada zanja se convierte en dilema colectivo.

Restos arqueológicos en Gran Capitán

Restos arqueológicos en Gran CapitánArchivo Municipal de Córdoba

La actualidad confirma que esta situación es permanente. El Alcázar de los Reyes Cristianos, uno de los monumentos más visitados de la ciudad, permanecerá cerrado hasta noviembre porque las obras de rehabilitación han sacado a la luz elementos de valor que requieren estudio. Un informe de la Oficina de Arqueología y de la Oficina del Casco Histórico de la Gerencia Municipal de Urbanismo atribuye a «circunstancias sobrevenidas» la necesidad de ampliar plazos y limitar las visitas, aunque los jardines seguirán abiertos al público. Una muestra más de que en Córdoba cualquier intervención en edificios históricos implica gestionar hallazgos hasta cierto punto imprevistos.

Entre los técnicos se repite la idea de que Córdoba sigue teniendo un problema con la prevención y la transparencia. Varios arquitectos recuerdan que se disponen de tecnologías como el georradar, «asequibles y fáciles de aplicar», que habrían permitido anticipar lo que había en la zona de la Ronda Norte donde ya existían antecedentes. La falta de información clara hacia la ciudadanía agrava el problema: «hay incomprensión social porque se desconoce el valor real de los hallazgos y se percibe que la arqueología solo frena proyectos». Además, apuntan, las mayores controversias no suelen darse en promociones privadas, sino en las grandes infraestructuras públicas, donde el coste político y económico es más alto.

Los ingenieros de caminos añaden una perspectiva llamativa: Córdoba es, aseguran, la ciudad andaluza donde más se «teme» la arqueología a la hora de invertir. Cada obra se percibe con la incertidumbre de lo que pueda aparecer y de cómo se gestionará. Aun así, defienden que es posible avanzar respetando la historia, y recuerdan que en los últimos años se ha conservado patrimonio de enorme valor gracias a un esfuerzo que ha recaído tanto en promotores privados como en administraciones. En el caso de la Ronda Norte ven en la elevación de la cota la opción más equilibrada: se conserva el enclave, se mantiene el trazado y se evitan sobrecostes derivados de rescindir contratos o relanzar la licitación.

Los promotores, en cambio, denuncian una «sobreprotección» que acaba hipotecando el futuro. A su juicio, Córdoba ha cometido errores que siguen pesando: el túnel de Los Omeyas levantado para salvar una almunia nunca visitada, o el aparcamiento del Gran Capitán, cancelado y sepultado bajo tierra, cuando -argumentan- se podría haber hecho como en Málaga, donde los restos aparecidos se integraron en un parking que hoy da servicio al centro. «Tan dañina es la sobreprotección como la no protección», sostienen, convencidos de que no todo lo que aflora tiene valor suficiente para condicionar la modernidad de la ciudad. De lo contrario, dicen, la arqueología acaba decidiendo más que la voluntad expresada en las urnas.

Planificación y consensos

En este cruce de visiones, el catedrático Desiderio Vaquerizo aporta perspectiva. Recuerda que Córdoba lleva cuarenta años atrapada en el mismo debate y que no puede improvisar cada vez que surge un hallazgo. Reclama planificación, consensos y mecanismos estables: un servicio municipal de arqueólogos de oficio, compensaciones justas para quienes pierdan suelo, un fondo común nutrido por cánones de promotores que financie excavaciones programadas. Reconoce que no todo se puede conservar, pero insiste en evitar soluciones absurdas como enterrar restos en lugares inaccesibles: «La arqueología bien gestionada no es un problema, sino una oportunidad de empleo, conocimiento y orgullo cívico».

El caso de la Ronda Norte concentra todas las contradicciones: un hallazgo único que obliga a repensar el trazado de una vía clave; una sociedad dividida entre quienes ven un freno y aquellos que ven una oportunidad; una administración llamada a decidir entre costes y legado. Córdoba vuelve a enfrentarse a sí misma, a su condición de ciudad que siempre crece sobre otra. El reto es lograr que este nuevo capítulo no acabe, como tantas veces, en la paradoja de proteger para olvidar.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas