José Gálvez

José GálvezSamira Ouf

José Gálvez, presidente de la Asociación de Fotógrafos de Córdoba (Afoco)

«Antes un fotógrafo llevaba un carrete de treinta y seis fotos y ya sabía qué iba a hacer con ellas»

Afoco está de celebración. La Asociación de Fotógrafos de Córdoba ha cumplido 45 años y su presidente, José Gálvez, rememora nombres, imágenes y momentos que ilustran la historia de esta ciudad

Como ha pasado el 28 de Febrero institucional, a los políticos sobrevenidos en lingüistas ya no les interesará el perfecto acento cordobés de José Gálvez (Córdoba, 1949) que pluraliza maravillosamente con vocales abiertas y emplea palabras autóctonas como 'perol' que son un gusto para otro interlocutor local y también de cierta edad. Las hablas se actualizan, se adaptan a las modas y las épocas y casi se pierden determinadas formas expresivas como ocurre con otras cosas: los revelados fotográficos, por ejemplo.

Porque es la fotografía el arte o disciplina que nos ha traído hasta la sede de Afoco, en Ciudad Jardín, para hablar en cordobés nativo con su presidente. Cumplen en la asociación 45 años y han sido testigos y notarios de muchos cambios no solo en las técnicas fotográficas sino en la propia ciudad. Mantienen tan alto el listón como al comienzo, en febrero de 1981, pero no solo por la sana ambición de colocar la fotografía cordobesa entre los grandes nombres y las mejores salas expositivas, sino por el amor a la cámara y su objetivo, aquel por donde han recogido la historia contemporánea de una Córdoba inmortal. Y en ello siguen.

José Gávez

José GálvezSamira Ouf

- Parece que la tradición fotográfica en Córdoba se remonta casi hasta los propios orígenes de la fotografía.

-Sí, claro. La fotografía se considera que nace en 1836, cuando se presenta en París y el gobierno francés libera la patente para todo el mundo de manera gratuita. Y en 1842, es decir, apenas seis años después, ya había fotógrafos aquí: un daguerrotipista en Córdoba. Fue algo inmediato. Yo no sé cómo se propagó tan rápido en aquella época, porque prácticamente un año después, en 1837, ya había fotógrafos en Sudamérica. Fíjate lo que suponía pasar de un continente a otro entonces, con viajes en barco que podían durar semanas o meses. Y, sin embargo, la fotografía se extendió enseguida por todas partes.

- Hay un daguerrotipo perdido de la Torre de la Catedral al que se le va a rendir un tributo precisamente este año, ¿no?

-Sí. Ese daguerrotipo de J. Albors lo conocemos por una especie de octavilla que apareció en un semanario de la época que se llamaba La Voz de Córdoba. Ese documento apareció en un sótano de Radio Córdoba, cuando la emisora estaba en la calle Alfonso XIII, al lado del Círculo. Lo encontró un historiador de Sevilla, Miguel Ángel Polo, que estaba investigando sobre la fotografía cordobesa.

Dentro de aquel semanario encontró un anuncio en el que se decía, más o menos, que «el famoso autografista J. Albors, alumno de Daguerre», ofrecía a su distinguida clientela la posibilidad de hacerse un daguerrotipo por una determinada cantidad de vellón, que era la moneda de la época.

Sabemos, por tanto, que existió ese daguerrotipo de la Torre de la Catedral, pero nunca se ha llegado a encontrar. Aun así, este año se quiere rendir homenaje a ese primer testimonio de la fotografía en Córdoba.

- Están de cumpleaños, son cuarenta y cinco años. Pero no se entendería en cualquier caso Afoco sin el trabajo de las generaciones anteriores a la creación de la asociación, de grandes nombres de la fotografía cordobesa.

- Por supuesto. Sobre todo los que yo conocí, aunque hay fotógrafos más antiguos, claro, de finales del siglo XIX y principios del XX. El más famoso en Córdoba fue Montilla, que tenía su estudio en la calle Cruz Conde. Pero luego había estudios fotográficos por toda la ciudad, donde la mujer tenía entonces un papel de ayudante del padre o del marido. Por eso era habitual ver nombres como «Nogueras e hijos», «viuda de Nogueras» o «hijo de Nogueras».

