Dolores Castro Ruiz 'Dora la Cordobesita'

Dolores Castro Ruiz 'Dora la Cordobesita'

El portalón de San Lorenzo

Recordando a Dora la Cordobesita

Cuando el Salón San Lorenzo estaba aún en pleno apogeo, antes de su conversión en cine, Dolores, ya Dora, consiguió su sueño y pudo actuar en él

El Salón San Lorenzo, del cual hablaremos después, era un sencillo local de espectáculos situado en la calle Arroyo de San Lorenzo. En principio, una ubicación muy alejada de los grandes centros artísticos y de diversión en la ciudad de Córdoba. Pero a pesar de estos orígenes tan modestos, adquirió una fama casi nacional cuando allí comenzó a actuar una desconocida joven, Dolores Castro Ruiz (1901-1965) que respondía al nombre artístico de Dora la Cordobesita.

A pesar de que se suele situar su nacimiento en los populares barrios de San Lorenzo o de San Agustín, en realidad Dolores vino al mundo en la casa número 4 de la calle Valderrama, en el barrio de Santiago. Fue el día 21 de mayo del 1901, siendo bautizada el 12 de junio en la parroquia de dicho barrio por don Francisco Molina y Real.

Era hija natural de José Castro Aguilar y Carmen Ruiz Martínez, y durante sus primeros años fue cambiando de domicilio cada vez que lo hacía la familia de su abuela Francisca Martínez Romero (1860-1944), una esforzada viuda de las de entonces que se quedó sola al frente de sus seis hijos con sólo 45 años.

Un periplo por Córdoba

En el continuo discurrir de esta familia por los barrios de Córdoba la madre de Dora (Dolores), Carmen Ruiz Martínez (1882-1963), había nacido en la calle Alfonso XII, número 51, perteneciente a la parroquia de la Magdalena donde fue bautizada, al igual que su hermano mayor, Rafael. De aquí la familia se mudó a la calle Especieros, a la casa número 5, en la que nacerían los otros hermanos de la madre. A partir de 1899 consta por los registros que la abuela Francisca Martínez Romero vivía con sus hijos Rafael, Carmen (futura madre de Dora), Enrique, Ángel, Josefa y Matilde, e iban de casa en casa. Así los tenemos residiendo en las calles de la Plata, Marqués del Boíl, Realejo, San Francisco y San Lorenzo. Finalmente, llegarían todos a San Agustín en 1910.

Como se ve, Carmen vivía entonces con su madre y sus hermanos, si bien en 1901 aparece fugazmente para dar a luz a una niña llamada Dolores en la citada calle Valderrama número 4. En 1908 la familia, aún bajo la égida de la abuela, vive en San Lorenzo, pero Dolores y su madre Carmen, sin embargo, viven aparte en el Realejo número 72. Carmen volverá a San Agustín con sus hermanos y su madre, pero su hija Dolores, que apenas tiene los 14 años, vivirá en la calle Muñoz Capilla número 14 con Antonio Cabrera Díaz, su mentor, «su padre», como diría ella. Allí estuvo viviendo hasta que en 1922 se pudo comprar una casa en la calle Torre de San Hipólito número 10, de donde salió en 1927 para casarse con el torero sevillano Manuel Jiménez Moreno ‘Chicuelo’ (1902-1967).

Este Chicuelo había debutado como novillero con caballos en la plaza de toros de los Tejares el 24 de abril de 1917, alternando con Juan Luis de la Rosa y Bernardo González con toros de José Manuel García. Tomaría la alternativa el día 28 de septiembre de 1919 lidiando el toro Vidriero en la Maestranza de Sevilla de manos de Juan Belmonte, siendo testigo Manuel Belmonte. Confirmó la alternativa en la plaza de las Ventas de Madrid el día 18 de junio de 1929, alternando con Juan Belmonte, Rafael ‘El Gallo’ y Fortuna con toros de Veragua, en una tarde de éxito para él en la que salió por la puerta grande. También quedó para la historia que Chicuelo dio la alternativa nada menos que a un joven llamado Manuel Rodríguez Sánchez ‘Manolete' el 2 de junio de 1939, en la plaza de la Maestranza de Sevilla.

