Jesús Daniel Alonso Porras
Jesús Daniel Alonso Porras, vicario general de la diócesis de Córdoba y profesor
«En ningún edificio del mundo es posible ver nueve estilos artísticos de una sola mirada»
Jesús Daniel Alonso profundiza en ‘Oriens in Hispania’ en las raíces cristianas orientales presentes en la mezquita fundacional de Córdoba
La antigua mezquita de Córdoba sigue siendo, siglos después, un legado abierto a la interpretación histórica, artística y arqueológica. Sobre esa idea pivota Oriens in Hispania, el libro que el sacerdote, historiador y especialista en patrimonio cultural Jesús Daniel Alonso presentará el próximo martes y en el que profundiza en las influencias del Oriente cristiano en la génesis de la mezquita fundacional cordobesa.
Natural de Córdoba (1964), Alonso desarrolló durante más de una década su labor docente como profesor de Geografía e Historia en institutos públicos antes de ingresar en el Seminario Conciliar San Pelagio. Ordenado sacerdote en 2009, amplió posteriormente su formación en Roma, donde cursó estudios de Bienes Culturales de la Iglesia en la Pontificia Universidad Gregoriana y completó formación especializada en el Archivo Secreto Vaticano y en el Pontificio Instituto de Arqueología Cristiana. Su investigación doctoral, defendida en 2019 en la propia Gregoriana, abordó precisamente las conexiones entre la arquitectura cristiana oriental y la mezquita aljama de Córdoba.
Actualmente ejerce como vicario general de la Diócesis de Córdoba, dirige el Secretariado de Patrimonio Cultural, es canónigo archivero-bibliotecario adjunto de la Catedral y profesor del Instituto Teológico San Pelagio. En esta entrevista reflexiona sobre la evolución histórica de la Mezquita-Catedral, la convivencia de estilos artísticos y las raíces culturales y religiosas que explican uno de los edificios más singulares del mundo.
Jesús Daniel Alonso Porras
- El libro que presenta este martes, Oriens in Hispania ¿aporta una mirada no realizada hasta ahora?
- Digamos que ha sido una mirada prevista, que ya había sido intuida, que había sido planteada, pero quizás lo que faltaba era un estudio más sistemático. Y creo que de eso trata este libro: de un estudio sistemático, no completo, por supuesto, todavía parcial, que deja muchas preguntas abiertas, pero que supone una profundización en unas intuiciones previas, que son las que me han guiado a mí, evidentemente.
- ¿Cómo llega hasta ese planteamiento, hasta ese estudio ? Porque la obra parte de una tesis.
- En principio, por el amor al edificio. Una cosa que, de alguna manera, me ha marcado desde pequeñito —y creo que a todos los cordobeses nos ha pasado un poco— es este edificio, nuestra Catedral, como ese crisol de culturas, como ese edificio abrumadoramente hermoso que nos recibe y que nos impulsa a la admiración.Y eso es una experiencia de infancia.
Pero claro, ahí no entra una investigación científica. Quien marcó esa investigación o quien la indujo fue don Manuel Nieto Cumplido, canónigo archivero de la Catedral, el hombre que seguramente mejor ha conocido este edificio y con el que tuve la suerte de trabajar algunos años en el archivo de la Catedral. Fue a él precisamente a quien yo le pregunté a qué dedicaba mi tesis doctoral. Y fue él quien me dijo que indagara por ese camino.
- ¿Qué relación existe entre la primera basílica paleocristiana y la mezquita fundacional, que es uno de los ejes principales de estudio de su tesis?
- En el fondo es una certeza que yo creo que podemos tener todos, y es que el único que crea de la nada es Dios. Es decir, toda cultura, todo estilo artístico, bebe de unos precedentes. Eso no significa que el arte que se sirve de otro arte sea inferior; al contrario. Lo que va demostrando es que es capaz de asimilar los logros, las tendencias o los aciertos de otros estilos artísticos. Es algo común, porque también el cristianismo se basó en el arte clásico. Eso es una cosa evidente.