La mujer ayudaba, aprendía el oficio y con el tiempo llegó incluso a regentar establecimientos por sí misma. Hubo fotógrafas importantes, y Antonio González hizo un trabajo muy relevante sobre las mujeres fotógrafas.

José Gálvez

José GálvezSamira Ouf

En mi caso, los que yo conocí por edad fueron Paco Linares, Juan Vacas, Jiménez, Arenas, Framar o Ladis. Todos ellos formaban parte de la generación que precedió a la nuestra.

-Pero, sin embargo, la fotografía era un modo de ganarse la vida en aquella Córdoba, incluso antes de esos nombres. Lo digo porque mi abuelo fue uno de ellos y tuvo también su estudio. ¿Cómo eran aquellos fotógrafos?

- Eran fotógrafos de verdad. Conocían toda la física y la química de la fotografía, algo que hoy prácticamente ya no conoce nadie. Cogían una cámara de aquella época, que era de placas, y sabían desmontarla y montarla. Sabían lo que era un diafragma, una velocidad, y dominaban todos los aspectos técnicos.

Pero además se preparaban sus propios líquidos para el revelado. Compraban los productos químicos y ellos mismos hacían las mezclas. Eso yo ya no lo conocí. Cuando yo empecé, ya existían botes preparados que se compraban en tiendas como Linares o Jiménez, con los que preparabas las bandejas para revelar las fotografías en blanco y negro.

Ellos, sin embargo, conocían perfectamente la química. Cuando querían conseguir una tonalidad determinada, utilizaban un producto u otro porque sabían cómo combinaba con los demás y qué efecto producía. Ese conocimiento hoy prácticamente se ha perdido.

- Han recordado grandes nombres de la fotografía como Juan Vacas o Ladis. Esa generación inmediatamente anterior a la creación de Afoco, también se movía no solo en el costumbrismo, sino en un incipiente fotoperiodismo que aún no se entendía como tal, ¿no?

. Por supuesto. Ten en cuenta que Ladis y Ricardo fueron fotógrafos que trabajaban para los periódicos de la época y eran prácticamente los únicos que hacían las fotografías del día a día que luego se publicaban. La historia de Córdoba está en gran medida guardada en el Archivo Municipal gracias a las imágenes de Ricardo y de Ladis, que eran quienes estaban trabajando entonces.

Hacían fotografías de todo tipo, pero el documentalismo de la época es esencial. Para mí la fotografía tiene dos grandes vertientes. Una es la documental, que se ocupa de la antropología y de la historia de las cosas; y otra es la artística, donde hay fotógrafos que expresan con la imagen cosas increíbles, efectos que hoy incluso recuerdan a lo que se consigue con la inteligencia artificial, pero que ellos realizaban de manera completamente manual.

Esas son las dos vertientes: el documentalismo y la expresión artística. Y aquellos fotógrafos se ocuparon de documentar la historia de la ciudad día a día. Trabajaban para los periódicos y dejaron un archivo enorme. De memoria no sé la cifra exacta, pero creo que en el Archivo Municipal de Córdoba hay alrededor de doscientas mil fotografías.

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José GálvezSamira Ouf

- ¿Cómo nace en un inspector la afición por la fotografía? ¿O fue antes de ser policía nacional?

- No, ya era policía. (Ríe). Nace al tener que entrar en el gabinete de Policía Científica. Estuve poco tiempo, unos dos años, pero allí teníamos que saber de dactiloscopia, balística, medicina forense… y también de fotografía. Había que fotografiar huellas in situ. Por ejemplo, una huella en un escaparate tras un robo había que documentarla con una cámara especial. El mejor objetivo que había entonces era el Micro-Nikkor de 55 milímetros, que te permitía acercarte a milímetros de la huella y captar las crestas papilares con una precisión extraordinaria.