Dora la Cordobesita

Dora la Cordobesita

Volviendo al periplo interminable de casa en casa de la familia liderada por la ejemplar abuela materna de Dora, es curioso que cuando vivieron en San Lorenzo lo hiciesen en la casa número 144, la misma en la que nació el padre del célebre guitarrista cordobés José Antonio Rodríguez. Además, el hermano mayor de la madre de Dora, su tío Rafael, fue picapedrero del Ayuntamiento y trabajó en la cuadrilla del célebre ‘Pabilo’ Antonio Zamorano Jurado (1873-1933), padre de la famosa saetera La Talegona y de su hermano Manuel Zamorano Ruiz, picapedrero también que fue el encargado de enchinar la Cuesta del Bailío y la plaza de la Lagunilla. El arte se mezclaba con esta familia por todos los sitios.

En el barrio de San Agustín

Afortunadamente, en el barrio de San Agustín la familia materna de Dora encontró por fin su asiento después de tanto trasiego, aunque ella viviese un poco aparte en la calle Muñoz Capilla. Uno de sus tíos, Ángel, montó en la plaza de San Agustín un bar que con el tiempo se llamaría Bar Andaluz, que entre 1949 y 1954 fue regentado por Manuel Jiménez Torres (1923-1985), más conocido como Manolo el de las Quinielas porque al tocarle en una de ellas un gran premio de 490.000 pesetas abandonó este bar de San Agustín y se quedó con el traspaso de la histórica taberna de Casa Armenta en la plaza de San Lorenzo esquina Roelas, que pasaría desde entonces a llamarse Casa Manolo, tirado por la piqueta hace ya unas décadas. Al final de los años 60 del Bar Andaluz se hicieron cargo las dos hermanas Carriles, hijas del famoso piconero del mismo apodo, .que igualmente llegaron a vender en San Agustín junto a sus dos hermanos varones, pescado, fruta y todo lo que se terció. Hoy, como Casa Manolo, de este bar de San Agustín sólo queda el recuerdo y un local abandonado en deplorable estado.

Desde muy joven la niña Dolores, la futura Dora la Cordobesita, quiso actuar en el Salón San Lorenzo del cual daremos ahora una pincelada. Este local estaba situado en el Arroyo de San Lorenzo, justo enfrente de lo que fue la simpática escuela Miga de Carmelita. Sin tener la importancia de la Escuela Obrera de la que fue director don Eloy Vaquero Cantillo ‘Zapatones’, ubicada en la misma calle, sí podemos decir de esta modesta escuela que por ella pasaron muchos críos que aún no tenían la edad escolar. En 1950 se pagaba por la miga una gorda diaria, y todavía se recuerdan las dos higueras que tenía la casa en el patio. En el portal, el hermano de Carmelita tenía una piquera para vender vino, puesto que era el representante y probador de las Bodegas López Sánchez del Campo de la Merced, ubicadas en donde luego llegó a estar el ambulatorio de Colón. No se puede decir que no aprovecharan bien la casa.

El Salón San Lorenzo fue inaugurado para su explotación comercial por el conocido empresario Antonio Cabrera Díaz, madrileño de nacimiento, pero que se quedó en Córdoba como uno más. Su exitosa carrera empresarial ligada al mundo del espectáculo empezó en nuestra ciudad con el singular trabajo de «explicar las películas» del cine mudo que se proyectaban en el viejo Teatro Circo, remodelado en profundidad en 1924 y transformado en el Teatro Duque de Rivas.

Llega el éxito

A partir de 1942 los dueños de aquel inmueble del Salón San Lorenzo lo convirtieron en un simple cine de verano que recibió el nombre de Cine San Lorenzo, y así duraría casi una década. En 1950 el amplio solar se dividió en naves, y en él se instalaron empresas como Talleres Camacho y Serrano y Talleres Varo, además de un par de talleres de fundición de bronce y reparaciones. Finalmente, a principios de los años 80 todo el solar lo convirtieron en un moderno edificio de pisos. Era curioso que los que tenían el taller de fundición de bronce, al ser muy forofos del Atlético de Aviación, como se denominaba entonces al Atlético de Madrid, tuvieron la santa paciencia de coger a cuatro o cinco ratones que convivían con ellos en el taller y les asignaron un número y el color de la camiseta de distintos jugadores de su equipo.

