El boogaloo conquista el Ambigú
Tito Ramírez y Los Verdaderos Reales firman en Córdoba una noche estupenda llena de sabor tropical, swing y música eterna
Tito Ramírez
No es la primera vez que Tito Ramírez y su conjunto visitan Córdoba y el Ambigú de la Axerquía. Ya lo hicieron en junio de 2023, pero en la terraza, como en verano corresponde. En esta ocasión, el interior del recinto adquirió un aire más espeso y canalla, ambientado con un calor húmedo de sudor humano, aunque falto de humo por mor de la ley antitabaco, si bien los fumadores acudieron desde el exterior en tromba —y se colocaron junto al escenario por la cara— al escuchar los primeros compases de la intro con la que Los Verdaderos Reales comienzan a calentar motores para recibir a «su excelentísima perversidad», apelativo ceremonial del vocalista, alter ego del granadino Pedro Poyatos, y parte de ese acertado ejercicio de marketing que rodea a este cantante y a la banda: desde el antifaz rojo hasta la propuesta musical que ejercen con veteranía sobre el escenario.
Porque uno de los reclamos que Tito Ramírez y su música poseen es, ante todo, la estética: desde la cartelería tipo retro —trataré de no usar la palabra ‘vintage’— hasta ese aire noir y misterioso que define de un solo vistazo a parte de la década de los 50 y, sobre todo, a los años 60 y 70 del siglo pasado.
El estilo queda marcado por ritmos hispanos que no pierden ( a pesar de lo supuestamente sofisticados que nos hemos vuelto todos) el compás de los tiempos actuales: el mambo, el cha cha chá, la cumbia, el latin swing y, sobre todo, el boogaloo, esa imbatible mezcla de soul americano y ritmos afrocubanos. La multiculturalidad tiene más años que el hilo negro, aunque ahora los adanistas subvencionados la ensalcen como el nuevo Edén. Nuestros abuelos, incluso con Franco, ya la bailaban.
Tito Ramírez ha venido a Córdoba en la gira que presenta su nuevo larga duración Sonido conquistador, publicado a finales de febrero por su propio sello Discos Antifaz & Volcán Música, el más ‘latino’ hasta la fecha, precedido de un debut que ofreció soul y rock con The Kink of Mambo (2019), grabado en glorioso monoaural, y El Prince (2023), guiño a la psicodelia de los 60 y donde encontramos ese pelotazo titulado Yadda-Haddabadoo que, por supuesto, cayó anoche en la recta final del bolo.
El público, conquistado por Tito Ramírez y su banda
En el repertorio, Santitos y diablitos, Qué será, qué será, Mambo 666, Man wizz a plan, La bellaquera y otro tema carne de single que es Cachito de cachopo, entre otros, en el que brilla Lonely Man, el tema que fue una pieza clave en el nacimiento del personaje artístico de Tito Ramírez y en la construcción del pequeño mito que rodeó al proyecto en sus primeros años. Apareció originalmente en un single en vinilo acompañado por El solitario, su versión en español.
Tito Ramírez y Los Verdaderos Reales, en el Ambigú Axerquía de Córdoba (14 de marzo 2026)
Sobre el escenario, seis músicos para los metales (trompeta y saxofón), percusión, batería, teclados y la guitarra, que, junto con las maracas, son las armas que emplea el misterioso enmascarado Ramírez. Pérez Prado, Herb Alpert & the Tijuana Brass, Manhattan Transfer, James Brown, Esquivel, El Dúo Dinámico, Bruno Lomas, los discos Fundador, Torremolinos, El Cordobés… todo eso cabe en una propuesta estética y musical que puso anoche a bailar a un público entre curioso y entregado. Casi nadie menor de 30 años: grupos de solo-chicas, representantes del hipterismo local viejuno, funcionarios solitarios, músicos cordobeses, gente con ganas de comerse la noche del sábado. El menú fue generoso, con bises largos para botar y bailar de parte de un Tito Ramírez y sus Verdaderos Reales volcados con el público.
Preparados para el bolo.
Sostiene el antropólogo y periodista Iñaki Domínguez que, en el ámbito cultural y frente al desencanto que se vive en la actualidad, se produce una reacción que busca otra realidad mejor «alejada del presente, distorsionada, idealizada, filtrada». Puede ser. Pero lo que anoche se vivió en el Ambigú fue un fiestón de fin de semana con músicos excelentes y ritmos de verdad. Deliciosamente analógico y retro (que no vintage).