En el gabinete hacíamos ese tipo de fotografías y también otras que ya me gustaban menos, como las de las autopsias. Cuando aparecía una persona fallecida, acudía el forense, el juez, y nosotros teníamos que documentarlo todo con fotografías. Luego revelábamos el material y lo incorporábamos al procedimiento.

En ese tiempo cayó en mis manos un librito sobre fotografía en color. Todo lo que yo había visto hasta entonces era blanco y negro. Y coincidió que yo estaba en un grupo —agárrate— de parapsicología. Éramos cuatro: dos constructores y dos policías. Llegamos a ser miembros de la Sociedad Española de Parapsicología. Allí estaba Jiménez del Oso y otra gente muy conocida de la época. Yo hacía fotos en blanco y negro, pero empecé a interesarme por el color. En aquella época se vendían carretes en color, pero había que enviarlos a Sevilla o Madrid para revelarlos; aquí nadie lo hacía en casa. Un día, dentro de ese grupo, alguien me lanzó una apuesta: «Te invito a una comida en El Caballo Rojo si eres capaz de hacer una foto en color y enseñármela el mismo día». Lo normal era hacer la foto, mandar el carrete y recibir las copias una semana después.

Pero yo, por lo que había leído en el libro, pensé que sí se podía hacer. Y lo hice. En un día. Este amigo cogió un periódico para que apareciera en la foto y se viera que era de ese mismo momento, que no era algo que yo ya tuviera preparado. Gané la apuesta.

Y a partir de ahí la fotografía empezó a interesarme muchísimo. Sí había hecho fotos antes, pero eran las típicas fotos familiares, cuando mi padre decía: «Niño, coge la cámara y haznos una foto». Eso sería por 1965 o 1966. Aquella fue la primera fotografía que hice en mi vida.

José Gálvez, durante la entrevista

José Gálvez, durante la entrevistaSamira Ouf

- Más que parapsicología, hoy puede parecer casi ciencia ficción que haya lectores que se enteren de que para sacar la copia de una fotografía en color había que esperar varios días, y de eso en realidad no hace tanto tiempo.

- Sí, te estoy hablando de los años setenta, que no hace tanto tiempo. Entonces muchos establecimientos de Córdoba vivían precisamente de eso. Por ejemplo, Pepe Jiménez me decía: «Si me quitan los revelados, me hunden», porque eran cientos de carretes todos los días y aquello dejaba bastante dinero. En Linares pasaba lo mismo y en otras tiendas de fotografía que había en Córdoba.

El proceso era así: tú hacías las fotos, enviabas el carrete y tenías que esperar una semana para recibir las copias. Y lo peor es que, cuando hacías la fotografía, no sabías realmente qué habías hecho. Por eso tenías que ser fotógrafo de verdad, como decía antes, y dominar bien la técnica. Con el blanco y negro todavía podías revelar tú mismo el carrete y ver el resultado, hacer las copias y comprobar qué había salido. Pero con el color, tanto en negativo como en diapositiva, había que esperar a que volviera el revelado.

Yo podía hacer un retrato y no saber si la cara había salido movida hasta que llegaba la copia. Y lo peor era cuando alguien viajaba. No era lo habitual, pero quien podía ir, por ejemplo, a ver las pirámides de Egipto en los años setenta, hacía varios carretes y luego no sabía realmente qué había fotografiado hasta que volvía y recibía el revelado. Y claro, si algo había salido mal, no podías volver a las pirámides para repetir la foto.

- No se entendería Afoco sin el contexto histórico y cultural de la Córdoba de los primeros años ochenta.

. Sí. En aquella época la fotografía no se valoraba ni siquiera como documento. En los periódicos entraba simplemente como un complemento del artículo, no tenía un valor propio. Eso empieza a cambiar ya a finales de los años ochenta y en los noventa, cuando, después de la llegada de la democracia, la fotografía empieza a adquirir un papel protagonista por sí misma.

Pero antes no era así. Imagínate lo que era entonces hablar de fotografía artística: aquí prácticamente no existía. ¿Quién iba a vender una fotografía? Nadie. Por eso la mayoría de los fotógrafos tenían que vivir de lo que entonces se llamaba la «BBC», es decir, bodas, bautizos y comuniones.