Cuando el Salón estaba aún en pleno apogeo y funcionamiento, antes de su conversión en cine, Dolores, ya Dora, consiguió su sueño y pudo actuar en él. Lo hizo con la copla ‘Cruz de Mayo Cordobesa’, y ni ella misma podía sospechar el éxito que conseguiría. La enorme sensación que despertó aquella desconocida «joven de San Agustín» traspasó nuestra ciudad, y su historia artística quedaría encauzada para siempre.

En la cima, llegó a contar hasta con un chófer particular, Juan Ramón Ruiz Moreno (1902-1993), lo de El Pellejero, era un apodo heredado de su padre al que llamaban así por haber trabajado en la fábrica de aceites de Benito Lozano que, como todas las de este tipo, usaban entonces envases de pellejo para transportar el aceite. Juan Ramón nació en la calle Valencia número 1, estudió en la Escuela Obrera situada al principio en la calle Santa Marta número 6 y que luego se trasladaría en 1920 a su ubicación comentada en el Arroyo de San Lorenzo. Al ejercer de joven el oficio de mecánico era una garantía como chófer de la cantante, porque para éstos era casi igual de importante la buena conducción que el saber arreglar las numerosas averías. Posteriormente, Juan Ramón ‘El Pellejero’ montaría un bar en la calle Dormitorio. Se ve que los bares regentados por conocidos y la calle Arroyo de San Lorenzo eran una constante en la vida de Dora.

Conoce a Chicuelo

En plena ola de éxitos, Dora la Cordobesita conoció al famoso torero Chicuelo, de saga taurina, y fue un flechazo. Formalizaron su noviazgo en la Feria del Corpus de Granada de 1924 y se casarían tres años después, el 10 de noviembre de 1927, en la iglesia de San Jacinto, bajo la Virgen de los Dolores, de la cual ella era muy devota. Las crónicas cuentan que Dora "lucía un elegante traje de seda blanco a media pierna, velo largo de Chantilly, con adornos de azahar, medias y zapatos a juego, (...) todo este conjunto realzaba su belleza” y que «Chicuelo vestía traje negro, sombrero de ala ancha y camisa de pechera encanutada con botonadura de oro, completada con pedrería».

Fue madrina la madre de torero y padrino el empresario Antonio Cabrera Díaz. El banquete de la boda se dio en casa de Dora, donde acudieron numerosos invitados, mayoritariamente cordobeses, de parte de la novia, y sevillanos, de parte del novio. A partir de ese momento fijaron su residencia en la capital sevillana en la popular Alameda de Hércules, en un chalet junto al que fuera de Joselito ‘El Gallo’. En 2019 se levantaría un monumento al torero en dicha Alameda recordándolo.

Dora deja el espectáculo

Pero el enlace tendría una derivada más: Dora se retiraba de los escenarios «para atender sus menesteres familiares». Pasaba a ser de nuevo Dolores. Nunca más volvió a un escenario, a pesar de las tentadoras ofertas que recibió. Se dedicó a criar a sus seis hijos, dos de los cuales, Rafael y Manuel, siguieron la tradición torera de su padre. Un séptimo hijo murió al poco de nacer.

Dolores Castro Ruiz, ‘Dora la Cordobesita, murió el 25 de abril de 1965, estando enterrada en el panteón familiar de los Chicuelos en el cementerio sevillano de San Fernando. Su marido moriría el 31 de octubre de 1967. Se había retirado de los ruedos el 17 de noviembre de 1951.

En la prensa, Dora la Cordobesita fue frecuentemente mencionada como la «Emperatriz de las Gitanas», como en aquel telegrama que publicó la prensa de Córdoba sobre su actuación en un Festival Benéfico que se iba a celebrar en el Gran Teatro a beneficio de los huérfanos del Cuerpo de Correos y que dice así:

«Cuenten conmigo beneficio huérfanos, deseo sean mis paisanos los primeros vean mi trabajo después de mi éxito en Madrid, esperando llenen todas las localidades, por tratarse de tan hermosa obra benéfica. Llego exprés día 11. Saludos. Dora Cordobesita».