Sí es cierto que cuando uno contempla la antigua mezquita de Córdoba puede resultar difícil encontrar ahí una basílica, pero ciertamente nosotros podríamos decir que se trata de una adaptación por parte del islam, como una nueva forma de culto, de lo que precedentemente se había hecho y que, para los musulmanes es el arte paleocristiano y bizantino.
Jesús Daniel Alonso
- De hecho, eso ya está avalado arqueológicamente. Los últimos estudios apuntan a ello.
- Sí. Se habla más bien del episcopium. La basílica, en principio, todavía no ha sido encontrada, aunque sí ha sido identificada, a raíz de las excavaciones de don Félix Hernández en los años 30 del siglo pasado y de los estudios que luego nuestros arqueólogos y la Universidad de Córdoba, con Alberto León, han hecho. Realmente se puede identificar seguramente el lugar de culto.
Pero una cosa es que haya un edificio cristiano —del que no sabemos bien cómo era, porque solamente se ha excavado una parte y la mezquita se construye encima— y otra cosa es que los arquitectos que trabajan para Abderramán I estén tomando unos modelos que encuentran en otros edificios. Especialmente, y eso yo creo que es una de las aportaciones del libro, de esas basílicas de muchas naves que existen en el norte de África.
No es el típico modelo de basílica que nosotros entendemos como Santa María la Mayor, San Pedro del Vaticano o San Pablo Extramuros, de tres o cinco naves, sino que estamos hablando de unas basílicas que no tienen ese sentido direccional tan claro, sino que son mucho más difusas, porque tienen hasta nueve naves. Ese es el modelo que encuentran los musulmanes cuando conquistan el norte de África y ese es el modelo que luego van a aplicar a sus mezquitas.
- ¿Este trabajo empieza a gestarse antes de que usted pase por Roma o, de alguna manera, desde allí se trae la idea?
- Yo estuve en Roma en dos ocasiones. Primero para estudiar la licenciatura en Bienes Culturales de la Iglesia, en la Universidad Gregoriana, y ahí ya tuve que hacer un trabajo fin de carrera, que es la tesina que dediqué precisamente a este tema, como una aproximación. Y luego, la tesis, en definitiva, ha sido cuando volví por segunda vez, ya enviado por el obispo, donde me atrevo a hacer el doctorado. Ahí ya fue directamente trabajar en el tema que había planteado desde el principio, sin contar esos precedentes personales que me vinculan siempre al edificio desde pequeñito.
- Además tuvo la oportunidad de trabajar en el archivo.
- Sí, porque en la Iglesia siempre se busca que cada uno ponga en juego su capacidad o sus estudios. Y el hecho de que yo hubiera estudiado Historia fue lo que movió a don Demetrio —por indicación de don Manuel Nieto Cumplido precisamente— a que fuera a estudiar a Roma y también a trabajar y estudiar en el Archivo Secreto y en el Pontificio Instituto de Arqueología Cristiana. Un poco para perfeccionar mis estudios civiles, pero ya de una forma más específica. Y entre una y otra etapa en Roma, tuve la oportunidad de trabajar con don Manuel en el archivo.
- Como ya se ha señalado, el libro parte de una tesis doctoral, pero ¿ha tratado de darle algún carácter más divulgativo o no necesariamente?
- He pretendido desde el principio que se trate de un libro científico, no de una obra de divulgación. Eso hace que quizá a alguna persona le pueda resultar un poquito árido, porque tiene muchas citas a pie de página, y las citas suelen entorpecer mucho la lectura. Son 1.770 en total. Entonces, claro, constantemente hay que parar si uno quiere profundizar en lo que está leyendo, en la bibliografía o en lo que yo pueda indicar. Pero, realmente, creo que se deja leer. Y luego pienso que una cosa muy importante que le ha ocurrido a este libro, gracias a Dios, es que ha caído en manos de Antonio Cuesta, el editor de Almuzara, que realmente le ha dado un atractivo que de otra manera resultaría más complicado.