- Por eso entiendo que tiene aún más valor crear en 1981 una asociación como esta, ¿no?

- Se había intentado antes. De hecho, el día en que por fin pudimos reunirnos en el salón del Monte de Piedad, cada uno recordaba que ya lo habíamos intentado el 23-F, pero aquel día nos echaron a todos de la calle. Aun así, llegamos a reunirnos cerca de doscientas personas para constituir Afoco.

Por eso siempre celebramos el 23-F como el día del nacimiento de Afoco.

- Menuda fecha. Qué casualidad.

-Sí. Fíjate que estábamos en la puerta y dentro de aquel salón había cerca de doscientas personas que querían constituir Afoco. Entre ellas había cinco o seis inspectores de policía, igual que yo, que también eran aficionados a la fotografía y querían apuntarse.

De pronto llegó la policía y nos dijeron: «¿Qué hacéis aquí? Fuera todo el mundo». Y nosotros preguntábamos qué había pasado. Entonces nos dijeron que había habido un golpe de Estado. Aquello fue sobre las seis y media de la tarde, porque el golpe había sido, creo recordar, a las 18:22. Nos echaron y no pudimos constituir la asociación.

Tuvimos que esperar unos días para hacerlo formalmente, pero para nosotros ese fue el día en que nació Afoco. Antes prácticamente no había nada. Según contaban Juan Vacas y Pepe Jiménez, en su época ya se había intentado crear algo parecido. Llegaron a reunirse durante un tiempo, quince o veinte personas, quizá un mes, pero aquello no terminó de funcionar.

José Gálvez

José GálvezSamira Ouf

- La fotografía en aquella época, además, sería un hobby caro. No todo el mundo tenía acceso a la fotografía como aficionado.

- Claro, era muy caro. Si querías ver el resultado de tus fotos tenías que hacer copias, y eso costaba dinero. También el carrete. Por eso, cuando hablo de los fotógrafos de verdad, no lo digo para desprestigiar a los de ahora, ni mucho menos; que nadie lo malinterprete. Lo digo porque entonces el fotógrafo llevaba un carrete de treinta y seis fotos y en la cabeza ya sabía qué iba a hacer con cada una de ellas.

Esa situación hoy no se da. Ahora puedes tener una tarjeta con la que haces tres mil fotos, y si una no sale bien, la repites en el momento. Antes no. Tenías que volver al sitio días después, si es que podías volver.

Esa diferencia te obligaba a pensar mucho la fotografía antes de hacerla, a preparar el encuadre, la luz, todo. Había gente que se apuntaba a la Escuela de Artes y Oficios o a Afoco, donde se organizaban continuamente cursillos de aprendizaje. Aprendíamos muchísimo unos de otros. Pero tenías que ir preparado, porque solo llevabas treinta y seis fotos.

- Con los años Afoco ha encontrado apoyo, sobre todo por parte del Ayuntamiento, pero en aquellos primeros tiempos supongo que a muchos les sonaría casi a cosa de marcianos. Incluso plantear una exposición debía de parecer algo rarísimo, como antes comentaba.

- Sí, fíjate que hay una anécdota que lo explica muy bien. Los primeros que nos ayudaron fueron el Ayuntamiento y Cajasur. Allí estaban don Miguel Castillejo y don Luis Palacios, que era jefe de la Obra Cultural. Como eran amigos de mi padre, fui un poco recomendado.

Me preguntaban: «¿Y esto qué es Afoco? ¿Para qué sirve?». Y yo les explicaba que no se trataba solo de salir al campo de perol y hacer una foto, que pretendíamos otras cosas, como hacer una colección de fotografías o incluso publicar algún libro.

Entonces se me ocurrió hacer una maqueta de un libro, pero una maqueta física: pegando fotos en las páginas. La llevé a la Obra Cultural y don Luis Palacios la miró una vez, la volvió a mirar y la revisó otra vez. A la tercera le dije: «Don Luis, le gusta mucho, ¿no?, porque está usted repitiendo». Y me respondió: «No, es que no encuentro las letras por ningún sitio». Él no entendía un libro solo de fotografías; pensaba que las fotos tenían que acompañar a los textos, a los artículos.