El torero y la artista poco antes de la boda

El torero y la artista poco antes de la boda

Conocimos el chalet de Chicuelo y Dora

Aquél domingo 25 de noviembre de 1961, las aguas del Arroyo Tamarguillo desbordado habían hecho su aparición en la Alameda de Hércules, la plaza del Duque, la Campana, San Pablo, Puerta de Carmona y en la Puerta de la Carne... El corazón de Sevilla era de agua, y así llegaba a todas partes cortando los caminos.

Nosotros tuvimos la oportunidad de conocer la residencia chalet de Dora la Cordobesita en aquellos días de 1961 en los que se producen las citadas inundaciones de este arroyo Tamarguillo. En la Universidad Laboral de Sevilla, en donde nos encontrábamos, el salesiano padre don Antonio Sardón, director del Colegio Bartolomé Esteban Murillo, nos pidió que formásemos un grupo de alumnos y que fuésemos en apoyo de aquellos a los que sus casas se les habían inundado. Se formaron varios grupos de alumnos voluntarios. Nuestro grupo estuvo formado por Santos Villatoro, de Cádiz; Enrique Fernández, de Huelva; Ángel López y Martínez Nogueras, de Sevilla; Leonardo Aguilar y el que esto escribe, de Córdoba, tocándonos a los seis acudir a la Alameda de Hércules, una de las zonas más afectadas por aquella inundación. Fue en aquel viaje, como decía antes, donde nos comentan y señalan el espléndido chalet donde vivía la popular Dora la Cordobesita, y que popularmente se conocía como la casa de Joselito ‘El Gallo’.

La Alameda de Hércules inundada en noviembre de 1961

La Alameda de Hércules inundada en noviembre de 1961

La falsedad de la prensa y Dora la Cordobesita

Esta pareja de novios de Dora y Chicuelo tuvieron que desmentir en repetidas ocasiones el morbo que se inventaba la prensa con lo de que habían roto sus relaciones. Esta foto que publicamos fue para desmentir dicho ruptura.

Y una forma de mentir o de no decir la verdad es la crónica que dan la mayoría de los periódicos de ‘Hoja del Lunes’ de toda España (ella debió de morir en domingo), de que Dora la Cordobesita se casó con el torero Chicuelo en la iglesia de San Lorenzo de Sevilla y ante la imagen de Jesús del Gran Poder. Una mentira totalmente falta de rigor, pero que a lo mejor la prensa que pone en marcha esa noticia, le falta poco para mencionar a la Torre del Oro, cómo lugar en donde se celebró el convite, por un sevillanismo enfermizo, algo parecido a lo que parece ser le pasa a Canal Sur en el tema deportivo con el Sevilla y el Betis, dando la impresión de que ambos equipos son los que pagan el presupuesto de deportes de la citada televisión andaluza.

También cometen un error en el número de hijos que tuvo el matrimonio, e incluso en la edad en que esta cordobesa muere. Total un cero para la información de prensa.

Como se puede apreciar, en estas simples notas de prensa no aciertan ni dónde se casó ni en el número de hijos. Que aún se diga hoy que nació en San Agustín, aparte de comprensible, es lo de menos teniendo en cuenta la cantidad de errores de las páginas donde se cuenta su vida. Quede aquí este artículo como reflejo de los datos verificados de una forma tan simple como cotejar y repasar padrones y partidas.

Y como reflexión final, miedo me da que la llamada Inteligencia Artificial, que al final se nutre de agrupar todo lo publicado, termine creando una realidad errónea porque nadie se moleste en verificar y un error se copie de otro error anterior. Y si esto de Dora la Cordobesita es algo meramente local, qué decir de otros temas más peliagudos. Al final quedará como «verdad» oficializada que en España «todos corrieron delante de los grises» (menuda cantera de atletas, ni los etíopes), que «en el franquismo estaba prohibido bailar» (según la hija de Ónega, miembro destacado de la Guardia de Franco) que la Alemania del Muro era «democrática», o que la Unión Soviética era «el paraíso de los trabajadores», según nos contaba su propaganda incluso durante la Transición. Si no se cortan en tergiversar ante nuestros ojos lo que nosotros mismos hemos vivido, ¿en qué no serán capaces de mentirnos? (o «cambiar de opinión», como dice el presidente Sánchez).

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