Las lágrimas de Macarena
Ganar un Mundial aleja a los españoles «del odio y del mal rollo»
Macarena Gómez
Macarena Gómez aparece pintándose una bandera española en la cara y le pregunta a su compañero de asiento que si le queda bien. «El amarillo no mucho» dice él. Para la gente del teatro es un color de mal fario. Ella sonríe ante la observación . La actriz se está grabando un vídeo en Instagram y parece que viaja en tren, con lo cual corre el riesgo de no llegar para ver la final a tiempo.
Tras la breve sonrisa Macarena se lleva la mano a la cara y trata de ocultar unas lágrimas que comienzan a empañarle los ojos. «¿Por qué lloras, Macarena?», le pregunta el compañero. «Lloro de la emoción de ver jugar a España en la final y de que por fin todos los españoles pueden estar unidos por algo y olvidarse de tanto mal rollo y tanto odio», dice Macarena, conteniendo un poco el acento cordobés que le asalta durante la confesión.
Plaza de las Tendilla, ayer tras la final
Para una actriz española supone un riesgo manifestarse abiertamente española. O para un actor, aunque Bardem presuma de españolidad en los palcos VIP de los estadios americanos, algo que huele más a marketing que a sentimiento sincero. En la farándula no se lleva el ser español porque eso es cosa de fachas. Y los fachas acaban quedándose sin curro en eso del artisteo. Macarena, quizá por cordobesa y por mujer, o por ambas cosas precisamente, sí se ha atrevido a ser un verso suelto dentro del totalitario pensamiento y discurso único del gremio. No se posicionó en el tema palestino, por ejemplo, cuando todas la focas andaban pacarta en mano. Hoy se nos pinta unas banderas españolas en la cara y llora de la emoción que es en realidad liberación dentro de su sector. Quizá no somos conscientes de la diferencia entre comer y no hacerlo - y la presión que ello supone- cuando no puedes pensar y decir libremente.
Españoles celebrando el Mundial
El futbol y un campeonato del mundo suponen una tregua, una excusa temporal para mostrarnos sencillamente españoles, que no es poca cosa. También lo hacen quienes están bajo sospecha : cojen una bandera rojigualda y salen exultantes a la calle a celebrar el título y a gritar España.
Ayer en Ciudad Jardín los nuevos españoles, los españoles recientes, los llegados de lejos, eran de aquí. Lo son en realidad, y el fútbol, como a Macarena, les ha dado el permiso de corear España y salir a festejar algo más que un título del mundo. Lo hace el marroquí de la tienda de fundas para móviles, que lleva una bandera encima de la espalda mientras espera a sus compadres para ver el partido. Lo viven con absoluta franqueza y felicidad los hispanoamericanos - colombianos, peruanos, ecuatorianos, nicaragüenses, hondureños- que caminan felices hacia la Plaza de las Tendillas para celebrar la victoria. No están ahí los argentinos, claro.
Un comerciante de Ciudad Jardín apoyando a España
En este barrio cordobés caleidoscópico y caluroso, donde los políticos no vienen a grabarse vídeos porque no hay suficiente glamour para ellos, los llamados latinos ayer fueron legión rojigualda cantando el gol de Ferrán desde las terrazas y botando en las calles tras el pitido final. Y los subsaharianos. Y las ucranianas.
El respeto, de verdad
La alegría fue sincera y espontánea a pesar de la contaminación dirigida y expandida, ese 'mal rollo' del que se lamenta la actriz cordobesa. Si en su gremio se impone el pensamiento único para que nadie se mueva de la foto progre, en las redes y en otras orillas que creemos más decentes hay que soportar comentarios de grandes patriotas que preferían una victoria argentina antes que Lamine Yamal compartiera con sus compareños el triunfo. ¿El pecado de este chaval de 19 años? Tuvo la osadía de publicar una foto encomendándose a Alá antes del encuentro. Qué cosas. Lo cual debería hacernos reflexionar ante determinados postulados y ejercicios públicos - y publicados- de ligereza moral. Y el que esté libre de polarización, que tire la primera piedra.
Un ídolo, aunque a algunos no les guste
Porque el fútbol nacional ayer unió a los nuevos españoles con los de antes y además fue pegamento de lo que generalmente separa la información deportiva de clubes. No hace falta ir muy lejos para encontrar ejemplos de cómo, en general ,se trata a determinados equipos, a sus aficiones, a los títulos que ganan o a su política de fichajes. Ahí España se nos rompe tanto como se jodió el Perú. Y se impone una virtud que no es tal, solo forofismo prepotente, para después dar lecciones de patriotismo. Pontificar sobre España, la nación y eso, tras las dosis diarias de veneno informativo señalando a otros españoles por culpa del club al que prefieren y minusvalorando a sus peloteros y sus títulos logrados.
Celebrando un título mundial
Ese periodismo vitriólico y sus consecuencias ayer también se superaron. Todos, pero todos, fuimos un mismo equipo, un sentimiento, una idea, una posibilidad incluso de futuro. Estuvimos unidos por algo, en Las Tendillas y en toda España. Nos olvidamos de tanto mal rollo y tanto odio. Normal que Macarena Gómez, esa grandísima actriz, se emocionara.