Luego nos han pasado otras cosas increíbles. Recuerdo tener un atranque con un director del Diario Córdoba porque en una bienal publicaron fotografías y, por la maquetación de la página, las que eran verticales las colocaban en horizontal y ni siquiera ponían el nombre del autor. Yo siempre le decía: «Mira, igual que no se quita tu nombre de tu noticia, debe salir la firma de mi foto».

Fue una lucha poco a poco, intentando que se entendiera la fotografía y que se respetara el trabajo del fotógrafo. Con el tiempo Afoco se fue asentando y empezaron a vernos de otra manera. Llegaron las exposiciones, los libros y todo lo que vino después.

- Musicalmente, en los años ochenta la ciudad se contagia de alguna manera de la famosa movida. Pero Afoco ya estaba ahí como dinamizador cultural incluso antes que la música.

- Claro. Nosotros ya habíamos conocido a Ouka Lele y a otros fotógrafos de Madrid. Lo que queríamos era, de alguna manera, traer a Córdoba la movida fotográfica que estaba surgiendo allí.

A partir de ahí empiezan a aparecer fotógrafos muy jóvenes que comienzan a hacer cosas muy parecidas a lo que estaba haciendo, por ejemplo, Alberto García-Alix en Madrid. Ese tipo de influencias se transmitía muy rápido. Aunque hayan pasado muchos años, lo cierto es que las ideas y las referencias sobre lo que se estaba haciendo en otros sitios llegaban enseguida y las asumíamos muy rápido.

Otra cosa distinta era convencer a las instituciones de Córdoba de que aquí también podíamos hacer ese tipo de cosas. Eso fue mucho más lento. Muy lento. Hubo que demostrar poco a poco que la fotografía podía tener también un papel cultural importante en la ciudad. Luego ya llegaron los reconocimientos, pero el proceso fue largo.

José Gálvez

José GálvezSamira Ouf

- Pero la ciudad también se ha beneficiado del trabajo de Afoco. Lo digo por la Fototeca de Córdoba.

- Por supuesto. Desde el principio tuvimos muy claro ese objetivo, también gracias a la influencia de Publio López Mondéjar, uno de los grandes historiadores de la fotografía en España, que había publicado varios libros sobre el tema. Nosotros tomamos esa idea y la aplicamos aquí.

No podía ser que se organizara un concurso de fotografía, se premiaran unas imágenes y luego esas fotos acabaran en la casa de un concejal o metidas en un armario. Eso era algo bastante habitual entonces, porque nadie las valoraba demasiado. El concejal de Cultura se llevaba las fotos a su casa y, si le gustaba alguna, se la quedaba.

Desde el principio decidimos que las fotografías premiadas debían conservarse. Así se hizo desde el primer Premio Mezquita, y hoy se conservan 517 fotografías procedentes de esos premios, que hasta ahora han sido veinticinco. El próximo será ya el número veintiséis.

Esa colección se ha ido ampliando con imágenes procedentes de otros proyectos. Por ejemplo, en su momento la Posada del Potro llegó a ser una de las tres salas más importantes de Europa para la fotografía contemporánea. Por allí pasaron grandes fotógrafos europeos y americanos, y muchas veces se compraba una obra o el propio autor donaba una fotografía.

Con todo ese material hoy puede haber unas 1.500 fotografías contemporáneas. Es una fototeca muy importante, a la que además se van a sumar las mil fotografías que yo he donado al Ayuntamiento. En total serán unas 2.500 fotografías, con nombres consagrados y autores de primer nivel.

- 1983 es el año en el que se crea el Premio Mezquita y 1985 el de la Bienal, que se han venido celebrando desde entonces. ¿Qué han supuesto para la asociación y, sobre todo, qué han supuesto tanto el premio como la Bienal para la ciudad de Córdoba?