Antonio ha trabajado muy bien, con mucha elegancia, con mucho cuidado y, sobre todo, buscando unas imágenes preciosas, que yo no había puesto en mi tesis porque la mayoría eran de dominio público. Él las ha ido buscando, adquiriendolas, y al final ha resultado un libro bonito. Y también por la misma apariencia de la portada. La verdad es que ha hecho un trabajo precioso.
- Volvamos a esa conexión entre Oriente y Córdoba como eje principal de la obra, además con un aspecto que me da la impresión de que quizá ha sido menos tratado: la influencia helenística.
- Sí, es otra de las tesis de don Manuel Nieto Cumplido y que se basa en grandes historiadores que ya habían planteado el asunto. Pero es verdad que eran más bien indicios, intuiciones de historiadores que reconocían en la antigua mezquita de Córdoba elementos claramente provenientes de ese pasado cristiano oriental.
Sí es cierto que no identificaban precedentes concretos o no acababan de desarrollar esas líneas. Entonces sí existía realmente, como digo, esa intuición y esa propuesta, pero creo que en este libro queda más especificada.
Jesús Daniel Alonso, durante la entrevista
- Debe resultar fascinante que, siglos más tarde, este templo, este edificio, siga ‘hablándole’ a los hombres.
- Y no va a dejar de hacerlo. Es un edificio que habla realmente y que va a seguir haciéndolo por muchas razones. Porque hay cosas que son evidentes, como su tamaño: es un edificio inabarcable. Luego, además, está esa evolución única de la historia del arte en un solo edificio.
Yo me atrevo a decir que existen muy pocos edificios así, y creo que ninguno como este. Pienso que en ningún edificio es posible ver en una sola mirada nueve estilos artísticos, con una trayectoria de más de 1.800 años, de techo a suelo. Eso no pasa en ningún edificio del mundo. Yo siempre reto a los visitantes a que me digan otro edificio donde ocurra y, de momento, nadie me ha dicho ninguno. Creo que solo pasa en este edificio.
Además, tenemos que añadir que se siguen haciendo estudios. El mío es un trabajo más bibliográfico, pero se están realizando constantemente estudios arqueológicos. Cuando se tiene que restaurar algo, se hace una investigación previa y estamos casi constantemente descubriendo verdaderas joyitas que van apareciendo del más mínimo análisis. La mezquita catedral es un edificio que todavía guarda en realidad mucho más de lo que ha dicho.
- Algunos se empeñan en poner el acento en estilos que, según sostienen, no se han respetado. Pero lo mismo que el edificio sigue hablándole a los hombres, los distintos estilos siguen conviviendo entre ellos con máximo respeto. Eso también parece que es un ejemplo único en el mundo.
- Sí, es algo muy frecuente porque a veces olvidamos la capacidad que tenían nuestros antiguos de reciclar. En realidad el reciclaje lo inventaron ellos. Cuando uno contempla la mezquita fundacional descubre con claridad que es un ejemplo de reciclaje, de reaprovechamiento de piezas más antiguas: romanas, visigodas, etcétera. Eso es evidente.
Pero lo que no podemos olvidar es que lo que ha ocurrido en este templo es su dinámica. No se trata de una construcción que los musulmanes levantan y dejan quieta, y luego llega el cristianismo y la transforma. Es una obra que va creciendo permanentemente, que se va desarrollando constantemente, como una persona. Es un espacio vivo, no una momia.
Hay monumentos magníficos en la historia de la arquitectura que actualmente son verdaderas momias, que se conservan por su valor, pero que realmente han dejado de servir para lo que eran. Se me ocurren las pirámides de Egipto, por ejemplo. Ya no hay ningún faraón enterrado dentro, ya no son enterramientos. Se mantienen por su valor intrínseco.