- Sobre todo han supuesto el reconocimiento por parte del resto de las instituciones. Recuerdo una anécdota muy significativa. Un día estaba tomando una cerveza en un bar de la Avenida del Aeropuerto y apareció José Cosano, que era director de la Real Academia. Venía con un académico y entraron en el bar. Y cuando me presentó no dijo que yo fuera el presidente de una asociación fotográfica, sino el presidente de una institución cultural.

Aquello me dejó un poco desconcertado, pero me di cuenta inmediatamente de que Afoco estaba entrando ya en el ámbito de las instituciones culturales de la ciudad. Ya no éramos solo un club de aficionados que se juntaban para hacer fotos o ir de perol; éramos una institución que trabajaba por la cultura de Córdoba, en este caso a través de la fotografía.

Luego llegaron otros reconocimientos. Antes ya habíamos recibido la Bandera de Andalucía y la Medalla de la Junta de Andalucía en el ámbito cultural en Córdoba, además de otros reconocimientos dentro de la Confederación Española de Fotografía. También está la Medalla de Oro de la ciudad, que impulsó Rosa Aguilar.

Y hay otro hito importante: Juan Vacas fue el primer fotógrafo que entró en la Real Academia. Eso también hay que tenerlo muy en cuenta, porque cuando nació la Academia la fotografía todavía no existía como disciplina artística reconocida. Le costó entrar, pero finalmente lo hizo, y hasta hoy han sido seis fotógrafos los que han formado parte de ella. Ahora mismo, si no recuerdo mal, hay cuatro vivos y dos fallecidos, que son Juan Vacas y Manuel Sáez.

Que haya cuatro fotógrafos en la Academia significa que la fotografía ya se reconoce dentro de las artes plásticas y dentro del ámbito cultural de la ciudad. Pero todo eso ha costado muchísimo. Son cuarenta y cinco años de trabajo.

-Hay una revolución en la fotografía, como en casi todo, que es lo digital. Hoy la fotografía está al alcance de la mano en un teléfono móvil. ¿Qué ha supuesto eso, no tanto para la asociación como para la propia fotografía?

- Ha traído cosas buenas y cosas malas. Lo bueno es que hoy existe un fondo fotográfico enorme en el mundo. Se hacen más de doscientos millones de fotografías al día, es una barbaridad. Y además está la inmediatez.

Hay fotógrafos de guerra especializados, como Manu Bravo, que cuando vino a Córdoba me contaba que él estaba en una trinchera haciendo fotografías con su cámara, pero un soldado sacaba el móvil y la imagen llegaba antes. Él tenía que ir luego al hotel, redactar, enviar la foto… y todo eso por cincuenta euros. Se jugaba la vida por cincuenta euros.

El móvil ha traído esa inmediatez. Una persona puede estar en un balcón y grabar lo que está pasando en la calle y enviarlo al instante. Eso antes, con la fotografía tradicional, no se podía hacer.

Pero también tiene una parte negativa. A veces dejamos de usar una cámara fotográfica, que te da mucha más calidad y además te obliga a conocer mejor lo que es la fotografía: cómo se hace, para qué sirve. El móvil, en cambio, es algo casi documental, haces la foto y la mandas al momento a un amigo o a la familia.

Y hay otro problema: se va a perder mucho material. Lo digo por experiencia personal. A mí me mandan todos los días muchas fotos de mi nieta. Las que me parecen interesantes las guardo, pero muchas se pierden. Cambias de teléfono, borras archivos, se pierden carpetas… Al final creemos que lo estamos guardando todo, pero no es verdad. Vamos borrando y se pierden muchas cosas.

Con los negativos o las diapositivas eso no pasaba. Aquello quedaba guardado y no se perdía nada.

Pepe Gálvez, en el archivo de la sede de Afoco

Pepe Gálvez, en el archivo de la sede de AfocoSamira Ouf

- Catorce años como presidente. Fundador, además, de Afoco. ¿Cuál es el relevo?