No significa que el arte que se sirve de otro arte sea inferior; al contrario. Lo que va demostrando es que es capaz de asimilar los logros, las tendencias o los aciertos de otros estilos artísticos.
Pero en este caso, la construcción islámica va creciendo: la mezquita de Abderramán I sobre el episcopium, con elementos de spolia, de reaprovechamiento. Luego llega Abderramán II y destruye el muro de la quibla de Abderramán I para construir el suyo. Después llega Alhakén II y destruye el muro de la quibla de Abderramán II. Y Abderramán III había destruido previamente el alminar de Hisham I. Y luego una cosa muy patente son las portadas de Alhakén II que se conservan en el muro oriental y que fueron destruidas por Almanzor para conectar su ampliación con la antigua mezquita.
Forma parte de la historia del templo esa transformación que a veces tiene tintes dramáticos. Destruir unas portadas califales magníficas, recién hechas, porque apenas tendrían veinte años de vida, para poder ampliar la mezquita, tiene su parte de dolor, pero también su parte de gloria, que la convierte en una construcción grandiosa.
Pues esa misma dinámica es la que utiliza el cristianismo, además a lo largo de las distintas etapas, por lo menos hasta el siglo XIX. Ahora ya se centra mucho más en la conservación que en la creación de cosas nuevas.
- Su primera vocación, o quizá respuesta, fue la docencia. ¿Cuánto del profesor encontramos en esta obra?
- Ser profesor es muy vocacional, y gracias a Dios, sigo siendo profesor. Tengo la suerte —son esos regalos que nos hace el Señor— de seguir dando clase, en este caso en el seminario. Clases de Arqueología y Arte Cristiano y de Historia.
Es realmente algo que marca. Yo, además, soy de una estirpe de profesores. Mi bisabuelo era maestro, mi abuelo también, mi padre, mi hermana, mis tíos. Somos como una estirpe del magisterio y creo que eso casi se lleva en la sangre. También existe ese deseo de comunicar lo que uno va aprendiendo, porque realmente todos somos aprendices, y no quedárnoslo para nosotros solo. Es una actitud muy del profesor, pero también es muy propia del que publica un libro.
Jesus Daniel Alonso
- Ha destacado el trabajo de Antonio Cuesta en concreto, de la editorial Almuzara, pero entiendo que debe ser un lujo que una tesis se publique desde una firma cordobesa.
- Sí. Es verdad que al principio no sabíamos bien cómo publicar, pero al final hemos ido a lo seguro. Sabíamos que iba a resultar un libro bien cuidado.
Además, siendo una editorial cordobesa y tratándose de un tema tan ligado a Córdoba... Aunque hablemos del Oriente cristiano, la protagonista del libro es evidentemente la antigua mezquita de Córdoba. Entonces sí, yo creo que es una buena simbiosis
-¿Es cierto que a veces encontrar un título adecuado es más difícil que desarrollar una tesis?
-Pues sí. No tanto tiempo, pero sí es verdad que estuve más de un año hasta que encontré el nombre adecuado. Porque el de la tesis es mucho más científico y, digamos, poco comercial. Una formulación de cuatro o cinco líneas, con palabras en árabe y cosas así, resulta seguramente poco atractiva.
Entonces se trataba de crear uno que, primero, identificara el libro, que en definitiva es de lo que se trata. Y segundo, que tuviera esas referencias, ese aroma de ese Oriente del que tanto se habla en este edificio, pero vinculado sobre todo al Oriente islámico.
Y lo que pretendemos demostrar es que ese Oriente islámico ha nacido de un Oriente cristiano, que a su vez ha nacido de un Oriente pagano, en relación con la Persia sasánida. Es una concepción de crisol, que es el Mediterráneo, que es el mundo antiguo, en el cual Oriente tiene tanto poder y tanta fuerza, pero que en definitiva alcanza su florecimiento en este edificio.