- Esa es la pregunta que yo mismo me hago en cada asamblea y que siempre planteo. Yo ya no quiero seguir como presidente. Seguiré colaborando con la junta directiva mientras pueda, pero no al frente de la asociación. Tiene que haber otras personas con otras ideas, que aporten aire fresco a Afoco y que impulsen nuevas iniciativas.

Yo, por ejemplo, todo lo que tiene que ver con inteligencia artificial, fotografía con móvil y nuevas tecnologías lo conozco mucho menos que la fotografía de mi época. Hace falta alguien más joven que esté dentro de esa dinámica.

Pero de momento no aparece ese relevo. Además, ahora mismo los responsables de Afoco tienen todos más de sesenta años. Eso también es un problema que tendremos que resolver.

-Se ha hablado de la generación previa a la creación de Afoco y de algunos nombres de aquella época. ¿Hay una nueva generación de fotógrafos en Córdoba? ¿Hay también nombres propios?

- Sí, claro que la hay. No voy a decir nombres porque siempre se me va a olvidar alguno, pero sí hay una renovación generacional. Nosotros somos ya la tercera generación, y ahora la cuarta está ahí.

Hay muchos fotógrafos jóvenes. Hace poco estuve en una exposición de Semana Santa en la Diputación y allí conocí a varios. Y muy buenos, muy buenos.

Eso sí, para mí tienen, entre comillas, un pequeño defecto: conocen menos la técnica fotográfica. Pero la están aprendiendo. Saben que para ser fotógrafo hay que conocer lo que es un diafragma, una velocidad, cómo funciona realmente una cámara, aunque hoy el móvil o las cámaras modernas hagan casi todo en automático.

Algunos de los socios de Afoco, celebrando los 45 años

Algunos de los socios de Afoco, celebrando los 45 añosSamira Ouf

Ellos mismos son conscientes de que tienen que profundizar en esa parte técnica. Y lo están haciendo. Esa es la mejora que tienen que seguir trabajando.

- ¿Cuál ha sido la mejor fotografía que ha pasado por esta sala?

- Bueno, quizá para mí la fotografía más importante sea la que está considerada la más reproducida de la historia de la fotografía, la del Che Guevara. Esa la tengo en mi colección porque me la donó el propio fotógrafo, Alberto Díaz «Korda», que estuvo en mi casa. Me regaló esa fotografía y también una caja de puros de los que fumaba Fidel.

Korda fue uno de los fotógrafos de la revolución cubana, uno de los tres que acompañaban a Fidel. Fidel lo nombró después director del Centro de Submarinismo Oceanográfico, con un sueldo que en aquella época era de dos mil pesetas al mes. Recuerdo que cuando vino a Córdoba, una cena en el hotel donde estaba hospedado costaba prácticamente lo mismo que él ganaba en un mes en Cuba.

Esa fotografía le tengo un cariño especial, también porque murió pocos años después y me la dedicó personalmente. Además, no es la imagen que todo el mundo conoce. Normalmente vemos solo el retrato vertical del rostro del Che, pero la fotografía original es horizontal: aparece el Che en el centro, con otro personaje a la izquierda y una especie de palmera a la derecha. Ese es el encuadre original de la imagen.

Yo le tengo mucho aprecio, porque es la fotografía más reproducida de la historia. De hecho, cuando Korda vino me pidió que estuviera atento a los sitios donde apareciera la imagen y que se lo contara, porque él llevaba un registro de dónde se utilizaba.

Pepe Gálvez, visto por Samira Ouf

Pepe Gálvez, visto por Samira Ouf

La había visto en estadios de fútbol, cuando despliegan grandes pancartas con la cara del Che. Pero el sitio más extraño donde la he visto fue aquí, en Córdoba, en el cinturón de esparto de un nazareno.

Era una cofradía de silencio. Pasó el primer nazareno con su cirio, rezando el rosario, y me fijé en que llevaba en el cinturón una chapa con la cara del Che. Luego pasó otro… y otro… hasta cinco nazarenos con la misma chapa.

Ese ha sido el lugar más raro donde he visto la imagen del Che Guevara: en el cinturón de esparto de un nazareno de una cofradía de silencio.

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